Ni tinto ni blanco: te platicamos cómo se elabora el vino rosado

Llega la primavera y con ella la mejor época para tomarse una copa de vino rosado pues su frescura es ideal para darle sabor a una tarde calurosa.

Sabemos que el tinto y el blanco se elaboran con uvas de su tonalidad y hay quienes piensan que este es un híbrido entre ambos. No están del todo equivocados pero a partir de esa idea, mucho se ha avanzado en la fermentación y producción del vino rosado.

Ni tinto ni blanco, rosado

Cuando comenzó a comercializarse, había quienes decían que este vino era de poca calidad y estaban en lo cierto pero hay una explicación. Con la finalidad de aprovechar aquellas añadas no tan buenas, hubieron algunos listillos que mezclaron vino tinto con blanco para mejorar las cualidades de ambos. Esta técnica aún es vigente para etiquetas económicas.

El resultado fue una bebida fresca al mismo tiempo que es profunda, ideal para hacer un maridaje con alimentos como el cerdo, las salsas blancas y los mariscos de sabor fuerte.

Esto despertó la inquietud de los vitivinicultores para hacer procedimientos estandarizados y escrupulosos para lograr vino rosado de alta calidad. Hoy en día existen dos formas principales de lograrlo:

Una de ellas es prensar uvas tintas de una forma similar a la que se usa para elaborar vinos blancos, es decir, no se maceran con sus cáscaras. Con esta técnica se logra un color más ligero y muy delicado además de tener menos astringencia y amargor.

Por otro lado están los de maceración corta, en donde la uva -también tinta- se deja en una especie de remojo durante un tiempo para extraer el color. Posteriormente el líquido fermenta a baja temperatura, igual que sucede con los vinos blancos.

Sus territorios y varietales

La región de la Provenza en Francia es un ícono cuando hablamos del vino; aquí se puede disfrutar de paisajes bucólicos acompañados de una copa de rosado ya que es el que más se produce. Lo mismo sucede en Navarra, una región en España que incluso tiene denominación de origen en su Rosé, como también se le conoce a este vino.

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México no se queda atrás con la producción y hay que decir que es de muy buena calidad. Existen varias marcas en distintas regiones y una de ellas es San Luis Potosí. Aquí se elabora un vino rosado hecho con Nebbiolo, una uva tinta proveniente del Piamonte.

Esta varietal también se usa para hacer tintos y es todo un reto cuidarla y mantenerla ya que se dice que tiene un “carácter voluble”. En la copa da como resultado un color poco intenso pero muy brillante, propiedad perfecta para elaborar un vino rosado.

También hay etiquetas que parten de las uvas Syrah, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Garnacha y Cariñena.

Antes de abrir tu botella de rosado debes saber…

Hay dos opciones de rosado en el mercado: el seco que se elabora con una mezcla entre dos o tres variedades y el dulce, cuya fermentación se corta para mantener algo de azúcares de la fruta. Para este se usan principalmente varietales Garnacha y Merlot.

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En cuanto a la temperatura de servicio, Alfredo Oria, sommelier de Pozo de Luna nos explica que lo mejor es mantenerlos entre los 10° y 14°C. Si no tienes un termómetro recomienda meterlo al refrigerador media hora antes de descorchar o bien enfriarlo y mantener después de abierto en un recipiente con agua y hielos.

Es común encontrar rosados con taparrosca y no, no quiere decir que sean de baja calidad. Oria recomienda elegir esta opción sobre el corcho si piensas bebértelo poco a poco al cabo de unos días.