Una visita al monasterio segoviano de Santa María la Real de Nieva

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Recorro la provincia de Segovia, sobre todo los alrededores de Pedraza, en donde nos hemos alojado, considerado como uno de los pueblos más bonitos de España. Es la oportunidad esperada para visitar Sepúlveda o Turégano, pero sobre todo para ver las fabulosas iglesias románicas de Sotosalbos, la Virgen de las Vegas de Requijada, la recóndita San Juan Bautista de Orejana o la ermita de San Frutos, esta última en medio de los paisajes asombrosos de las Hoces del Río Duratón.

Antes de llegar a Segovia nos detenemos en un pequeño pueblo al norte de esta mítica ciudad. Allí hay un célebre conjunto conventual o monasterio de estilo gótico arcaizante, cuyos orígenes datan de 1392 cuando se decidió acoger la imagen de Nuestra Señora de la Soterraña, encontrada por el pastor Pedro Amador. Monasterio que se consolidó tres años después, con la fundación de la villa de Santa María la Real de Nieva.

El claustro de Santa María la Real de Nieva.
El claustro de Santa María la Real de Nieva.

Catalina de Lancáster, reina consorte de Castilla por su matrimonio con el rey Enrique III y también regente hasta que su hijo Juan II de Castilla alcanzó la mayoría de edad, dio inicio a las primeras obras conventuales en 1414. Pidió al papa Clemente VII, establecido en Aviñón, la autorización para pedir limosnas e iniciar las obras. El convento quedaría colocado bajo la administración de los monjes dominicos.

Las columnas geminadas del claustro de Santa María la Real de Nieva.
Las columnas geminadas del claustro de Santa María la Real de Nieva.

María de Aragón le dio luego continuación y se ocupó de su segunda ampliación. Ambas eran reinas fervientes que necesitaban mostrar su apego al catolicismo. El monasterio queda entonces a cargo de la Orden de Predicadores de Santo Domingo desde la primera mitad del siglo XV.

Declarado Monumento Nacional en 1920, se accede directamente desde la calle y en ello radicaba, ya para la época, su modernidad. Contrariamente a los claustros benedictinos o cistercienses, las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos), permitían que el vulgo accediese a todas las ceremonias y se podía circular libremente en el interior.

El pórtico de la iglesia gótica de Santa María la Real de Nieva.
El pórtico de la iglesia gótica de Santa María la Real de Nieva.

Tuvimos suerte de encontrar allí a Don Vicente Merinero, un jubilado y apasionado de la historia de su pueblo quien, con 87 años, vela por que los visitantes no encuentren la puerta cerrada. Sin él no hubiéramos podido deambular por claustro aquella tarde sabatina.

Entramos directamente desde la Calle Mayor. El espacio es casi cuadrangular. La tradición del románico está muy presente en la decoración de las columnas geminadas que rodean las cuatro galerías coronadas por capiteles monolíticos. La iconográfica de estos capiteles historiados, que describen los ciclos del Génesis, algunas escenas del Antiguo Testamento, además de escenas caballerescas, clericales o guerreras, otras de la vida monacal, junto a una increíble variedad de motivos geométricos, vegetales, zoomorfos, entre otros, requiere particular atención. El conjunto, a pesar de no datar del medioevo, refleja muy bien el arte escultórico tardorrománico.

Una de las galerías del claustro.
Una de las galerías del claustro.

Las guías de viaje indican la existencia de una serie de capiteles correspondientes a un mesario o calendario agrícola, un tema recurrente en la Edad Media, del cual Santa María la Real de Nieve, por abordar la iconografía de ese periodo, se hace eco. Pero no basta con saberlo. Se requiere de cierta habilidad y conocimientos para leer las historias en la piedra.

En eso andábamos cuando Vicente Merinero, a quien le gusta compartir su pasión con los visitantes, se nos acercó desinteresadamente para indicarnos el lugar exacto del mesario y explicárnoslo también.

En los capiteles del mesario, julio agosto son meses de trigo y mieses.
En los capiteles del mesario, julio agosto son meses de trigo y mieses.

Aparecen en orden consecutivo el capital que representa el mes de enero exhibiendo la lumbre y a un hombre calentándose junto a ella. Luego febrero, mes estéril utilizado para quehaceres artesanales como el de un zapatero que vemos trabajando. Le sigue marzo ilustrado con la poda de las vides en que el campesino, después del duro invierno, aparece con sayón corto, y abril que es mes de flores primaverales y va junto a mayo que era el de la cetrería. Junio nos muestra la siega del heno con guadaña y abundante forraje, seguido de julio con las mieses y un campesino que recoge un haz de espigas. Agosto, mes estival por excelencia, va junto a julio y vemos a un campesino con un pañuelo en la cabeza quebrando las mieses. Le sigue septiembre y su arado. Octubre es mes de vendimia y mosto en la cuba que vemos, antes de reconocer a noviembre por la matanza de cerdos el día de San Martín y, terminar con diciembre y su banquete navideño.

Capitel de La Anunciación que aparece en un sello del Estado español en 1978.
Capitel de La Anunciación que aparece en un sello del Estado español en 1978.

Merinero nos muestra también un capitel que representa la Anunciación y nos revela que fue el tema de un sello de 1978 por un valor de 12 pesetas. Y llama nuestra atención enseñándonos las hendiduras de algunas columnas. La huella, según él, de que el claustro estaba protegido por cristales fijados gracias a espigas de hierro que el invasor francés arrancó para fundirlos durante la invasión de principios del XIX.

Hacia el frente, se encuentra la iglesia de tres naves divididas por arcos fajones y recubiertas de bóvedas de crucería. Merinero insiste en que prestemos atención al pórtico gótico flamígero, del que sobresale una faja historiada que cuenta la pasión y muerte de Jesucristo, rematada con cinco arquivoltas que dan aspecto abocinado a la puerta. Algunas esculturas del tímpano fueron mutiladas en el pasado.

“El tema del Juicio Final con los difuntos saliendo de sus sepulcros es uno de los más impresionantes y poco corrientes que existen, pues vemos cómo levantan con sus espaldas y piernas las tapas de sus tumbas”, señala Merinero, a quien dejamos compartiendo con unos amigos en el bar terraza M50, a un costado del Ayuntamiento. Es de notar que los difuntos que aparecen en la parte derecha son los condenados ya que podemos ver a unos diablitos ayudándoles a levantar sus lápidas.

Muchos escritos insisten en que el sepulcro de Doña Blanca de Navarra, fallecida en 1441, se encuentra dentro del templo. Se ha demostrado que, a pesar de que la reina se encontraba de romería en el pueblo el día antes de su muerte, los restos allí encontrados no corresponden con los de la reina.

Santa María la Real de Nieva significa una ducha de historia y de buen arte. Un sitio ideal para seguir rumbo a Segovia o, contrariamente, comenzar a visitar los pueblos de esta provincia castellana.

William Navarrete es escritor franco-cubano establecido en París.

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