Vientres de alquiler, y lo que se convirtió en una nueva forma de trata humana

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Quiero referirme a un tema muy delicado, la comercialización del embarazo y la venta de niños denominada gestación subrogada pero más conocida por el término vientres de alquiler. Este negocio se origina en California en los años 70 cuando parejas heterosexuales con mujeres infértiles comenzaron a buscar a otras mujeres para que gestaran y parieran un hijo o hija con el espermatozoide del hombre a cambio de una paga. La práctica se extendió y luego se refinó en la medida en que se desarrollaron técnicas de fertilización asistida así como la posibilidad de preservar y vender material genético para la inseminación (óvulos y espermatozoides).

Hay un mercado creciente en el mundo para el llamado
Hay un mercado creciente en el mundo para el llamado "vientre de alquiler"/Getty Images.

Parejas heterosexuales entre 35 y 45 años que suelen tener estudios universitarios y no pueden concebir pero quieren tener hijos con su propia carga genética, es el perfil de la mayoría de personas que hoy se decantan por la explotación reproductiva, según explica Ana Trejo Pulido, licenciada en ciencias políticas y sociología, en su libro, “En el nombre del padre, explotación de mujeres con fines reproductivos y venta de bebés recién Nacidos”, y que se puede descargar gratuitamente en este enlace:

https://drive.google.com/file/d/1Qe0S_tp0BmAtKPpJh-AWtR4WTdM44lXM/view?fbclid=IwAR2Ru2821LC9RXgcInXgtop-do1hsUTS7ZW-3i3vabfNOmUY1ChQrO7DcdI

En segundo lugar con un 40 por ciento de los casos de explotación se encuentran las parejas homosexuales que desean tener hijos manteniendo todo el control sobre el proceso, cosa que no consiguen con la adopción legal. También hay un nicho creciente de hombres que no han conseguido una relación de pareja que funcione. Luego están los casos de mujeres que no quieren pasar por un embarazo y eligen la explotación reproductiva, agrega Ana Trejo, basada en investigaciones varias que cita en su libro, antes mencionado.

No voy a andar con ambages. Normalmente no lo hago, pero con este tema no existe margen ético para condescendencia alguna. La práctica de la denominada gestación subrogada además de ser una forma de explotación del cuerpo femenino, es una versión contemporánea, una nueva cepa de trata y explotación infantil, incluso legalizada en algunos países, con pátina científica y mucha manipulación emocional para hacer creer que se trata de ayudar a personas con problemas, a tener familia.

Siempre repito que, o estamos del lado de los Derechos Humanos o somos funcionales a la vulneración de los mismos. En este tema no existen medias tintas. Aunque se intente enmarcar dentro de la ley, la subrogación es un negocio que implica además de explotación reproductiva, la compra-venta de bebés. Un negocio multimillonario conformado por redes internacionales de clínicas de fertilidad, agencias intermediarias, bufetes de abogados, aseguradoras y agencias de crédito, del que se benefician de forma utilitaria personas con poder adquisitivo para pagar por un bebé. Una práctica que se habilita sobre relaciones desiguales donde los más vulnerables, como siempre, son los niños o bebés gestados, concebidos y paridos según contrato como si fueran un objeto comercial, y por supuesto, las mujeres en condiciones de mayor vulnerabilidad que son explotadas para gestar y reproducir a estos bebés y que representan el conjunto de casos de subrogación. Los países del mundo que prohíben la subrogación así como el pronunciamiento de instancias supranacionales como la Unión Europea y organismos internacionales que rigen la materia como Naciones Unidas, han basado su posición contra el negocio de los vientres de alquiler a partir de esta mirada ética y legal de vulneración a los Derechos Humanos.

Las mujeres que alquilan su vientre por necesidad ven violados sus derechos humanos/Getty Images.
Las mujeres que alquilan su vientre por necesidad ven violados sus derechos humanos/Getty Images.

