Clint Eastwood empaña su nueva película con un ego que no le cabe en el sombrero

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Clint Eastwood es y será siempre una de las grandes debilidades de espectadores de diferentes generaciones. Y como para no serlo. Un cowboy de Hollywood, dueño de personajes que rompieron esquemas a golpe de vulnerabilidad emocional y director de obras inolvidables como Harry, el sucio, Fuga Alcatraz, Sin perdón, Los puentes de Madison, Million Dollar Baby, Mystic River o Gran Torino. A sus 91 años carga con un legado donde pesa más lo mejor de su cine que lo peor (que lo hay, ¿J. Edgar? ¿El principiante?), pero con su última película Cry Macho, este cineasta podría estar despidiéndose para siempre con un punto final que derrocha ego por los cuatro costados.

Una obra disfrazada de drama aleccionador donde Eastwood juega con un personaje que solo lo destaca a él como protagonista, voz de la cordura, ejemplo de redención y hasta imán irresistible para las mujeres a los 91 años.

Clint Eastwood es Mike Milo en 'Cry Macho'. Claire Folger, © 2021 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved.
Clint Eastwood es Mike Milo en 'Cry Macho'. Claire Folger, © 2021 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved.

Cry Macho está disponible en cines desde el viernes 24 de septiembre, devolviendo a Clint Eastwood a la gran pantalla tres años después de Mula. Además, vuelve a autodirigirse de nuevo regresando a ese género que tan bien conoce como el drama western. La película está basada en la novela homónima de N. Richard Nash (publicada en 1975) que estuvo más de una década intentando saltar al cine, incluso con Arnold Schwarzenegger involucrado en 2011.

La historia gira en torno a una estrella del rodeo retirada llamada Mike Milo (Clint Eastwood) que acepta la misión que le pide su ex jefe tras años de favores: debe cruzar la frontera con México y traerle a su hijo Rafo (Eduardo Minett) de 13 años metido en líos, rodeado de violencia e involucrado en peleas de gallos, para supuestamente darle una vida mejor. El viaje enseguida se convierte en una aventura de redención para el viejo Mike tras una vida de dolor y sufrimiento. Y todo por culpa de una retirada forzada a raíz de una lesión en la espalda que lo lleva por el camino del alcohol y la soledad absoluta.

Como siempre, Eastwood hace un trabajo impecable como intérprete, transmitiendo esa vulnerabilidad humana que contagia a todos sus personajes por muy duros que parezcan por fuera. Las lecciones de vida que transmite al joven Rafo están llenas de una honestidad bellísima, sobre todo en la enseñanza que le deja sobre los limites de la palabra ‘macho’. “Déjame que te diga, esto de ser macho está sobrevalorado”, le dice, como un mensaje de cambio para el machismo de la figura masculina del pasado en el cine, donde las armas, la violencia y el ser implacable por las apariencias solo tienen como consecuencia la pérdida del amor y la vida, dejando soledad y arrepentimiento en el camino. Sin embargo, más allá de la actuación de Eastwood como voz de la experiencia, su avanzada edad resulta demasiado evidente como para creernos ciertos arcos de la historia.

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Aunque Eastwood interpreta a un personaje con lesión en la espalda, los machaques de la edad resultan evidentes. Por momentos parece que le cuesta caminar, se mueve lentamente y hasta parece que le cuesta levantar un vaso para llevárselo a la boca. Su mirada y su voz están intactas, pero su cuerpo denota la verdad de una vida vivida durante más de nueve décadas. Ni por asomo nos creemos que su personaje tiene algunas décadas menos.

Y aquí es donde parece entrar en juego el ego de Eastwood. Un ego que dice ‘yo puedo, quiero y lo hago porque soy Clint Eastwood’. El primer ejemplo lo encontramos en una secuencia absurda que transcurre cuando Mike llega a México. Precisamente a la casa de la madre de Rafo, una mujer de armas tomar, rodeada de matones protectores, interpretada por la chilena Fernanda Urrejola de 39 años.

