Transporte de larga distancia: la cantidad de pasajeros sigue 31% por debajo de la prepandemia

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Los micros de larga distancia con conexiones internacionales siguen muy limitados.
Prensa Transporte

CORDOBA.- El transporte de larga distancia sigue afrontando problemas en la Argentina. Si bien hay una recuperación en la cantidad de pasajeros respecto de la temporada de verano 2020/21 -la peor de la historia, con una caída promedio de 80%-, todavía están por debajo de los niveles prepandemia. Esa situación se da aun cuando los pasajes aéreos de cabotaje cuestan hasta 150% más y achicaron la brecha con los terrestres.

Según los datos de la Cámara Empresaria de Ómnibus de Larga Distancia (Celadi) entre la última quincena de diciembre y los primeros 10 días de este mes hay una reducción promedio de pasajeros del 31% respecto al mismo período 2019/20, el último antes del inicio de la pandemia.

Respecto de los principales corredores -en los que también se compite con los aviones- la caída de pasajeros transportados es de 32% para Buenos Aires-Córdoba; 33% a Mar del Plata; 31% a otros destinos de la Costa Atlántica; 32% a Posadas (Cataratas del Iguazú); 30% a Mina Clavero (Córdoba); 36% a Tucumán y Chaco; 31% a Rosario y 35% a Jujuy y Salta. Las menores bajas se dan desde Buenos Aires a Mendoza y San Juan (Corredor Ruta 7), con 28%, y a Bariloche, con 22%.

Las proyecciones para la segunda quincena de este mes, según un relevamiento de la Celadi, son peores. La dinámica marca una desaceleración en la venta de boletos. Desde la cámara indican que esa realidad puede explicarse por la tercera ola de coronavirus, que podría haber impactado en las decisiones de viajeros.

“Quienes viajaron entre diciembre y la primera quincena ya tenían sus boletos comprados con antelación, cuando la situación epidemiológica era otra -dice a LA NACION, Gustavo Gaona, vocero de la Celadi-. Si bien los protocolos en el transporte terrestre vienen funcionando desde hace meses con excelentes resultados, es de pensar que esta fuerte y veloz crecida de casos haya impactado en la demanda para esta quincena. No podemos afirmar que la gente esté viajando menos, pero sí es posible que elija otros medios alternativos, como el auto”.

Si las empresas de larga distancia con servicios nacionales sufrieron el impacto de la pandemia, las compañías argentinas de conectividad internacional pasaron (y aun hoy atraviesan) una situación “más grave”.

La demanda de la última quincena de diciembre y 10 primeros días de enero fue mejor en comparación interanual.
Fernando Gens


La demanda de la última quincena de diciembre y 10 primeros días de enero fue mejor en comparación interanual. (Fernando Gens/)

Previo a la irrupción del coronavirus, unas 20 firmas argentinas unían regularmente decenas de ciudades con Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile y Perú. A casi dos años de la primera cuarentena, ese servicio no pudo reestablecerse en su totalidad. Recién a finales de noviembre se hicieron las primeras conexiones a Paraguay; semanas después se sumó Brasil. Uruguay opera con pasos y horarios restringidos; Chile autoriza únicamente el cruce a través del Paso Libertadores/ Cristo Redentor de Mendoza con tres colectivos por día. Bolivia y Perú continúan cerrados para el transporte argentino.

Gaona señala que al ser el transporte un servicio público debe cumplir con dos aspectos fundamentales, como son la regularidad y obligatoriedad de prestarse todo el año: “En ese sentido, es vital para la salud de las compañías aprovechar al máximo los momentos de alta temporada y demanda, logrando una buena recaudación para luego poder sostener la prestación en la baja, cuando aun con pocos pasajeros, igual se debe salir a la ruta”.

El transporte de larga distancia no contaba con subsidios -como sí ocurre con los trenes de larga distancia o la línea aérea de bandera-, pero en pandemia el Gobierno nacional instrumentó partidas excepcionales de fondos que sirvieron para sostener el pleno empleo durante los nueve meses de inactividad. Fueron $3000 millones, en seis pagos de $500 millones.

Desde diciembre de 2020, y destinado a cubrir el pago de salarios de los trabajadores que continuaban sin poder retornar a sus tareas por la escasa demanda, estos fondos continuaron: sumaron otros $5600 millones, de los que restan girarse $800 millones. A fines del año pasado el sector dejó de ser considerado “crítico” y no hay garantías de que la ayuda continúe.

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