"Prostituta", "ojalá te mueras", lo de 'La casa fuerte' ya es un despropósito

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“¿¡Pero qué está pasando!?”, se preguntaba una espantada María Jesús Ruiz en una de las tropecientas mil broncas producidas en La casa fuerte, cuando apenas lleva una semana de concurso. Y eso mismo decimos nosotros como espectadores. El nivel de agresividad verbal e insultos desmedidos de los concursantes nos hacen replantearnos si la cosa está llegando demasiado lejos. Somos conscientes de que no es un programa casto y puro y los participantes están allí parta dar guerra pero, ¿es necesario tanto despropósito para justificar el paso por un reality e incluso llegar a ganarlo? Pues sinceramente, creo que no.

¿O estamos ante el Gandía Shore de Telecinco?

Oriana e Iván en La casa fuerte (Twitter/@lacasafuerte_tv)
Oriana e Iván en La casa fuerte (Twitter/@lacasafuerte_tv)

La segunda gala de La casa fuerte ha sido como estar viendo una película de terror. Y no exageramos. El nivel era tan bajo y el contenido tan espeluznante que uno se plantea si esto está pasando de verdad o es pura fantasía. De la mala, claro. Y lo peor de todo es que entre ellos mismos lo consienten. Parece que llamar lo más grande al compañero, aunque le pisotee la autoestima, es lo más normal del mundo.

Cuando alguien insinúa que otra persona es ‘prostituta’, como fue el caso de Fani a Oriana, o los decibelios ascienden hasta dejarte sordo, es momento de cortar de raíz y decir basta. Incluso llegaría más lejos, es una causa de peso para pensar en expulsión. Jorge Javier Vázquez suele hacerlo bastante bien pero en esta ocasión echamos de menos una, bueno varias, reprimendas a los polluelos de su nuevo ‘chirinquito’.

Aunque hubo algún que otro intento, todo quedó en agua de borrajas. ¿Que la señorita Oriana decide desear la muerte a Iván o llamar cornudo a Christofer sin cesar? ¡Pues no pasa nada! Pero no es así, sí pasa, y mucho. Por mucha carne de reality que sean no se pueden normalizar este tipo de actitudes. Ya sabemos que no podemos esperar mucho más de un reality veraniego, ni es lo que pedimos, pero una cosa es que reclamemos entretenimiento y momentos absurdos de Maite Galdeano y la otra es que nos den una batalla campal que termina dándote dolor de cabeza. Al final, tanta inquina y tal ristra de improperios termina provocándote un nivel de estrés que te hace pesar dos veces si volver a ver ese contenido. Menos es más y la cosa se está pasando de castaño oscuro.

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Tal es el grado de desfachatez que uno hasta echa de menos Supervivientes... ¿Quién nos lo iba a decir? Hemos pasado de un extremo al otro sin darle la oportunidad al término medio, que suele ser lo más acertado. Que sí, que hay cosas que hacen mucha gracia pero cuando se viven en primera persona y te las restriegan en tu cara para hacerte daño han de ser muy desagradables. Ya sabemos que Fani se lo pasó en grande con Rubén en La isla de las tentaciones, pero que eso sea el arma fácil para meterse con ella y Christofer aburre a un muerto. Después de todo, allá ellos. “Calzonazos”, “anulado”, “poco hombre” y otros apelativos son los que el concursante ha de oír día sí y día también.

La cosa ha llegado a tal extremo que Yola Berrocal y Leticia Sabater parecen monjas de un convento. Dos de las mujeres de más carácter y andadura televisiva de las últimas dos décadas están dando ejemplo de cómo portarse. Pero no, es más fácil reírse de ellas y meterse con su físico, cosa que también resulta horripilante. ¿Qué pasa que aquí todos somos perfectos y nadie va a envejecer? Sí, vale, en algunos casos se les ha ido la mano con el bisturí pero eso no da pie a nadie, por ejemplo a Cristian, a que llame Gremlin a Yola. El insulto gratis y barato y lo de ridiculizar al otro se ha normalizado y, no señores, no es normal ni lo que queremos como espectadores, aunque se crea que sí. No infravaloremos a la audiencia. Los programas más vistos de la historia de la televisión no han tenido necesidad de usar la humillación ni poner a las personas al límite para conseguir buen share.

Que sí, que lo sabemos, que no es un concurso intelectual ni tampoco un programa familiar a lo Un, dos, tres, que las tramas son necesarias y los enfrentamientos también, para eso es un reality pero tampoco se trata de que todo sea caca, culo, pedo, pis. El 80% -y nos quedamos cortos- del contenido de La casa fuerte son cabreos, adjetivos descalificativos y gritos nivel máximo. Llega un momento en que todo es ruido y ni se entiende lo que dicen. Hemos pasado del aburrimiento absoluto del casting de Supervivientes al descontrol total con este nuevo espacio. Vamos, para volverse locos de remate. Insistimos, no estamos pidiendo que no haya enfados ni gritos, pero ¿hace falta herir sensibilidades o rozar la agresión para hacerse notar?

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Se echa de menos el compañerismo, la solidaridad, las lágrimas sinceras por conocer la vida de ellos y sus momentos difíciles en la vida, que los tienen. Queremos saber quién es Oriana, además de esa chica superficial de cuerpo perfecto, según ella, porque imaginamos que tiene su corazoncito y su historia personal, no tan idílica. Nos apetece ver historias de amor, desamor, conversaciones picantes, mosqueos, claro que sí, pero con menos cantidad de ofensas dañinas, y, sobre todo, necesitamos reírnos, que nos hace falta. Aunque no vamos a negar que también hay golpes divertidísimos, los podría haber más si no fuera por tanta pelea desmesurada. Le han dado prioridad a eso y la balanza no está equilibrada.

Estamos convencidos de que un tirón de orejas a tiempo les vendría muy bien. A lo mejor tenemos suerte y se lo pensarían dos veces antes de disparar a matar. Fijémonos en Yiya cuando llamó morsa a Rocío Flores, ahí faltó tiempo para ponerle una falta disciplinaria, muy merecida y necesaria por su salida de tono. Pues al resto lo mismo, que luego nos dicen que si nos repetimos como el chorizo al decir que en ocasiones hay favoritismo, pero es que visto lo visto, no nos queda de otra que pensarlo. Aquí o todos o ninguno. Tan feo es meterse con el físico de alguien como desear que se vaya al otro barrio. Vamos a ver si la cosa se calma y en un futuro no muy lejano dejamos de tener tantos sobresaltos frente al televisor.

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Imagen: La casa fuerte/Twitter

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