Ángel Carabajal tuvo una infancia llena de carencias, pero el baile le salvó la vida y creó Bien argentino

Ángel Carabajal atravesó una dura infancia, pero gracias a su abuela pudo salir adelante
Ángel Carabajal atravesó una dura infancia, pero gracias a su abuela pudo salir adelante - Créditos: @Ignacio Sanchez

Ángel Carabajal es un artista cordobés, creador del multipremiado espectáculo Bien argentino, que el domingo 2 de octubre se presentará en el Gran Rex, como parte de la gran gira nacional que comenzó hace cinco meses, y la previa de lo que se podrá ver en la temporada 2023, en Villa Carlos Paz y también en Mar del Plata. En diálogo con LA NACION, Carabajal cuenta cómo fueron los inicios de este show que ya lleva más de una década en cartel y también bucea en su historia de vida, en el abandono de sus padres, en la crianza con su abuela, en el descubrimiento de la danza folclórica y de cómo esa pasión logró dar vuelta su suerte, que ya parecía echada.

-¿Cuál es el secreto de la vigencia de Bien argentino?

-Yo creo que tiene que ver con que se renueva constantemente y a la gente le encanta. Pero Bien argentino no es solo un espectáculo, sino una experiencia única que invita a recorrer nuestro folclore con una propuesta fundada en el valor por nuestras raíces. Hay grandes artistas, músicos y un talentoso cuerpo de baile. Este año nos acompañan Marcelo Iripino, Natalia Pastorutti, Facundo Toro, Zaul Showman, Julián Burgos, Gina Casinelli, Luciana Irigoyen. Durante todo el año estamos en el Mónaco Space, en Carlos Paz, que es como nuestra sede y donde también nos preparamos para las temporadas. Y además estamos de gira.

"No tenía nada y hoy disfruto de lo que pude lograr", asegura Carabajal
"No tenía nada y hoy disfruto de lo que pude lograr", asegura Carabajal - Créditos: @Ignacio Sanchez

-¿Cómo nació el show?

-Bien argentino tiene dos etapas, la más mediática fue cuando empecé a trabajar en Ideas del Sur, pero antes ya trabajábamos con nuestra compañía Sentires, con la que tenemos otros dos espectáculos, América Show y Haydee, un homenaje de Mercedes Sosa. Todo empezó en el garaje de mi casa hace quince años, cuando fuimos de gira a Europa con un ballet folclórico y fue un furor, así que a nuestro regreso nos querían contratar de todas partes, pero éramos un montón y no cabíamos en ningún escenario. Entonces nació la necesidad de armar un espectáculo. Debutamos en La vieja tienda, en Oncativo, hace 14 años. Después llegaron las primeras temporadas en Carlos Paz y fuimos la revelación de 2021 con el Carlos de Plata y al año siguiente ganamos el de Oro y no paramos más.

-¿Es verdad que tuviste una vida difícil y la danza te salvó?

-Sí, el baile me sacó adelante.

-¿Cómo fue?

-Yo jugaba al fútbol, pero me gustaba una chica que iba a danzas, entonces me anoté. Tendría 12 años. Cuando fui a la clase me idolatraron porque era el único varón y me enamoré de la danza, tanto que mis amigos me catalogaban como “el insoportable del bombo y el zapateo” porque estaba todo el día haciendo ruido. La chica pasó a un séptimo plano, aunque fuimos noviecitos durante un tiempo. Cuando empecé a bailar me sentí útil, que era alguien. Me preparé, gané certámenes, y esta importancia artística desencadenó el resto, descubrí que me gustaba producir, llegaron los viajes a Europa. Me perfeccioné en Buenos Aires con Mora Godoy y Sergio Pérez y terminé haciendo contenidos para Ideas del sur en dos programas que se llamaban Tu mejor sábado y Tu mejor domingo, que conducían Zaira Nara y Diego Pérez. Después fui productor de contenidos en ShowMatch, en la parte folclórica sobre todo. Me interesa que el folclore se conozca más porque en general tiene un público reducido, más ligado al interior del país. Me han criticado en el ambiente, pero yo creo que lo importante no es quién lo baile o lo cante, sino que sea. Cuando estuvo Lourdes Sánchez venían muchos chiquitos a vernos porque tenía público infantil, y cuando estuvo Flor de la V en Mar del Plata iban a ver a la vedette y bailaba “Zamba para olvidarte”. Era music hall o revista, pero con música argentina.