Mike llega a la casa en busca del adolescente, encontrándose con esta mujer que se niega a que su hijo se marche con su padre. Pero aun así le da carta libre para encontrarlo. Después de dar con el joven (con secuencias que transcurren con una rapidez carente de hilos conectores que tengan sentido), Mike vuelve a la casa con la intención de recogerlo para llevarlo a EE.UU. solo para toparse de nuevo con la madre. Y aquí tiene lugar una de las secuencias más absurdas del cine actual. La mujer, vestida con camisón y bata, le ofrece una copa en su habitación mientras rodea la cama y, de repente, se quita parte de sus prendas para ofrecerle una noche de pasión. Una oferta que don Eastwood rechaza, encorvado y caminando despacio, provocando la ira de la mujer por ofenderla con el rechazo en su propia casa.

Y aquí surgen algunos problemas. Uno, que la escena puede entenderse como un intento de la mujer por retenerlo y que así no consiga llevarse a su hijo, después de todo luego le grita que su hijo es “su propiedad”. Y dos, que también se puede entender como el estereotipo erróneo de retratar al personaje como la latina candente buscando una noche de pasión, hasta con un señor de 90 años. No solo porque Eastwood la rechaza con una sonrisa pícara, sino porque ella reacciona rabiosa y gritona por ser rechazada, hasta el punto que le arroja una copa de cristal para evitar que se marche.

Una secuencia poco creíble por donde se la mire entre una actriz 52 años menor que Clint Eastwood y que la historia no necesita. Sobre todo porque a estas alturas una mujer no necesita seducir con sexo a un hombre de 90 años para conseguir un propósito -somos más inteligentes que eso- y porque la forma en que la mujer pretende seducirlo no tiene ningún sentido, surge de la nada sin haber habido ningún indicio romántico. Al final, termina dando la sensación que el director y actor quería demostrar que todavía puede ser galán de cine en todos los sentidos, desvelando un ego innecesario por cumplir un rol que la película no requería. Un seductor incluso sin proponérselo.

Pero también la película en general destapa el ego de Eastwood de querer hacerla simplemente porque que puede y quiere. Porque la cinta está por debajo de la calidad habitual de su cine, como si por contar una historia de redención con lecciones de vida no reparó en que fuera una buena película. Las actuaciones de quienes le rodean dejan mucho que desear, sobre todo la del joven Eduardo Minett que le acompaña; el montaje se nota apresurado y la historia pasa por secuencias sin atar cabos que den sentido al hilo argumental. Por ejemplo, al inicio, cuando Mike encuentra al joven Rafo en cuestión de segundos teniendo como información solamente que debe estar en una pelea de gallos. ¿Y cuántas peleas de gallos puede haber en México? No hablamos de un pueblito, hablamos de que se encuentra en la capital del país. Sin decir que reconoce al chico con 13 años tras apenas haber visto una fotografía cuando tenía 6. Así como un viaje que dura semanas por no arreglar el coche cuando el padre tranquilamente podría haber solucionado el inconveniente.

Es como si las carencias del guion no hubieran importado a la hora de Clint Eastwood sacarse las ganas de hacer una película de redención generacional. De un hombre sufrido que logra encontrar el amor, romper con el pasado y renovarse, como una lección de vida que nos dice que nunca es tarde para ser feliz. Y claro que cualquiera merece encontrar el amor a cualquier edad y eso es precisamente lo bonito que sacamos de Cry Macho, que nunca es tarde para reinventarse, pero a costa de hacerla, Clint nos deja una película que apoya su existencia únicamente en él. En su actuación, su figura como hombre redimido con una mujer arrojándose a sus brazos con oferta sexual por el camino. Como si nos dijera, ‘mírenme, todavía puedo actuar, dirigir, dar el pego como hombre redimido y que las mujeres se mueran por mis huesos’.

Tarantino dijo que solo hará una película más porque quiere retirarse ‘in style’, dejando a su público con ganas de más y antes que “le rueguen que se retire” (Deadline). Robert Redford anunció su retirada tras dos películas maravillosas como fueron Nosotros en la noche y The old man & the gun (Indiewire). Y quizás Clint debería habérselo planteado de esa forma, concluir su periplo cinematográfico con una obra de mayor peso en el recuerdo del cine, de mayor calidad y no tanto un vehículo para ensalzar su propio ego. 

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