El último superviviente de la familia Von Trapp y una vida que nada tuvo que ver con 'Sonrisas y lágrimas'

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Sonrisas y lágrimas es uno de los musicales más clásicos de la historia del cine. Una película que ha dejado una huella tan imborrable en el recuerdo cinéfilo que, en cierto sentido, es como si hubiera congelado en el tiempo a aquellos niños que acompañaban a la novicia de Julie Andrews cantando por las montañas. Sin embargo, por mucho que el cine los haya estancado en aquella etapa, el paso del tiempo resulta inquebrantable y a 57 años del éxito cinematográfico, solo queda un último superviviente de aquella familia numerosa.

Rosemarie von Trapp, una de las hijas biológicas de la novicia y el capitán von Trapp, falleció a los 93 años el pasado viernes rodeada de sus seres queridos, según comunicó la familia a través de Instagram, definiéndola como “una de las almas más amables y gentiles”. Ahora solo queda un último hermano con vida de aquella familia cinematográfica: Johaness von Trapp, un hombre que no ha tenido reparos a la hora de contar las facetas más oscuras de su familia, que nada tienen que ver con el cuento idílico y colorido que muestra la película.

Julie Andrews en un número musical de la película 'Sonrisas y lágrimas' dirigida por Robert Wise. Ganadora de cinco premios de la Academia, incluyendo Mejor Película. (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)
Julie Andrews en un número musical de la película 'Sonrisas y lágrimas' dirigida por Robert Wise. Ganadora de cinco premios de la Academia, incluyendo Mejor Película. (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

Rosemarie y Johaness son dos de los tres hijos que el capitán Georg y su esposa Maria tuvieron juntos, después de que la futura monja llegara a la familia como institutriz para cuidar de los siete hijos del viudo von Trapp. Se criaron todos juntos, con la gran diferencia de que los hijos biológicos de la pareja eran muy pequeños cuando los obligaban a subirse al escenario a cantar con sus hermanos ante el público.

Maria fundó el coro familiar cuando todavía vivían en Austria, pero en 1938 abandonaron el país ante el avance nazi cruzando fronteras hasta finalmente embarcarse y llegar a EE.UU. Sin embargo, como el padre había perdido toda su fortuna, comenzaron a ganarse la vida con las giras musicales que protagonizaba toda la familia mientras añadían algo de dinero a la economía familiar alquilando habitaciones en la granja que tenían en Stowe, Pensilvania.

La ex novicia escribió la historia en unas memorias que publicó en 1949, despertando el interés del showbusiness que las adaptó primero en forma de musical para Broadway en 1959, y luego con la película protagonizada por Julie Andrews en la piel de Maria en 1965. Sonrisas y lágrimas arrasó en la taquilla global, coronándose como clásico instantáneo y ganando cinco premios Óscar, incluyendo mejor película y director.

Sin embargo, la vida infantil de Rosemarie y Johaness no fue tan colorida, cantarina e idílica como la plasmada en la película.

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El último superviviente que queda de toda la prole nació en 1939 en Filadelfia, cuando la familia ya estaba asentada en tierra estadounidense y lejos de la amenaza constante de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de todos sus hermanos, le tocó crecer con el reconocimiento como parte de su vida. Y es que mientras él aprendía a caminar y decía sus primeras palabras, su familia se iba haciendo popular con las giras musicales. “Nunca supe lo que es no ser famoso” dijo en 2021 en el programa británico This Morning.

Y es que después de crecer entre escenarios y actuaciones, cuando tenía 20 años se estrenó el musical en Broadway y poco después fue el turno del fenómeno cinematográfico, haciendo que el mundo entero reconociera su apellido. Y ni a él ni a Rosemarie les gustaba esa vida de reconocimiento, cuando no era algo que ellos habían buscado de manera personal. “De repente la gente aparecía en nuestra pequeña casa al norte de Vermont” añadió Johaness en una ocasión, explicando que a raíz del éxito de la película, miles de extraños se presentaban continuamente en el hogar familiar, motivados por la curiosidad de conocer a los niños del filme. Pero ya eran adultos con vidas propias.

Johaness nunca criticó a la película como tal pero sí dejó claro que no era un documental de sus vidas, que ellos no escalaban montañas ni su madre era la novicia encantadora que interpreta Julie Andrews, sino que era una mujer de carácter fuerte y estricto.

El ultimo superviviente de la popular prole musical compartió en una entrevista para el libro The Sound of Music Story de Tom Santopietro que aquella monja cantarina, tierna y divertida, no reflejaba la verdadera personalidad de su madre. Sino que la describió como dominante y con tendencia a brotes de ira (vía Mirror). “Era una persona compleja, increíblemente fuerte y voluntad formidable, literalmente una voluntad indomable y, a veces, encontrarse con eso no era muy placentero”.

