Libro revelará detalles sobre agentes cubanos que “manejaron” a espía convicta Ana Belén Montes

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El 24 de febrero de 1996, un avión militar cubano derribó dos avionetas civiles de la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescate sobre los Estrechos de la Florida, en espacio aéreo internacional, lo que causó la muerte a cuatro personas. Al día siguiente, Ana Belén Montes, la analista de inteligencia de mayor rango sobre temas militares cubanos y empleada estelar de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos (DIA), fue llamada al Pentágono para brindar apoyo durante la crisis que se suscitó.

Durante días, ella ayudó a elaborar la respuesta estadounidense al derribo de los aviones. Pero todas las noches salía del Pentágono para reunirse en persona con su contacto cubano, “Germán”, para pasar detalles de esos mismos planes al gobierno de la isla. Montes, quien luego fue descubierta y condenada como una espía de Cuba, debe ser liberada en enero del próximo año tras cumplir más de 20 años en una prisión federal.

La historia de “Germán”, un agente cubano encubierto cuyo verdadero nombre es Evelio Guerra Pereda, nunca se había hecho pública hasta ahora y está incluida en el libro Queen of Cuba del agente del FBI retirado Peter Lapp, que se publicará luego de la liberación de Montes.

“No sé si tenía conocimiento avanzado del derribo o no, pero lo que sí sé es que todas las noches se reunía con un oficial ilegal y le contaba lo que estaba haciendo el Pentágono y lo que sabía sobre la respuesta de Estados Unidos”, dijo Lapp, el ex agente especial del FBI que esposó a Montes durante el arresto en su cubículo de la DIA el 21 de septiembre de 2001, hace 21 años este miércoles.

“Todas las noches los cubanos recibían esa información y llegaba a La Habana en un plazo de 24 horas”, agregó.

En Queen of Cuba: The Inside Story on How the Perfect Spy Evaded Detection for 17 Years, bajo contrato con Post Hill Publications y como audiolibro con Blackstone, el ex agente del FBI y su co-escritora, la periodista Kelly Kennedy, revelarán las identidades de varios de los agentes cubanos que “manejaron” a Montes. El libro también arrojará luz sobre cómo el FBI comenzó a sospechar que un “topo” estaba trabajando para Cuba en los niveles más altos del gobierno de los Estados Unidos.

En el momento de su arresto, a Montes le dijeron que información proveniente de oficiales de inteligencia cubanos la comprometía, pero no se sabe mucho más.

Los funcionarios de la administración de Barack Obama también afirmaron que un ex oficial de inteligencia cubano que fue liberado en un intercambio de prisioneros con Cuba en 2014, identificado primero por el Nuevo Herald como Rolando Sarraf Trujillo, proporcionó información que ayudó a atrapar a Montes y otros espías que trabajaban para Cuba, pero no dieron más detalles.

En ese momento, Chris Simmons, un ex analista de la DIA que ayudó a capturar a Montes, le dijo al Herald que Sarraf pasó secretos criptográficos cubanos a la CIA que permitieron a las agencias de inteligencia estadounidenses descifrar las comunicaciones a través de transmisiones de radio de alta frecuencia entre agentes de Cuba en Estados Unidos y sus jefes en La Habana.

“Esa información de la fuente original era de ultrasecreta”, dijo Lapp. “Y creo que puedo contar esa parte de la historia ahora porque ya no creo que esté clasificada”.

Retired FBI special agent Peter Lapp.
Retired FBI special agent Peter Lapp.

Lapp y su socio, el agente especial retirado Stephen A. McCoy, dirigieron la investigación del FBI que concluyó con el arresto de Montes. Lapp también pasó varios meses interrogando a Montes, en sesiones que ahora recuerda como una “tortura” para él por la actitud de ella —“era tan recta, pomposa y narcisista”, recordó— pero que luego sirvieron como base para el libro.

Temiendo una acusación de “traición” que podría ser castigada con la pena de muerte, Montes se declaró culpable y accedió a colaborar con el gobierno de Estados Unidos y pasar información sobre los servicios cubanos de inteligencia, incluidas las identidades de varios de los agentes cubanos que fueron sus contactos para pasar información secreta a La Habana.