-¿Cuál es tu ambición hoy?

-Mi ambición no es generar más popularidad. Mi crecimiento tiene que ver con lo artístico, ligado a mis raíces. Quiero desparramar los espectáculos por el mundo, que Bien argentino esté fijo en Buenos Aires porque tiene mucho para ofrecer a los turistas y nosotros espectacularizamos todo al estilo Broadway, pero con música argentina. Cada vez nos sorprende más el alcance que tenemos y lo disfrutamos. Fuimos invitados por la Reina Máxima de Holanda al festival más antiguo de ese país, justo antes de la pandemia. Ya habíamos ido varias veces, pero esta vez era con Bien argentino. Iba a ser en junio de 2020, aunque el proceso venía de un año antes. Hasta habían propuesto regalarle nuestro espectáculo a la reina, en su cumpleaños. Ojalá vuelva a darse, pero ya la invitación estuvo buena.

-¿Cuál era tu sueño de chico?

- Veía videos de shows como un homenaje a Carlos Gardel o el Cirque du Soleil, y me enloquecía. Ese era nuestro sueño, pero nunca nos imaginamos que podíamos hacer un Gran Rex. El sueño era que nos conocieran en el pueblo, y después presentarnos en festivales en los pueblos vecinos y en la provincia. Así fuimos creciendo. Nada hubiera sido posible sin mi esposa Melisa, que está en la compañía y es la que menos figura, pero es el sostén de toda mi locura.

-¿Cómo se conocieron?

-Nos conocemos del pueblo, Oncativo, de toda la vida. Yo bailaba en la academia municipal y ella en la de su mamá, que era la privada del pueblo. Cuando vine a estudiar a Buenos Aires y necesitaba una partenaire con quien pudiera volcar todo lo aprendido, nos encontramos después de un evento y le hice la propuesta. Ella estaba estudiando en la facultad en ese momento, pero los ensayos eran largos. Creyó en mí, trabajamos duro y tomamos un nivel impresionante, quedábamos en todos los castings y nos enamoramos. Fue hace 16 años. Hoy somos padres de Gino, de 15, y de Felipe, de 10, que toca la batería en el show. Y Gino está en producción, pero le interesa más el deporte. Cuando hacés lo que amás no te equivocás.

-Creciste en una familia muy humilde, ¿qué recuerdos tenés de tus primeros años de vida?

-Me crió mi abuela materna, María Antonia Palacios, que falleció y casi no llegó a ver todo esto, pero me regaló mi primera guitarra a mis 17 años. Era mi fan, creía mucho en mí, y decía que iba a ser su artista. Mi mamá era epiléptica y se fue de casa, mi papá era alcohólico y no me podía criar así que me dejó en un orfanato, en Córdoba. Mi abuela se enteró y me sacó de ahí antes de que me adoptara otra familia, y me llevó a vivir con ella. Era muy humilde, mamá de nueve hijos, con muchas carencias, por eso le pidió ayuda a los vecinos que le llevaron muebles a su casa para que la asistente social quedara conforme y me dejara con ella. Fue de película, realmente. Ahí crecí, mi abuela no tenía ni jubilación y en un momento tuvimos que salir a pedir, con mi primo Diego. Nos criamos así, era la forma; pedíamos en el pueblo, y en pueblos vecinos. A diferencia de mucha gente que pide, mi abuela nos tenía de punta en blanco y cuando entrábamos a un negocio parecía que íbamos a comprar algo. Teníamos una receta en la que se explicaba qué enfermedad tenía mi abuela y los medicamentos que necesitaba y los precios. Era asmática crónica, tenía tuberculosis. Murió a los 68 años, pero parecía de 80. Ella me salvó.

