Steve Reeves fue el actor más taquillero del mundo pero no gracias a su talento interpretativo

Arnold Schwarzenegger, Lou Ferrigno, Dwayne Johnson o Dave Bautista no fueron precursores, sino los que cogieron el testigo de una moda que se impuso en Hollywood desde los años 50. Les hablo de la tendencia de recurrir a los reyes del fisicoculturismo profesional como medio para encontrar a los grandes héroes de la gran pantalla. La industria vivió una época de esplendor pectoral gracias al fenómeno del cine de ‘espadas y sandalias’ entre los 50 y 60. Y si bien la memoria colectiva del mundo suele tener más presente clásicos como Ben-Hur o Los diez mandamientos, hubo otros bombazos que reventaron la taquilla como fueron las películas de Hércules.

Y ahí estaba un actor que alcanzó la cima consagrándose como el más taquillero en 25 países. Se trata de Steve Reeves, un intérprete comprometido con su trabajo, entrenado entre los más grandes pero cuyo talento siempre quedó a la sombra de sus músculos de acero.

El fisicoculturista americano y actor Steve Reeves (1926 - 2000) como Hércules en 'Hércules desencadenado', dirigida por Pietro Francisci, 1959. (Photo by Silver Screen Collection/Getty Images)
El fisicoculturista americano y actor Steve Reeves (1926 - 2000) como Hércules en 'Hércules desencadenado', dirigida por Pietro Francisci, 1959. (Photo by Silver Screen Collection/Getty Images)

El cine péplum vivió su época dorada entre 1958 y 1965 -para ser sustituido por el spaghetti western- con éxitos inolvidables como Cleopatra, Espartaco y las mencionadas Ben-Hur o Los diez mandamientos-. Y si bien en la actualidad son los primeros títulos que recordamos al pensar en el género, entre ellas hubo una serie de películas que arrasaron por el mundo y estaban protagonizadas por Steve Reeves, siendo Hércules (1957) la primera de todas.

Este actor nacido el 21 de enero de 1926 en Montana, EE.UU., llegó hasta el proyecto en Italia después de que la hija del director Pietro Francisci lo viera luciendo físico con un papel secundario en la película Athena de Richard Thorpe (1954). El papel del héroe de la mitología griega suponía su primer trabajo como protagonista tras varios años apareciendo en producciones sin crédito, y con apenas dos largometrajes en su haber donde había tenido algo de diálogo.

Y es que Steve Reeves le limitaba su apariencia física. Había desarrollado su pasión por el fisicoculturismo desde la adolescencia y al regresar de servir en Filipinas durante la Segunda Guerra Mundial, ganó el título de Mr. América en 1947, Mr. Mundo en 1948 y Mr. Universo en 1948 y 1950 (cuando todavía no existía el premio Mr. Olympia). Fue por aquel entonces cuando le picó el gusanillo por el espectáculo y la actuación tras la sugerencia de un agente que le ofreció clases y un apartamento en Nueva York.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un post de Instagram no disponible por tus preferencias de privacidad

Y Reeves se puso manos a la obra. En lugar de pasearse por castings luciendo sus músculos en busca de exposición rápida, se tomó la meta muy en serio estudiando interpretación con la legendaria Stella Adler en Nueva York, la profesora de Marlon Brando. Tras una discusión con Adler porque se negaba a seguir las estrategias de actor de método, dado que quería aprender a hablar y actuar como protagonista masculino de la gran pantalla, la mujer le pidió que se marchara y le devolvió el dinero. Y así continuó sus estudios en la Escuela Theodora Irvin de Teatro, y comenzó a ponerse a prueba en obras del vodevil. Un cazador de talentos de Cecil B. De Mille lo vio y le ofreció una prueba de cámara para Sansón y Dalila (1949) , lo que derivó en un contrato de siete años con Paramount. Y así dejó Nueva York por el sol de California mudándose a un apartamento cerquita de los estudios porque no tenía coche para moverse.

Curiosamente, Reeves siempre contó que el director le ofreció el papel protagonista a cambio de que perdiera siete kilos de musculatura. Estuvo preparándose durante tres meses, tanto perdiendo peso como haciendo pruebas y almorzando a diario con el mismísimo De Mille, quien al final lo reemplazó con Victor Mature porque debía empezar el rodaje en un mes y él solo había perdido tres kilos.

Con esta dedicación, estudiando arte dramático y preparando su primer papel durante meses, queda reflejado que estamos ante un actor que se tomaba muy en serio su nuevo proyecto profesional. Pero durante los años siguientes solo le ofrecían papeles breves en televisión o esos dos papeles en cine con diálogos breves. Reeves incluso llegó a darse por vencido ampliando su visión profesional a través de la apertura de varios gimnasios. Pero entonces alguien vio en sus músculos al semidios perfecto.

El actor americano Steve Reeves en Hércules desencadenado, escrita y dirigida por Pietro Francisci. (Photo by Lux Film/Sunset Boulevard/Corbis via Getty Images)
El actor americano Steve Reeves en Hércules desencadenado, escrita y dirigida por Pietro Francisci. (Photo by Lux Film/Sunset Boulevard/Corbis via Getty Images)

La llamada llegó desde Italia. Cansado de no encontrar a su Hércules ideal, el director Pietro Francisci le ofreció el billete de avión y un salario de $10.000 para contar la historia de Jason y los argonautas, introduciendo al personaje como protagonista en la trama. La cinta fue tal éxito en Europa que cuando llegó a oídos de EE.UU. el productor Joseph E. Levine se apresuró a comprar los derechos de distribución, pagando nada menos que un millón de dólares y cosechando cinco millones en la taquilla del país en 1959. A pesar de rodar las películas con la voz doblaba más tarde en posproducción, Reeves siguió amasando fortuna y éxito en Italia con una secuela titulada Hércules encadenado (1959) y varias películas más como La batalla de Marathon (1959), El terror de los bárbaros (1959) o Los últimos días en Pompeya (1959) con un salario duplicado.

