El principio del fin del cine que conoces: Warner Bros, da la estocada final a las salas

Valeria Martínez
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El 3 de diciembre de 2020 podría pasar a la historia como el día que comenzó el fin de una era cinematográfica. Quizás me equivoco, pero las primeras noticias son un tanto pesimistas.

Fue el día en que Warner Bros. anunció su decisión de estrenar el catálogo completo de películas previstas para 2021 en simultáneo en salas y su servicio streaming, HBO Max. Es decir, superproducciones como Dune, Matrix 4, Mortal Kombat, The Suicide Squad, Expediente Warren 4, Godzilla vs. Kong y otras once más (un total de 17), estarán disponibles en cines al mismo tiempo que en el servicio online, donde estarán a disposición de los usuarios durante un plazo de 31 días y desde el mismo momento que aterricen en salas. Una decisión que pone fin al modelo tradicional que daba prioridad a la exhibición en gran pantalla y que amenaza con cambiar el negocio para siempre.

Dune (Chiabella James); Tom & Jerry e In the Heights (imágenes cortesía de Warner Bros. Pictures)
Dune (Chiabella James); Tom & Jerry e In the Heights (imágenes cortesía de Warner Bros. Pictures)

Cuando Warner Bros. anunció que Wonder Woman 1984 haría eso mismo este mes de diciembre (cine y streaming al mismo tiempo) muchos creímos que era una prueba para tantear si el modelo podía generar beneficios suficientes en plena pandemia. Disney ya había hecho la prueba de estrenar Mulán directamente en su plataforma con un coste premium (justamente ya está disponible dentro del catálogo habitual de Disney+ sin pago añadido desde el 4 de diciembre) pero ningún estudio había intentado poner a prueba los dos formatos de exhibición al mismo tiempo. Creíamos que se tomarían un tiempo, verían los resultados y dependiendo de ellos y el avance de la pandemia, tendríamos noticias.

Pero no. Warner se adelantó a todo pronóstico dando la noticia de que su calendario completo para 2021 irá al streaming en simultáneo. Y si las salas de cine, grandes y pequeñas, han tenido su año más difícil para mantenerse a flote, esta noticia augura lo peor para el próximo. Los cines han tenido que hacer frente al chaparrón de Covid-19 cerrando sus puertas o adaptándose a las medidas de seguridad, recurriendo a reposiciones de clásicos o a proyecciones de películas de poca atracción en masa. Hollywood optó por mirarse el ombligo y guardarse los blockbusteres para estrenarlos más adelante ante el temor de perder su inversión, y mientras tanto los cines no han tenido superproducciones con las que atraer al público de nuevo a las salas.

Es cierto que Warner fue el único estudio que lo intentó con Tenet, y si bien no lograron recuperar lo invertido, el resultado fue una taquilla de $357 millones que merecía más reconocimiento del que tuvo. Hollywood optó por centrarse en las pérdidas en lugar de los millones de espectadores que pagaron la entrada y demostraron estar disponibles y ansiosos por ver más películas a gran escala, y con mascarilla si hace falta.

Existen muchos análisis de marketing que llevan evaluando el comportamiento del consumidor en pandemia a lo largo de todo el año. No cabe duda que ha cambiado, que vivimos en una nueva normalidad y bajo una incertidumbre constante. Y en medio de este paradigma están los estudios de cine buscando también adaptarse a nuevos modelos que vuelvan a generar ganancia. Todo esto es comprensible, sin embargo al quitar la ventaja tradicional que tenían las salas sobre el streaming, VOD o home video, de proyectar superproducciones antes que nadie, se están arriesgando a crear un nuevo consumidor que se adapte a ver las películas pensadas para la gran pantalla en casa. Una nueva tradición que termine con la exhibición tradicional de forma definitiva y que lleve al cierre de cines que no puedan soportar económicamente la falta de espectadores.

Así como una generación completa de cinéfilos tuvimos que decirle adiós al videoclub ante el avance de las descargas ilegales, y más tarde el streaming, me temo que podría repetirse la misma historia. Solo que el adiós podría ser aún más doloroso.

