La difícil misión de superar un divorcio: ¿Cómo recomponer los pedazos rotos?

Dieciséis años. Eso es lo que dura, como media, un matrimonio en España, según el Instituto Nacional de Estadística. Por tanto, no debe sorprendernos, que durante el primer trimestre de este año 29.422 parejas se hayan separado. Sin embargo, detrás de cada número hay una historia. Y detrás de cada historia suele haber sueños rotos y pedazos por recomponer. Porque un divorcio o una separación - sobre todo después de varios años de convivencia - puede ser una de las experiencias más difíciles que tengamos que afrontar en la vida.

La ruptura de pareja desencadena un tsunami emocional del que es difícil recuperarse. [Foto: Getty]

¿Por qué es tan complicado superar un divorcio?

Cada matrimonio es diferente. Cada divorcio también. Las disputas por el dinero, las batallas legales por la custodia de los hijos o el hecho de tener que mudarse de una casa amada que probablemente compraron y decoraron juntos son situaciones desestabilizantes para cualquier persona.

A esos problemas “logísticos” se le suma el peso de las emociones. Independientemente de cuán amistosa sea la ruptura, un divorcio representa un cambio drástico en nuestros planes futuros, por lo que no suele ser fácil aceptar que la relación ha terminado y que debemos rehacer nuestra vida. Las emociones que experimentamos a lo largo de la separación son tan intensas que pueden sobrepasarnos y hacer que reaccionemos de maneras insospechadas.

Si hemos compartido la vida durante mucho tiempo con otra persona, vernos solos de repente puede generar una gran inseguridad. ¿Podré salir adelante? ¿Encontraré a otra persona? ¿Cómo cuidaré de los niños? Las preguntas se multiplican en nuestra mente generando desazón, miedo e incertidumbre.

Esa inseguridad suele ser un duro golpe para nuestra autoestima y autoconfianza, sobre todo si experimentamos el divorcio como un fracaso personal, si sentimos que hemos tirado esos años por la borda y creemos que no seremos capaces de recomponer los pedazos rotos.

El resultado de ese tsunami emocional no suele ser bueno, al menos a medio y corto plazo. Un metaanálisis realizado en la Universidad de Amberes concluyó que “el divorcio tiene un impacto negativo en nuestro estado de salud físico y psicológico, así como en la esperanza de vida […] Las personas divorciadas necesitan recurrir más a los servicios de salud, reportan más síntomas depresivos, sufren más estrés y muestran comportamientos más hostiles”.

Ser consciente de las fases del divorcio nos ayudará a superarlo

El corazón sana a su debido tiempo. [Foto: Getty]

Comprender las fases del divorcio nos ayudará a ganar conciencia emocional, para poder gestionar mejor lo que nos ocurre.

1. Negación. Aunque la relación arrastre problemas desde hace tiempo, es probable que, en el fondo, esperemos que todo se solucione. Por eso, la inevitabilidad del divorcio suele producir un shock inicial. A nadie le gusta sentirse rechazado o fracasado, por lo que la primera reacción suele ser negar la realidad. Nuestro ego se protege negando lo ocurrido, por lo que seguimos funcionando como si no pasara nada. Entramos en una especie de burbuja mientras nuestro inconsciente trabaja a marchas forzadas para que comencemos a aceptar la ruptura y lo que ello conlleva.

2. Ira. Cuando comenzamos a comprender que el divorcio es una posibilidad real, solemos reaccionar con enfado y/o rencor, una reacción normal si tenemos en cuenta que una parte importante de nuestra vida, tal y como la conocíamos, se está viniendo abajo. Esa ira se puede dirigir contra uno mismo, la ex pareja o el mundo. En esta fase todo nos parecerá injusto y es probable que surja el deseo de venganza. Es una etapa muy delicada en la que suelen aparecer reproches y recriminaciones, por lo que es importante tener mucho cuidado para no lastimarse mutuamente y, sobre todo, no quedarse atrapado en esta fase alimentando inútilmente el odio y el rencor.

3. Angustia y culpa. En una separación de pareja, la ira se suele ir intercalando con el miedo, la angustia y la culpa formando un cóctel tóxico. Podemos sentir miedo ante la perspectiva de tener que reconstruir nuestra vida o por no saber lo que nos depara el futuro. En cierto punto, también es probable que nos veamos tentados a buscar culpables. Durante esas horas a solas, pensando y repensando en todo lo ocurrido, aparecen los autodestructivos “y si hubiera…” o “y si en vez de…”, recriminaciones poco prácticas que pueden sumarnos en un círculo vicioso.

4. Tristeza y nostalgia. A medida que vamos aceptando la separación y dejamos atrás la ira, entraremos en una fase de tristeza y nostalgia. Nos sentiremos tristes por la pérdida, porque finalmente nos damos cuenta de que ya no podemos recuperar la relación. También sentimos pena al sentir que esa persona se aleja y comenzaremos a recordar los buenos momentos juntos. Se trata de una etapa difícil en la que las emociones nos juegan malas pasadas porque, al calor de la nostalgia, tendemos a olvidar todas las cosas negativas que condujeron a la separación, por lo que podemos incurrir en el error de idealizar a nuestra ex pareja.

5. Aceptación. Cuando las emociones retoman su cauce, aceptamos la ruptura, completamente, sin guardar resentimiento y sin albergar ilusiones de reconciliación. Es entonces cuando comenzamos a sanar. Dejamos de mirar atrás para centrarnos en el futuro y finalmente comenzaremos a sentirnos bien con nosotros mismos. En esta fase ya podremos recordar a nuestra ex pareja sin sentir dolor ni ira, porque vivimos lo ocurrido con serenidad. Retomamos la vida social y creamos nuevas rutinas, sintiéndonos mucho más fuertes.

Por supuesto, estas fases no siempre se suceden una detrás de otra. Es habitual que se yuxtapongan o que volvamos a una fase que creíamos superada, lo cual significa que debemos estar preparados para afrontar las recaídas sin desanimarnos. Porque forman parte del proceso.

Siete estrategias de supervivencia para superar el divorcio

El divorcio no es un punto final, también es una nueva oportunidad. [Foto: Getty]

Cuando damos el “sí, quiero” no esperamos que la relación tenga fecha de caducidad, pero pasar por un divorcio puede llegar a ser una experiencia de vida edificante que nos ayude a apuntalar nuestra resiliencia. La manera en que asumamos la ruptura determinará cuánto daño nos hace. De hecho, psicólogos de la Universidad de Stanford descubrieron que quienes tienen una imagen rígida de sí mismos les cuesta más superar un divorcio y lo viven de manera más angustiosa. Al contrario, las personas más conscientes suelen pasar página más rápido y desarrollan relaciones más maduras, según un estudio realizado en la Universidad de Lovaina.

1. Interiorizar que el divorcio afecta a los dos. Cuando estamos dolidos, es normal que nos repleguemos en nosotros mismos y nos centremos únicamente en nuestro dolor. Sin embargo, para afrontar la ruptura ayuda comprender que esta no solo nos afecta a nosotros sino también a nuestra ex pareja. Eso nos permitirá asumir una perspectiva más empática que nos ayude a salir de nuestro dolor.

2. Buscar una red de apoyo. Buscar consuelo en las personas más cercanas hará que la separación sea más llevadera. Justo cuando sentimos que nos estamos quedando sin asideros, contar con la comprensión y ayuda de amigos y familiares es invaluable. Por tanto, debemos dejar de decir “estoy bien” y aceptar la ayuda que nos brindan.

3. Redefinirse como persona. En una relación a largo plazo, nuestra identidad se entrelaza con la de nuestra pareja, por lo que cuando rompemos, es como si perdiéramos una parte de nosotros mismos. Nuestro autoconcepto se contrae y podemos experimentar la sensación de no saber exactamente quiénes somos, qué queremos o hacia dónde nos dirigimos. Esas sensaciones pueden ser particularmente angustiosas para algunas personas, por eso es importante comenzar a redefinirse y redescubrir las cosas que disfrutamos. Es momento de explorar nuevas actividades, pasatiempos e intereses manteniéndonos ocupados de manera constructiva.

4. Minimizar el impacto. Cuando se produce una separación, solemos experimentar dos tipos de dolor. Existe un dolor saludable relacionado con la pérdida que no es de naturaleza patológica, sino que está provocado por las situaciones difíciles. Pero también existe un dolor tóxico, que se genera cuando nos sentimos atrapados y alimentamos una serie de pensamientos negativos sobre nosotros mismos o nuestra ex pareja. Eso significa que, al dolor natural por la pérdida, se le suma un dolor innecesario. No podemos evitar sufrir si aún amamos a la otra persona, pero podemos evitar el dolor inútil.

5. Elegir las batallas. Durante los primeros meses de separación, el miedo a perder y la incertidumbre por el futuro pueden hacer que cada quien se enfrente al otro, para ganar terreno, ser el más rápido, llevarse la mejor parte… Debemos recordar que, si bien las pequeñas victorias de un día o una semana son fáciles y nos dejarán con buen sabor en la boca, este no durará mucho tiempo. En vez de ello, debemos preguntarnos cuál es nuestro objetivo y decidir inteligentemente qué batallas conviene luchar.

6. Aceptar la realidad. Afrontar la realidad de manera honesta es la vía más directa para superar un divorcio. Necesitamos aceptar que el dolor, el resentimiento o la culpa son normales, aunque eso no significa que nos demos permiso para quedarnos atrapados en esos sentimientos. Al contrario, podemos utilizarlos para crecer, como una brújula para intentar detectar dónde nos hemos equivocado, de manera que no volvamos a cometer los mismos errores. Necesitamos darnos cuenta de que todas esas emociones negativas pasarán. Solo debemos asegurarnos de no debemos aferrarnos a ellas.

7. Darse el tiempo necesario para sanar. Un hueso roto tarda aproximadamente seis semanas en sanar. Un corazón roto tarda mucho más. Es importante que no nos precipitemos para caer en un estado de hiperkinesia con el cual solo pretendemos ocultar el dolor que sentimos. Debemos darnos tiempo para sanar. Un estudio realizado en la Universidad Estatal de Michigan en el que se analizaron a más de 30 000 personas concluyó que “la satisfacción disminuye a medida que se acerca el divorcio y luego se va recuperando gradualmente con el tiempo. Sin embargo, la recuperación al nivel inicial no es completa”. Seis años tras el divorcio, muchas personas no logran recuperar el nivel de satisfacción con la vida que experimentaban durante los primeros años de matrimonio. Por tanto, se necesita paciencia. Mucha paciencia.


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