En todas ellas Steve Reeves lucía pectorales y músculos de acero, siendo el atractivo principal de sus personajes, mientras las películas no destacaban precisamente por tener grandes actuaciones ni los mejores guiones del momento.

Lo cierto es que su talento como actor siempre quedó a la sombra de sus músculos y la exposición física de su figura, con personajes similares a lo largo de su currículo y cintas del mismo género. Y si bien llegó a coronarse como el actor más taquillero en 25 países alrededor del mundo, no pudo desplegar su faceta dramática o talento artístico en todo su esplendor. Aquí lo que brillaba era la moda del péplum y sus pectorales al sol.

Desde la primera Hércules en 1958 su carrera estuvo varios años en ascenso imparable continuando con más producciones italianas como El diablo blanco, El ladrón de Bagdad, El hijo de Spartaco o Los piratas de Malasia, entre otras. Para 1964 su caché había subido a $250.000 por película siendo uno de los dos actores mejor pagados de Europa. La otra persona era Sophia Loren. Incluso se había dado el lujo de rechazar el papel de James Bond antes de que se lo ofrecieran a Sean Connery porque el salario le parecía demasiado bajo. Hasta dijo que no a Por un puñado de dólares (1964) de Sergio Leone porque no confiaba en que los italianos pudieran llevar a buen puerto la adaptación de una película samurái en forma de western. Clint Eastwood se llevó el papel marcando el nacimiento de otra moda cinematográfica.

Su posición en la industria era tan privilegiada que incluso tenía una cláusula por contrato que obligaba a los estudios a colocar su nombre en letras grandes, un 70% del tamaño del título de la película. Ni siquiera permitía que directores o productores pusieran su nombre a la misma altura.

Sin embargo, y a pesar del éxito, Steve Reeves no pudo descubrirnos su faceta más seria o entrenada como actor, sino que su filmografía centrada en el péplum, de narrativa floja, actuaciones que jamás ganarían un premio y la acción a golpe de músculos en primer plano se quedó marcada por esos héroes de gran portento físico. Y cuando estaba en la cima, a los 45 años, decidió echar el cierre. Y por varios motivos.

El principal fue una lesión que sufrió en el hombro durante el rodaje de Los últimos días en Pompeya en 1959. Reeves se dislocó el hombro cuando la carroza que manejaba en una secuencia de acción se estrelló contra un árbol, y volvió a lesionarse durante otra escena de inmersión acuática filmando una escapatoria bajo el agua en llamas. A pesar de los tratamientos y cirugía, nunca terminó de recuperarse. Sin embargo, no solo la lesión lo llevó a la retirada, sino también el stress y la muerte de dos amigos como Errol Flynn y Tyrone Power que le hicieron replantease su vida. “Pensé, si estos tipos se marchan a los 50 y 45, entonces yo quiero tener una buena vida. Quiero hacer exactamente lo que quiero en vida así que me retiro a los 45” dijo en una entrevista para The Perfect Vision Magazine en 1994.

Gracias a haber invertido inteligentemente en la bolsa y sus ganancias como actor, había conseguido una posición económica que le permitía cerrar su camino en la industria del cine. Se compró un rancho de 14 hectáreas a las afueras de San Diego y dedicó el resto de su vida a criar y cabalgar caballos, cosechar aguacates y naranjas. Según compartió a los 68 años, se levantaba a las seis de la madrugada para hacer una caminata intensiva de media hora, levantaba pesas otra media hora y durante nueve meses al año, debido al buen clima, también hacía ejercicios en piscina. Y luego cabalgaba sus animales. “Así que desde las seis hasta las diez, es todo ejercicios, pero de placer […] Antes levantaba más peso y hacía 10 repeticiones por músculo, ahora levantó menos peso pero hago 15 repeticiones. Me mantiene donde quiero estar y no añade stress a mi cuerpo. Me siento bien, me veo bien, estoy en buena forma y no tengo lesiones” compartía.

Steve Reeves (1926 - 2000) posando para una foto con dos fisicoculturistas en un evento del 23 de noviembre de 1990 en Nueva York (Photo by Catherine McGann/Getty Images)
Steve Reeves (1926 - 2000) posando para una foto con dos fisicoculturistas en un evento del 23 de noviembre de 1990 en Nueva York (Photo by Catherine McGann/Getty Images)

Con 16 películas en su haber y tras haber logrado la hazaña de ser de los actores mejor pagados y taquilleros de Europa, Steve Reeves cerró la puerta al cine dejando una filmografía que se lucró más de sus músculos que su talento. Hacía muchas de sus escenas de acción él mismo y se entregó de lleno a su carrera como actor, pero los proyectos que hubieran podido revelar más de su preparación artística nunca llegaron, o no supo aceptarlos a tiempo. Y al final, Steve Reeves pasó a la historia como el gran Hércules del cine, uno de los padres del péplum, pero encasillado hasta el punto que nunca llegamos a saber si escondía a un gran actor bajo su belleza física.

Steve Reeves fue el padrino del movimiento de héroes musculados del cine junto a Gordon Scott y Reg Park y décadas más tardes, Schwarzenegger o Dwayne Johnson. Murió a los 74 años de un coágulo de sangre días después de diagnosticarle linfoma.

Más historias que te pueden interesar: