Valentina Cortese, la última diva italiana de la Era Dorada, muere a los 96 años

Valentina Cortese, la diva del cine italiano, ha muerto a los 96 años. Aquella misma que en 1975 perdió su única oportunidad de alcanzar el Oscar cuando se lo arrebató Ingrid Bergman. “Dio la actuación más hermosa de todas las actrices” dijo la estrella ganadora por Asesinato en el Orient Express, reconociendo el trabajo de la italiana en La noche americana (1975).

Valentina Cortese (Autor: Associazione Amici di Piero Chiara - Valentina Cortese; Flickr sin cambios - Licencia CC BY 2.0)

En aquel clásico de François Truffaut, que sí le valió el BAFTA, daba vida a Severine, una actriz amante del champagne, que olvidaba sus guiones y abría continuamente puertas equivocadas entre set y set. “Perdóname Valentina, no era mi intención” le decía Bergman con el Oscar en la mano desde el escenario.

Pero antes de dejar huella con esta película, Valentina ya contaba con una larga carrera consagrada en Europa y Hollywood. Sin embargo, abandonó la meca del cine pocos años más tarde. Su última película en EEUU fue en 1980.

Nacida en Milán en 1923, Valentina Cortese creció con una familia pobre cuando su madre soltera la dejó al cuidado de ellos. A los 6 años se mudaba a Turín a vivir con sus abuelos maternos y a los 15 años ya estudiaba en la Academia Nacional de Artes Dramáticas de Roma y poco después comenzaba su andadura delante de las cámaras. Pero fue recién al final de la Segunda Guerra Mundial cuando tuvo su gran oportunidad de la mano de Marcello Pagliero en su drama neorrealista Roma città libera (1946), en donde interpretaba a una mujer que recurría a la prostitución para pagar el alquiler.

Tuvo dos personajes, el de Fantina y Cosetta, en la adaptación de 1948 de Los Miserables de Victor Hugo; y dio vida a una víctima de un campo de concentración en L'ebreo errante (1948). Estos inicios llamaron la atención de la industria británica, fichándola para dar vida a la partisana italiana que rescata a un piloto y compositor (Michael Denison) en La montaña de cristal (1949). Y poco después saltaba a Hollywood.

Trabajó para varios estudios, mateniendo libertad contractual, junto a figuras como Orson Welles (Cagliostro, 1949), así como Spencer Tracy y James Stewart (Malaca, 1949), o el director Robert Wise (La casa de la colina, 1951). En su mayoría se trataba de personajes trágicos, supervivientes de la guerra o refugiados .

Contrajo matrimonio en 1951 con el también actor Jackie Basehart, pero se divorciaron nueve años más tarde y ella mantuvo la custodia de su único hijo. Jamás se volvió a casar. Él se marchó a EEUU y ella se quedó en Europa, trabajando con figuras de la era como Bernhard Wicki, Federico Fellini y Robert Aldrich.

En 2012, cuando se acercaba a los 90 años, publicó su biografía que fue adaptada por Francesco Patierno en un documental titulado Diva! (2017), en donde ocho actores la interpretaban en momentos diferentes de su vida.

Los fans italianos la adoraban e incluso se convirtió en ícono de la moda para muchos. Pero tras su última película en Hollywood, El día del fin del mundo en 1980, solo hizo dos películas más. Y ambas fueron papeles secundarios. La primera fue la cinta de aventuras de Terry Gilliam, Las aventuras del barón Munchausen (1988), que fue un desastre de taquilla a pesar del aprobado unánime de la crítica. Y finalmente se despidió del cine en casa, con la producción italiana La novicia (o Sueño de libertad en Hispanoamérica), una adaptación de la novela de Giovanni Verga dirigida por Franco Zeffirelli. Fue en 1993 y su última película.

Valentina Cortese murió el 10 de julio de 2019, tras consagrarse como “la última diva italiana” de la Era Dorada, como la definen los medios de su país, y habiendo conquistado también el teatro y la moda.

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