Maria nació en 1905 en un tren y con ayuda del mismísimo conductor, sin embargo su madre murió cuando tenía tan solo 3 años y su padre a los 9. La enviaron a vivir con un tío violento hasta que huyó a Viena en su adolescencia, enlistándose en un convento benedictino a los 19. Fue entonces cuando surgió la posibilidad de trabajar como institutriz mientras se preparaba para ser monja. No obstante, su hijo cree que “era absolutamente inadecuada para una vida contemplativa en la abadía y sospecho que las monjas estaban felices cuando se abrió el puesto que ella tomó en la casa de nuestro padre”.

Hasta el director de la película, Robert Wise, llegó a describir a la verdadera Maria como “mandona, dado que intentó varias veces actuar como consejera en el rodaje con sus opiniones y visiones. Incluso Christopher Plummer, que dio vida a su marido en la ficción, la describió como “exuberante, activa y mandona”.

Esta faceta es algo que sus hijos también han atestiguado, con Rosemarie contando que la obligaba a actuar sobre el escenario con sus hermanos a pesar de sufrir pánico escénico. Precisamente, después de una crisis, su madre la encontró divagando por un campo y su respuesta fue someterla a terapia de shock. Incluso cuando su hijastra Johanna -hija del capitán y su difunta esposa- anunció que planeaba casarse, Maria la encerró en su habitación.

Nunca fuimos corriendo por el campo cantando canciones ni nada parecido. Tuvimos una vida dura. Fue una lucha” dijo Rosemarie en una ocasión.

La familia musical Von Trapp cantando juntos, con la baronesa Maria Augusta Von Trapp sentada y los niños Johannes, Eleonore, Hedwig, Martina, Maria, Rosemarie y Werner detrás. (Photo by © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images)
La familia musical Von Trapp cantando juntos, con la baronesa Maria Augusta Von Trapp sentada y los niños Johannes, Eleonore, Hedwig, Martina, Maria, Rosemarie y Werner detrás. (Photo by © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images)

A Johaness la película le parece entretenida, pero no dejó de ser una carga para los hijos de la familia en general. “Era la versión americana de la vida de mi familia” dijo en una entrevista recogida por el sitio Do you remember. No era quienes éramos. Me terminé cansando de ser señalado por ser un niño de Sonrisas y lágrimas”.

Y es que, en realidad, la familia no se hizo millonaria ni nada parecido. Ni con la versión de Broadway ni con la película. Es más, la familia se encuentra completamente desfragmentada tras vivir demandas de por medio.

Es probable que Maria desconociera el potencial de éxito de su historia, o no contara con consejeros expertos en la materia, porque resulta difícil comprender por qué vendió los derechos de su libro tras la muerte de su marido por 9.000 dólares. Se los vendió a un estudio alemán, cediendo todo el control de por vida. Debido a esto, nunca pudo controlar la narrativa de la obra teatral ni la película. Es más, ni siquiera le avisaron que Hollywood estaba desarrollando la versión para los cines, sino que se enteró de la noticia como cualquier anónimo: por el periódico.

A su vez, hubo un detalle que María quiso cambiar y que era importante para todos los von Trapp: el retrato de Georg, el padre. Y es que, en realidad, no fue la figura dominante y distante que muestra la película, sino “un hombre encantador, generoso, abierto y no el riguroso que retrataron en la obra y la película” dijo Johaness a BBC. Maria intentó que al menos la película cambiara este perfil, pero no tuvo éxito. Y, mientras tanto, productores y estudios se llenaron los bolsillos pero la familia von Trapp tan solo recibió un puñado de participaciones que les cedieron responsables del filme y la actriz que protagonizó a Maria en Broadway, Mary Martin. En realidad, el legado verdadero que obtuvieron fue una fama que les llegó de sopetón, con curiosos apareciendo en su vivienda o en el resort de ski que Johannes regenta en Vermont.

Por otro lado, tras la muerte de esa madre “mandona” y tan diferente a la versión caricaturesca de Julie Andrews en 1987, la familia comenzó a desintegrarse. A pesar de ser el hijo menor, Johannes no tuvo más remedio que dejar sus sueños de viajes y aventuras a un lado para hacerse cargo del resort de ski familiar, Trapp Family Lodge. Entre hijos y nietos había unas 32 personas involucradas, generando tantos conflictos que decidió comprar todas las partes en 1994 mientras iba resolviendo las demandas con algunos parientes.

Ahora, a sus 83 años, Johannes es el último que queda con vida de los hijos von Trapp, siendo su propio hijo Sam quien se hace cargo del negocio donde todavía, hoy en día, los turistas siguen preguntando por los niños de Sonrisas y lágrimas como si la ficción fuera el reflejo de sus vidas. Pero la verdad habría sido muy distinta.

Fuente: Mirror, GBNews, Daily Mail, BBC

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