La tragedia que esconde la historia real de 'Fragmentos de una mujer', la nueva película de éxito en Netflix

Valeria Martínez
·8  min de lectura

La película no lo advierte por ningún lado, ni al principio ni al final, pero Fragmentos de una mujer está inspirada en una historia real y por partida doble. El reciente estreno de Netflix sobre el dolor, la culpa y el terrible proceso de aceptación que vive una madre tras perder a su bebé recién nacida es el resumen de la catarsis personal que vivieron sus propios cineastas.

Fragmentos de una mujer es una película desordenada, con un trasfondo terriblemente doloroso pero con un mensaje esperanzador, que profundiza aún más en nuestras emociones cuando la vemos sabiendo cómo nació su idea.

Fragmentos de una mujer (Benjamin Loeb / Netflix)
Fragmentos de una mujer (Benjamin Loeb / Netflix)

No hay más que hacer un repaso por la plataforma y redes sociales para confirmar que Fragmentos de una mujer está provocando todo tipo de emociones en los espectadores. Al momento de escribir este artículo se encuentra en el puesto seis del ranking de lo más visto de Netflix (se estrenó el 7 de enero) y si hacemos un repaso por Twitter podemos encontrar decenas de comentarios aludiendo a las dolorosas emociones que contagia la historia. Y es que por más que la película sea una apuesta un tanto desordenada, sus intenciones están muy claras: transmitir el sufrimiento y las emociones encontradas que provoca una tragedia tan horrible como la pérdida de un hijo. Y lo consigue gracias a la entregada actuación de su protagonista Vanessa Kirby.

La película arranca con un proceso de parto que sale mal. Una secuencia brutal de 30 minutos en donde Kirby y Shia LaBeouf interpretan a una pareja que recibe a la partera para seguir sus planes de dar a luz en casa, pero a los pocos segundos del nacimiento la pequeña no sobrevive. Así comienza el desarrollo de un drama sobre el terrible proceso de luto que acarrea una tragedia como esta, cada uno viviendo el dolor a su manera -una pretendiendo normalidad, el otro recayendo en adicciones- mientras la presión que carga la mujer por culpa de una madre controladora (con una brillante Ellen Burstyn) se torna de lo más asfixiante ante el inminente juicio contra la partera.

Aunque lamentablemente sean muchas las parejas que han pasado por una tragedia tan terrible, Fragmentos de una mujer en ningún momento nos deja entrever que su historia nació como desahogo inconsciente de su guionista, ni que existió un caso similar en Hungría del que tomaron prestados elementos que sirvieron de inspiración.

La película está dirigida por Kornél Mundruczó a partir de un guion escrito por su esposa, Kata Wèber. Esta pareja de artistas húngaros lleva varios años creando historias en conjunto, tal y como hicieron con otros largometrajes aplaudidos por la crítica como White God y Jupiter’s moon. La idea de Fragmentos de una mujer, que supone el primer trabajo en inglés de ambos, comenzó con bocetos personales volcados en un cuaderno de notas de Kata. Había escrito una secuencia que contaba con una madre y su hija discutiendo sobre la manera correcta de vivir la pérdida de un hijo, pero sin darse cuenta que estaba desahogando su propia tragedia.

La pareja, padre de dos hijos, sufrieron la pérdida a través de un aborto. No hablaron del tema entre ellos y la escritora terminó plasmando su dolor en forma de escenas escritas, hasta que un buen día su marido leyó algunas de sus notas descubriendo que su esposa había indagado muy dentro suyo para contar una historia.

Ellen Burstyn, el director Kornél Mundruczó y Vanessa Kirby en Fragmentos de una mujer (Philippe Bosse / Netflix)
Ellen Burstyn, el director Kornél Mundruczó y Vanessa Kirby en Fragmentos de una mujer (Philippe Bosse / Netflix)

Si bien la pareja ha sido reacia a hablar sobre la tragedia personal ante los medios, sí dieron algunas declaraciones al respecto que nos dejan entrever la realidad que plasmaron en la película. Así como muestra la historia, cada uno vivió lo sucedido a su manera, y no fue hasta que el director leyó las anotaciones de su esposa que descubrió cómo estaba procesando lo vivido. “Como pareja, después de la pérdida, no hablamos de ello” comenta el director a Los Angeles Times. Estuvo rodeada de mucho silencio [la tragedia]. Y luego encontré un par de fragmentos de diálogo en su cuaderno [el de Kata]” cuenta mientras añade que se quedó en shock después de leerlos. “Veo la perspectiva femenina y comprendo que nuestro silencio está absolutamente activo” sentencia y explica que no hablar de lo sucedido no significaba que habían pasado página, sino todo lo contrario.

