La pareja de Tom y Sandra está muerta mediáticamente hablando

Teresa Aranguez
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Lo suyo era crónica de una muerte anunciada. De esas cosas que se ven venir a la legua. Y no solo nos referimos a su romance, sino a su tirón televisivo. De momento Tom Brusse y Sandra Pica siguen juntos como pareja pero ya no despiertan el mismo interés mediático. Su paso por La casa fuerte 2 prometía el oro y el moro, sin embargo, está siendo de lo más decepcionante. Visto lo visto, sus días en esto de la tele podrían estar contados.

Sandra y Tom en 'La casa fuerte 2' (Twitter/@lacasafuerte_tv)
Sandra y Tom en 'La casa fuerte 2' (Twitter/@lacasafuerte_tv)

Se veía venir. Lo que mal empieza mal acaba. Lo suyo arrancó no precisamente con buen pie en la segunda edición de La isla de las tentaciones y la cosa nunca terminó de enderezarse. No nos equivoquemos, ahí quien tenía gancho era Melyssa Pinto, sin ella, la nueva pareja de enamorados no tiene mucho que hacer. No han conseguido transmitir nada, ni pasión, ni mucho menos química, tan solo peleas tontas que ya nos tienen aburridos.

En la gala de este jueves ocurría más de lo mismo. Sandra sufría un ataque de cuernos al escuchar a Tom hablar de los encantos de las modelos de Miami. El chico no es que sea santo de mi devoción pero tiene toda la libertad de decir si alguien le resulta atractivo. ¿O no? Su currículum de mujeriego y algo traicionero es algo que su chica no termina de superar, así que terminó dándole la chapa y poniéndole la cabeza como un bombo. “Para mí ya no es una broma, lo paso mal. ¿Para qué bromeas con eso?”, le dijo al borde de las lágrimas. Y ahí, Tom, que es perro viejo en estos temas y se nota que ya está hasta las narices, le contestó con otra pregunta que todos nos hicimos todos desde casa. “¿Qué estás haciendo conmigo si no confías en mí?”.

Pues aparte del cariño que puedan sentir y que no discutimos, la pasta fácil y rápida es el otro ingrediente que representa esta extraña relación. A los dos se les pilló con las manos en la masa antes de entrar en la casa negociando sus participaciones en televisión y elucubrando lo que podría ser un posible montaje. ¿Por mil euros? Si es es lo que gastamos en unos zapatos”, se escuchó a Sandra en una supuesta negociación con un fotógrafo que destapó el programa Socialité. Ellos dijeron que no fue montaje, que la grabación estaba editada pero la duda quedó en el aire.

Todo muy bonito y muy romántico, per con esas posibles intenciones poco más se puede esperar de esta pareja. Les falta garra, gracia y chicha como concursantes de reality. Por mucho que se quieran debajo de las sábanas eso ya nos cansa y no aporta nada de interés. Entre que Tom no termina de encajar con nadie en la casa y ella que solo baila al son a ritmo “Sí, bwana” con su novio, tienen todas las papeletas de ser los próximos expulsados en el momento en que salgan nominados.

Hasta ahora han tenido un gran golpe de suerte y se salvan por los pelos, pero en la casa no les quieren ni en pintura. Los únicos que le hacen un poco más de caso son Isa Pi y Asraf, los otros marginados del concurso que van dando bandazos de un lado para el otro. Ni Tom ni Sandra han sabido llegar a los demás concursantes, su relación resulta tan absorbente e insana que prefieren tenerles bien lejos. Para sacar de quicio a Mahi, que es un témpano de hielo, fijaros cómo tienen que ser las cosas.

Este jueves la concursante de las pelucas ponía fino al marroquí por carácter sibilino, sus estrategias y unas sonrisas que a ella le molestan particularmente. Se despachó a gusto llamándole papanatas, cantamañanas, falsality y asegurando que su “perra cagando tiene más cerebro”. ¿Y qué hizo Tom ante tanto elogio? Pues sonreír. A eso ha quedado reducido el chico, que nada tiene que ver con el concursante golferas, travieso y echado para adelante que vimos en la isla. ¿Qué le pasó?

En parte, que no en su totalidad, esa actitud temerosa, insegura y desconcertante se la debe a su novia. Y no es que la estemos defendiendo, sabemos perfectamente de qué pie cojea Tom y no es un santo varón. Pero así es, o lo tomas o lo dejas, lo que no puedes es estar siempre con la mismo son. Desde que arrancó el programa Sandra, que le adora pero no se fía ni de su sombra, no ha parado de montarle escena de celos y broncas. Es obvio que no ha de ser agradable que tu novio te llame Melyssa en pleno directo, pero tampoco es lógico que te pille de sorpresa después de lo sucedido en República Dominicana.

La pareja ha entrado en un círculo vicioso de discusiones que parece no tener fin. Ni siquiera el edredoning que regalaron a los espectadores parece salvarles de una posible ruptura sentimental y, lo que es peor para ambos, televisiva. Se les cerró el grifo. Entrar en La casa fuerte lejos de impulsarles como personajes mediáticos les ha terminado hundir. La experiencia les ha venido grande, o mejor dicho, les ha terminado de desenmascarar. Por separado, Tom, con sus líos de faldas y cara dura, podría dar para unos cuantos programas y realities más pero con Sandra no tanto.

Desde que está con ella se le ve más apocado y menos ‘sinvergüenza’. Pretende venderos la imagen de niño bueno y fiel que solo quiere a su novia pero aunque la mona se vista de seda... Su naturaleza es la de gustar, coquetear y llamar la atención del sexo opuesto, por mucho que lo castre temporalmente, ese chico pícaro que conocimos a fondo en La isla de las tentaciones tiene todas las papeletas de volver a salir. De alguna manera Sandra está siguiendo el mismo patrón de Melyssa con su desconfianza. Por esa razón fue que terminaron y por la que Tom protagonizó la infidelidad televisiva del año. La historia podría volver a repetirse.

Tom y Sandra se han desgastado como pareja y como concursantes de reality. Ni nos convencen, ni nos llegan, ni mucho menos nos interesan. Todo lo que tenían que hacer juntos ya lo han hecho y con poquísima gracia, así que las posibilidades de que puedan generar curiosidad son nulas. Es lo que suele pasar cuando se fuerzan las cosas y la naturalidad brilla por su ausencia. Ya han dado lo que tenían que dar, así que a otra cosa mariposa. Colorín colorado, el cuento de Tom y Sandra se ha acabado.

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Imagen: Twitter/La casa fuerte