Uno de ellos, “Germán” o Evelio Guerra Pereda, era un agente cubano de inteligencia encubierto y Montes le dijo al FBI que era cirujano. Según registros públicos, un cirujano cubano con el mismo nombre se graduó de medicina en 1976—aunque no está claro de cuál universidad— y trabajó en el hospital Comandante Manuel Fajardo de La Habana, donde también era profesor. Casi no tiene presencia en Internet, excepto por un artículo científico del que es coautor y fue publicado en una revista médica cubana en 2010.

Contactado por el Herald por teléfono, Guerra Pereda negó haber conocido a Montes y haber actuado como su contacto.

“Bueno, realmente de eso no tengo la menor idea de lo que está hablando, me entero por Ud. ahora”, respondió calmado desde su casa en La Habana. También negó haber estado en Estados Unidos al momento de los hechos que supuestamente lo vinculan con Montes.

Según el relato de Lapp, inmediatamente después del derribo de las avionetas, “Germán” se presentó en la esquina de Macomb Street y Connecticut Avenue en D.C., un lugar cercano al apartamento de Montes, esperando que ella pasara por ahí e “hiciera contacto visual con él”, un método que según Lapp usaban sus contactos cubanos cuando necesitaban encontrarse con ella inesperadamente.

“Este oficial ilegal básicamente le dijo: ‘Sabemos que vas al Pentágono. Todo lo que aprendas nos va a interesar. Y tenemos que reunirnos todas las noches’”, dijo Lapp. “Todas las noches, ella estaba con su agente ilegal”.

El último de los varios contactos cubanos que tuvo en Estados Unidos a lo largo de los años fue otro agente cubano encubierto que ella conocía como “Ernest”, dijo Lapp.

Un par de meses después de los arrestos en conexión con la red de espionaje cubano conocida como Red Avispa, el 11 de septiembre de 1998, en Miami, “Ernest” esperaba en la misma esquina de Macomb Street y Connecticut Avenue. Durante esa reunión, le dijo a Montes que él tenia que regresar a Cuba y que ella esperara instrucciones sobre su nuevo contacto a través de comunicaciones por radio. Como “Ernest“ había estado en contacto con algunos de los miembros de la Red Avispa, Cuba no quería comprometer la seguridad de Montes, dijo Lapp.

“Ernest” fue despedido del servicio de inteligencia cubano después del arresto de Montes, agregó el ex agente del FBI.

Desde ese momento hasta su arresto, tres años más tarde, Montes no tuvo un contacto en Estados Unidos, “estaba prácticamente sola, aunque viajaba al Caribe cada seis u ocho meses y se iba de vacaciones y se reunía con los cubanos”, dijo Lapp.

La espía perfecta

El arresto de Montes por cargos de conspiración para cometer espionaje conmocionó a toda la comunidad de inteligencia estadounidense, en la que ella era conocida como la “Reina de Cuba” porque era la persona a quien acudir en el Pentágono para todo lo relacionado con la isla caribeña.

Montes nació en 1957 en Alemania Occidental, donde su padre trabajaba como médico del ejército de Estados Unidos. Sus padres eran puertorriqueños, pero ella creció en Maryland. La inteligencia cubana la reclutó en 1984 cuando trabajaba como asistente legal en el Departamento de Justicia y cursaba una maestría en Economía Internacional y Estudios Latinoamericanos en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore. Los servicios de inteligencia cubana la capacitaron durante un viaje clandestino a la isla al año siguiente y la alentaron a postularse para un puesto en la DIA, de acuerdo con un informe del Departamento de Defensa sobre cómo las agencias gubernamentales de Estados Unidos manejaron el caso.

El reporte concluyó que ella “bien pudo haber sido la espía prototípica”, actuando por rectitud moral y hostilidad hacia las políticas estadounidenses hacia América Latina en lugar de dinero. Montes no recibió compensación económica por sus servicios, según el informe.

Ana Belén Montes en una fiesta en 1990.
Ana Belén Montes en una fiesta en 1990.

Para los cubanos, ella era más que “prototípica”: era la espía perfecta, profundamente incrustada en el aparato de inteligencia estadounidense, con acceso al tipo de información clasificada que durante años hizo que Fidel Castro pareciera el astuto líder que siempre anticipaba las acciones de Estados Unidos.

