Sin voz ni trabajo: las protestas por el rapero encarcelado exponen la frustración de los jóvenes españoles

Joan Faus y Nacho Doce
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Por Joan Faus y Nacho Doce

BARCELONA, 26 feb (Reuters) - Cargado con un gran altavoz en las protestas que han sacudido Barcelona desde que otro rapero fue encarcelado por hacer apología del terrorismo e insultar a la monarquía, Alex Reis entrega el micrófono que lleva a todo aquel que quiera hacer algo de ruido.

"No estoy aquí sólo por él, sino por el derecho a expresarnos y porque hay mucho descontento por cosas que deben cambiar", dice Reis, de 25 años, en referencia a la condena de nueve meses que Pablo Hasel empezó a cumplir la semana pasada.

El caso de Hasel ha generado un debate en España que ha llevado al Gobierno a anunciar una flexibilización de las leyes de libertad de expresión, que prohíben burlarse de las creencias religiosas o insultar a la monarquía, así como hacer apología de los movimientos separatistas armados.

Para Reis, un rapero sin trabajo que canta en el tren para llegar a fin de mes, y para otros participantes en manifestaciones que a veces se han tornado violentas, el encarcelamiento de Hasel también ha servido para canalizar las crecientes frustraciones sobre toda una serie de temas.

Entre estas cuestiones se encuentran la precariedad laboral, el descontento con la clase política o el sentimiento de victimización sufrido durante la pandemia.

Hugo Prat, un manifestante de 19 años que tiene un trabajo temporal como almacenista, dijo que miles de jóvenes como él estaban hartos de las difíciles perspectivas de empleo y vivienda.

Hasel es de la región de Cataluña, la comunidad que ha sido el centro de las protestas contra su encarcelamiento.

Esto no sorprende a Carles Feixa, profesor de antropología social de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Cataluña ha experimentado una década de inestabilidad política motivada por la cuestión independentista, así como unas restricciones ligadas al coronavirus especialmente duras.

Según Feixa, España podría estar condenando a su generación joven a ser una generación perdida, si no se aborda la inquietud provocada por los efectos residuales de la crisis financiera de 2008-2009 y la amenaza que la pandemia y el cambio climático arrojan sobre el futuro.

(Información de Joan Faus, información adicional de Nacho Doce y Luis Felipe Castilleja; escrito por Joan Faus; editado por Ingrid Melander y John Stonestreet; traducido por Flora Gómez en la redacción de Gdansk)