Fue al leer esos fragmentos que el director se dio cuenta de la urgencia que había en las palabras y le pidió a su esposa que continuara. Ella acepto pero sin garantizarle que lo conseguiría y finalmente unió su tragedia con otra vivida en su país: un juicio contra una partera celebrado en 2011. “Fue enorme [el juicio], y tan emotivo que nadie podía hablar de ello de forma pragmática. Doctores contra parteras, liberales contra conservadores… dividió al país en dos” cuenta la escritora a LA Times. “Así que decidimos hacer una historia personal pero debajo de todas estas cuestiones”.

El caso al que se refiere Kata fue el de la partera y ginecóloga Ágnes Geréb que fue declarada culpable de negligencia médica por dos partos diferentes, en uno de ellos el bebé había fallecido. Fue un juicio que generó controversia en el país dado que incluía también a otras parteras acusadas por otros partos diferentes. Y aunque una de ellas fue multada, otras tres fueron absueltas mientras Geréb fue sentenciada a pasar dos años en prisión y suspendida su licencia durante cinco años. La sentencia se dio a conocer al poco tiempo de que el país regulara la práctica de los nacimientos en casas. La mujer cumplió su condena en su hogar pero en 2018 recibió el perdón presidencial.

Escribirlo fue como hacer terapia” contó la escritora al periódico británico The Telegraph. “Así comencé a comprender mis propios sentimientos” añadió. Wèber escribió el guion a solas en Berlín, lejos de su marido y sin hablar siquiera por teléfono. No estaba segura si iba a conseguirlo porque el tema estaba demasiado conectado con ella misma. “Fue muy duro” cuenta a LA Times porque tuvo que enfrentarse a sentimientos muy oscuros y tan difíciles que por eso decidieron no hablar entre marido y mujer mientras escribía, porque ella sentía que él no la comprendía.

Al unir la tragedia personal con el juicio real vivido en Hungría nació el personaje de Vanessa Kirby, Martha. Fue a raíz de una de las madres que testificaron en el proceso judicial que se posicionó en contra del mensaje de venganza que buscaban otras madres y parte de la sociedad, y testificó a favor de no culpar a la partera por la pérdida de su bebé. “Me pareció la declaración de una heroína, adueñándose de nuevo de su cuerpo y enviando el mensaje de que no se puede controlar todo en la vida, que hay lugar para la aceptación” dijo Kata. “Esto fue muy importante para mí, especialmente con mi experiencia”.

Fragmentos de mujer primero fue una obra de teatro estrenada en Varsovia en 2019 y ante la respuesta positiva del público y la crítica, sobre todo de mujeres que se sentían identificadas con la historia, decidieron buscar apoyo para adaptarla al cine. Y así llegó el proyecto de llevarla a EEUU, decidiendo centrarla en la ciudad de Boston por la presencia judía que existe en la sociedad al recurrir a la figura de una madre y suegra superviviente del Holocausto como representante del mensaje de fortaleza ante los traumas.

Molly Parker y Vanessa en Fragmentos de una mujer (Benjamin Loeb / Netflix)
Molly Parker y Vanessa en Fragmentos de una mujer (Benjamin Loeb / Netflix)

En cierto sentido la pareja se adentró en su propia tragedia para plasmarlo de forma artística en la pantalla y el resultado es una película que se ha convertido en algo “liberador” para los dos. “Te sientes aliviado de poder hablar del tema. Esta vida interna, ese deseo magnético por esa niña que siempre está ahí aunque no lo esté. Hay tantas formas de vivir el luto y necesitamos permitir que la gente lo haga” sentencia la escritora.

Fragmentos de una mujer lleva generando murmullo en el circuito de la prensa cinematográfica desde que se estrenara en el pasado Festival de Venecia. Y no porque la crítica la haya bañado de rosas -más bien todo lo contrario- sino porque cuenta con una de las actuaciones que más podrían dar que hablar en la temporada de premios. La de Vanessa Kirby, esa actriz británica que la gran mayoría de “netflixeros” conocen como la princesa Margarita de las primeras temporadas de The Crown (a mí me impactó más con su saber estar, elegante y letal en unas pocas escenas en Misión: Imposible – Fallout, que en la serie de Netflix, pero para gustos los colores).

La película es una de las apuestas que el gigante streaming tiene en cartera de cara a los próximos Óscar con una campaña que incluye proponer a la gran mayoría de departamentos para las nominaciones, a excepción de Shia LaBeouf, un apoyo que Netflix retiró de su campaña tras la demanda presentada por la exnovia del actor, FKA Twigs, acusándolo de abuso físico y emocional.

Fragmentos de una mujer es una película que nos habla de la pérdida pero también de la esperanza, de un dolor que no se olvida pero con el que se aprende a vivir. El resultado es una película con un mensaje arrollador pero, sobre todo, una pieza artística con algunas de las actuaciones más poderosas de la temporada que resulta aun más arrolladora cuando la asociamos con la historia real que esconde bajo sus páginas.

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