Warner asegura que el nuevo modelo “se creó como una respuesta estratégica al impacto de la pandemia global” (Deadline), y como negocio es comprensible. Aunque se guarden los blockbusteres para más adelante, los estudios igualmente tienen gastos de créditos, exhibición, personal, etc. mientras siguen produciendo contenido para años venideros. Necesitan ingresar, ahora y como sea. Además, no podemos olvidar que cada país está viviendo su propia crisis sanitaria. En algunos territorios los cines están abiertos, en otros no; y estrenar en ambos formatos permite que las películas lleguen al público y generen ingresos como sea.

Pero la pregunta es ¿a coste de qué? ¿Poniendo en peligro la exhibición tradicional, el negocio de los cines y la creación de un nuevo consumidor que cambie el modelo para siempre? Para empezar los pronósticos no son buenos. Tras conocerse la noticia cayeron las acciones en la bolsa de varias casas exhibidoras en EEUU. Las acciones de Cinemark perdieron un 22% de su valor al cierre del día, AMC un 17%, Marcus un 13%, e IMAX un 8%.

Warner insiste que la decisión está relacionada “puramente” con la pandemia y que siguen comprometidos con la exhibición tradicional (Deadline). “Creemos que económicamente, y en primer lugar, es lo correcto para los fans, es lo correcto para la exhibición y lo correcto para el talento, considerando las circunstancias” dijo Jason Kilar, CEO de WarneMedia, a Deadline. De todos modos no podemos olvidar que HBO Max, de momento, cuenta con menos suscriptores activos que otras plataformas (Techcrunch) y a un precio más alto que otros streamers ($14,99). Es decir, trasladar las superproducciones a la plataforma será un empujón considerable para competir con el resto en 2021.

No cabe duda que ya existe un nuevo consumidor de series y películas en streaming que ha convertido el visionado de historias (en cualquier pantalla y tamaño) en parte de su día a día. Prueba de ello es el éxito de Netflix en 2020, atrayendo a espectadores como herramienta de distracción en cuarentena. El año del Covid-19 ha afianzado aun más el streaming en nuestras vidas y si a esto ahora le sumamos la visualización de blockbusteres ¿cómo van a competir los cines? ¿Cómo lograrán mantener la tradición a flote si el nuevo consumidor se adapta a un nuevo formato?

El cine forma parte de nuestras vidas desde que comenzaran las proyecciones con público en 1895 con las películas de la compañía Eidoloscope y las producidas por los hermanos Lumière. Desde entonces acompañó a generaciones aportando distracción durante conflictos bélicos, crisis económicas y fue nuestro mejor aliado en momentos que necesitábamos un plan para una cita o tan solo buscábamos reír, sentir emociones distintas o sanar un corazón roto. Y todo en una sala a oscuras rodeados de extraños que, probablemente, nunca volvamos a ver de nuevo. La decisión de Warner puede ser una tirita que cure las pérdidas provocadas por el coronavirus, pero sus efectos secundarios podrían afectar a largo plazo redefiniendo para siempre la nueva tradición cinematográfica.

Ahora está en manos del resto de estudios. ¿Qué hará Disney, Universal, Sony o Paramount con sus próximas grandes producciones? ¿Le darán una oportunidad a las salas en 2021 o seguirán los mismos pasos que Warner? De ellos dependerá arraigarse al nuevo modelo propuesto por Warner o apostar por las salas de cine y, por ende, en nosotros como espectadores.

Sin embargo, amigos cinéfilos, intentemos pensar en positivo. Por un lado, es probable que el modelo no funcione, después de todo HBO Max no está disponible en todo el mundo y la competencia streaming es enorme en estos momentos. Si atraen a nuevos suscriptores o no está por verse, así como el resultado que obtengan en taquilla. Quien sabe, quizás los cinéfilos les damos la sorpresa y corremos todos a ver Dune en gran pantalla (tal y como fue pensada por Dennis Villeneuve). Incluso quedaría esperanza para la exhibición tradicional en caso de una posible ralentización de contagio de Covid-19 o la llegada de una vacuna que relajara el temor entre el público. Si se llegara a controlar la crisis sanitaria no sería descabellado pensar que los estudios reconsideren sus opciones, después de todo las ganancias principales a la hora de recaudación provienen de la taquilla cinematográfica y habrá millones de espectadores en todo el mundo ansiosos por volver a disfrutar la emoción de un blockbuster en gran pantalla. Yo soy uno.

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