Durante su carrera de casi 17 años en la DIA, Montes coleccionó reconocimientos, promociones y premios por su servicio a Estados Unidos. Frecuentemente, asesoraba al Congreso y a funcionarios de alto rango e influyó en las políticas hacia Cuba.

Al mismo tiempo, memorizaba y compartía metódicamente información ultrasecreta con los cubanos, incluidas las identidades de cuatro agentes de inteligencia encubiertos estadounidenses, detalles de los ejercicios y planes militares de Estados Unidos y lo que sabía el gobierno americano sobre las capacidades militares de Cuba, de acuerdo con la información contenida en la declaración jurada del FBI para su arresto, el informe del Departamento de Defensa y el testimonio de Lapp.

Incluso recibió una medalla de los servicios de inteligencia cubanos durante uno de sus viajes encubiertos a la isla en 1989, en una ceremonia a la que supuestamente asistiría el propio Castro, a quien admiraba profundamente. Pero a pesar de reportes que indican lo contrario, Castro no se presentó.

“Ella nunca conoció a Castro”, señaló Lapp.

Como típica espía, se comunicaba con sus socios cubanos con códigos numéricos y mensajes encriptados pero también, sorprendentemente, a plena vista en los restaurantes de Washington, DC.

Los valiosos secretos, generalmente encriptados en disquetes, llegaban rápidamente a La Habana, dijo Lapp, pasando del agente encubierto a un oficial de inteligencia con cobertura diplomática en la misión cubana ante las Naciones Unidas en Nueva York y de allí a la isla, probablemente transportados por un diplomático cubano.

“Creo que el servicio de inteligencia cubano es uno de los mejores del mundo”, dijo Lapp. “Lo que hace que sea tan bueno es que encuentran a estas personas que tienen ideas afines, que tienen esta empatía visceral por lo que Cuba está tratando de hacer. Son tan buenos para encontrar a estas personas que no quieren hacerlo por dinero”.

“No pudimos devolver el golpe en décadas; fallamos bastante”, lamentó.

Scott Carmichael, un ex agente de contrainteligencia de la DIA que ayudó a identificar a Montes como la espía desconocida de La Habana que el FBI había estado buscando durante un tiempo, escribió que ella era “una de las espías más peligrosas en la historia de Estados Unidos”.

“El mismo Fidel Castro bien podría haber dictado nuestras políticas y posiciones con respecto a Cuba”, dijo Carmichael en su libro “True Believer”.

Y pronto, ella estará libre, aunque permanecerá bajo estrecha supervisión durante otros cinco años.

Lo que ella hará a continuación también es un misterio. No se le permite hablar con los medios. Su hermana, Lucy Montes, ex empleada del FBI, declinó comentar para esta historia.

“Ella va a tener una gran brecha en su currículum”, dijo Lapp. “Si ella decide ir algún día a Cuba, es un viaje de ida. No se le va a permitir volver. Pero predigo que se quedará en Estados Unidos y conseguirá un trabajo porque creo que la única razón por la que se declaró culpable y traicionó a sus amigos [cubanos] fue por su madre y por querer pasar algún tiempo con ella antes de que fallezca”.

Durante su encarcelamiento en la unidad de alta seguridad del Centro Médico Federal Carswell en Fort Worth, Texas, Montes solo puede comunicarse con un número reducido de personas, incluida su madre y otros miembros de la familia. Su prima, Myriam Montes Mock, quien ha hecho campaña en Puerto Rico por su liberación, ha dicho que Montes ha soportado condiciones de aislamiento en la prisión y que sobrevivió al cáncer del pecho.

Para Montes, de 65 años, quien dijo que tenía el “derecho moral” de ayudar a Cuba durante una audiencia en la corte y no expresó arrepentimiento por sus acciones en cartas privadas, sus lealtades están nuevamente en juego.

“Actualmente no sé si ella ha cambiado de opinión o tiene algún tipo de arrepentimiento”, dijo Lapp. “Creo que tuvo que obligarse a sí misma a creer que hizo lo correcto como mecanismo de supervivencia. Pero, ¿vas a tener ese tipo de actitud impenitente frente a los miembros de tu familia en la cocina? Simplemente no creo que ella vaya a caer sobre esa espada”.