Descubrió la danza por casualidad, pero una vez que empezó no la abandonó nunca más y así pudo cambiar su suerte
Descubrió la danza por casualidad, pero una vez que empezó no la abandonó nunca más y así pudo cambiar su suerte - Créditos: @Ignacio Sanchez

-Y entonces descubriste la danza...

-A los 12 años descubrí la danza y a los 15 ya daba clases. Mi abuela vivía de hospital en hospital y yo vivía de tío en tío. Y me quería escapar de eso así que empecé una vida de mochilero, viajando a dedo. Estuve un año en el Sur y volví porque mi abuela se enfermó gravemente, pero salió a delante y me volví al norte; volví a verla y ahí falleció.

-¿Te reencontraste alguna vez con tus padres?

-Sí. Con mi papá me reencontré de grande. Lo conocía por alguna foto, empecé a seguirle el rastro y un día del padre fui a visitarlo. No noté mucho interés y no volví a verlo. Falleció ya. Con mi mamá tenía un poco más de relación porque ella iba cada tanto a visitarme a la casa de mi abuela. Pero mi mamá era mi abuela, me exigía que respetara a mi madre biológica, pero yo no tenía un vínculo. Venía cada dos años y era la señora que decía que era mi mamá. Ella vive, de grande me quise arrimar, pero no tenemos relación.

"Mi mamá era epiléptica y se fue de casa, mi papá era alcohólico y no me podía criar así que me dejó en un orfanato, en Córdoba. Mi abuela se enteró y me sacó de ahí antes de que me adoptara otra familia, y me llevó a vivir con ella", cuenta Carabajal sobre su dura infancia
"Mi mamá era epiléptica y se fue de casa, mi papá era alcohólico y no me podía criar así que me dejó en un orfanato, en Córdoba. Mi abuela se enteró y me sacó de ahí antes de que me adoptara otra familia, y me llevó a vivir con ella", cuenta Carabajal sobre su dura infancia - Créditos: @Ignacio Sanchez

-¿Y buscás a una hermana?

-Tengo una hermana que no conozco. Es un año más chica que yo, y mi abuela me dijo que la entregaron . Cuando fui a ver a mi papá no supo decirme nada concreto, simplemente me dijo que se la dieron a la familia de un escribano. Me habló de un código rojo que le hicieron firmar, que le cambiaron el nombre y el apellido a la nena. No sé, muy confuso todo. Intenté averiguar a través de mi mamá, de mis tías, de la maternidad, pero nadie sabe nada. Se llamaba Elizabeth y hoy tiene 38 años, cumple años en diciembre, pero no sé nada más. Me encantaría encontrarla. En un momento me ocupé mucho, pero se me acababa la información. Es uno de mis grandes anhelos, soy creyente y lo dejo en manos de Dios ; será cuando tenga que ser y si tiene que ser. Hoy mi familia y mis hijos me roban la atención.

-Una gran historia resiliencia. Hoy sos el artista del pueblo en el que pedías para poder vivir...

-No tenía nada y hoy disfruto de lo que pude lograr. Mi primo Diego es mi asistente, mi hermano de crianza. El proceso contado desde donde estoy parece muy difícil, pero de chico yo no tenía conciencia de nada. Cuando dormíamos en las terminales de ómnibus o de trenes para mí era un juego. O nos divertíamos pateando una pelota de papel. No conocíamos todo lo que vino después. Me acuerdo que mi abuela lloraba y nosotros no entendíamos por qué. Hoy la entiendo. Fue un ejemplo de amor de madre y de abuela, me enseñó todas las cosas lindas que sé.