Los responsables del negocio

Ana Trejo, quien también es autora del blog  stop vientres de alquiler explica en su libro que las clínicas de fertilidad se encargan de los tratamientos de reproducción asistida, del seguimiento de las madres de alquiler y atención del parto. Las agencias intermediarias,por su parte, proporcionan catálogos de madres de alquiler y de mujeres proveedoras de óvulos, así como servicios de traducción e intermediación entre los compradores de bebés y las madres de alquiler, aunque a menudo las mismas clínicas de fertilidad asumen las funciones que suelen realizar las agencias intermediarias. Todo un entramado internacional que opera haciendo negocios con la explotación de los cuerpos y vidas de mujeres y bebés. También hay que mencionar en este apartado a los Estados que con sus legislaciones permiten o no impiden esta nueva cepa de explotación y trata de personas, dejando en indefensión a las víctimas de este negocio multimillonario.

Tanto las clínicas de fertilidad como las agencias intermediaras se encargan de captar a las mujeres más vulnerables mediante campañas de publicidad agresivas en sitios web, también avisos de periódicos y vallas publicitarias etc., cuando las leyes locales no lo prohíben o impiden, dirigidas a chicas jóvenes y sanas, ofreciendo sumas atractivas de dinero. En estas campañas que pretenden usar el cuerpo de las mujeres para los fines lucrativos de la industria antes mencionada, se manipula la información haciendo ver el propósito del negocio de la mercantilización del cuerpo de mujeres y bebés como actos loables de ayuda a parejas o personas que desean tener familia. Lo cierto es que la industria de subrogación en la mayoría de los casos utiliza a mujeres pobres de países del llamado Tercer Mundo para gestar y parir niños y niñas con los que no tienen vinculación genética respondiendo a la demanda de sus clientes con capacidad adquisitiva para pagar el precio de esta transacción.

Dependiendo del país donde se realice la subrogación, según sea más rico o más pobre, el precio oscila entre los 40.000 euros (Ucrania) y los 160.000 euros. (EEUU). Las mujeres solo reciben entre un 15 a 20 por ciento del monto. Cabe destacar que menos del 2 por ciento de acuerdos de subrogación en el mundo se realizan de forma altruista (sin pago a cambio). Todos estos datos han sido recogidos de distintas fuentes y publicados en el libro antes mencionado que se puede bajar y consultar gratuitamente.

Pretender hacer creer que la madre de alquiler no es madre biológica, es una afirmación basada en la negación de evidencias científicas.

Una idea que se trata de extender y sembrar desde las empresas que hacen negocio con la subrogación, es que la madre de alquiler que no aporta material genético para la fecundación, no es madre biológica. Esta afirmación está basada en la ocultación o negación de las enormes implicaciones del embarazo y del parto sobre la salud física y mental de la madre gestante, así como en la vida del bebé. Niegan a favor de sus intereses, las abundantes evidencias científicas que demuestran el potente e insustituible vínculo que se establece a partir de la puesta en marcha de procesos psicológicos y neuroendocrinos durante la gestación y parto, y que determinan la salud física, fisiológica, emocional y mental de la díada mamá–bebé en el continuum de la gestación, el parto y la crianza, aunque el embarazo se haya establecido mediante técnica de reproducción asistida con material genético de terceras personas. Continuum que es interrumpido de forma premeditada por un contrato establecido en aras de regular una transacción comercial y que elimina todo el derecho de la madre gestante sobre el bebé o del bebé sobre la madre gestante, vulnerando el Interés Superior del Niño o Niñaasí como los Derechos Humanos de la mujer que ha gestado y parido.

Los contratos abusivos que obligan la privación de libertad de las madres de alquiler quedando aisladas de sus familias, hijos, entorno social, durante todo el proceso fertilización y embarazo recluidas en hoteles o albergues de maternidad; el control arbitrario sobre la vida y salud de la mujer gestante en caso de que surjan complicaciones durante el embarazo o parto; la falta de control sobre los compradores de bebés, como el caso del pediatra español que compró un bebé en Ucrania y fue condenado por delitos de abuso sexual infantil; las imágenes devastadoras de cientos de bebés, separados por contrato de sus madres biológicas apenas nacer, varados en un hotel en Ucrania, durante el cierre de fronteras de la pandemia… Estas y otras pruebas que la mayoría de las personas desconocen aportan evidencias sobre la violación sistemática a los Derechos Humanos intrínseca al negocio de alquiler de mujeres y compra venta de bebés acuñada con el eufemismo de gestación subrogada, y que por obligación ética todos deberíamos ocuparnos de investigar y denunciar.

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