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La apuesta de Ariadne Artiles por un ritmo de vida 'slow': ¿por qué deberíamos dejar de tener prisa?

“Entonces dejas de tener prisa, entiendes que la vida no se trata de ir rápido, sino de disfrutar de cada instante. Apreciar los detalles, coleccionar momentos, quedarte donde se te achinen los ojos al sonreír, y donde sepa a calma aunque fuera esté diluviando”. Así describía en una reciente publicación en sus redes sociales la modelo Ariadne Artiles esta forma de vida lenta, que deja de lado las prisas, se centra en los detalles y promueve una filosofía que se ha dado en llamar slow. Toda una declaración de intenciones que, desde aquí, aplaudimos.

Y es que sí, como decía una conocida canción de Alejandro Sanz, vivimos demasiado deprisa. “Creo que no es una cuestión de elección, sino que hay ritmos que vienen marcados desde fuera. La vida en general va rápido. Lo que sí creo que es una cuestión de elección es gestionar lo que hacemos y cómo hacemos con lo que nos viene impuesto, por un lado, y con lo que depende de nosotros, por otro”, reflexiona al respecto Rebeca Cáceres Alfonso, doctora en Psicología y Psicoterapeuta, fundadora y directora de Tribeca Psicólogos.

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Causas por las que vamos demasiado rápido

Le lanzamos a la experta una pregunta clave: ¿por qué motivos parece que vamos siempre acelerados? “Porque hemos de dar respuesta a una sociedad que se ha vuelto exigente. La vida ha cambiado sobremanera en los últimos cincuenta años y dar respuesta a esos cambios nos obliga a ir rápido. La incorporación de la mujer al mercado laboral, los cambios familiares por la movilidad de los pueblos a las ciudades, el tamaño mínimo de la vivienda, el aumento de la esperanza de vida y consigo el aumento de la enfermedad crónica… Todos estos cambios sociales han hecho que nos replanteemos el modo de vida y que sea tan distinto a cómo se conocía”, nos anticipa la psicóloga. Pero añade que, además de esto, han influido otros factores, como el hecho de vivir en una sociedad más consumista, la revolución de internet, la mirada actual hacia la infancia que, afortunadamente, poco se parece a la de antes, tener que dar respuesta al precio de la vivienda que en la mayoría de los casos es con la presión de una hipoteca, el aumento de la cultura del ocio que a veces se ha vuelto más bien estresante… Y otros muchos factores que creo que hacen que vivamos como vivimos.

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Bajar el ritmo

Toca, por lo tanto, bajar el ritmo, sin duda, una buena decisión en opinión de la experta. “En medio de tantas obligaciones como tenemos, es vital aprender a poner cada cosa en su lugar, planificar y priorizar. A veces, queremos hacerlo todo ya o nos responsabilizamos de más de lo que nos toca o queremos llegar a todo… Replantearse cómo estamos y no funcionar en piloto automático es algo muy importante para tener salud y evitar el estrés. Al final el ritmo rápido se nos marca a todos, pero ante las mismas condiciones hay personas que deciden vivir mejor bajando el ritmo, priorizando y priorizándose y esto es una cuestión de toma de decisiones”, nos cuenta Rebeca Cáceres.

Cuando llega el momento en el que nos damos cuenta de que debemos parar

Claro está que, en ocasiones, llega un momento en el que hacemos clic y nos damos cuenta de que es importante frenar. No siempre es fácil, y en ocasiones llega tarde, pero lo cierto es que, en opinión de Rebeca Cáceres, ese momento tiene que llegar para recuperar niveles de salud. “Sin embargo, como psicóloga siempre trabajo más en la prevención que en ese clic que llega cuando no se puede más. Frenar y cuidarse es un asunto de cada día, tiene que ser un estilo de vida. De nada nos sirve parar en seco porque el cuerpo nos haya dado un aviso y que después sigamos en lo mismo”, matiza la psicóloga.

Afrontar ese momento en el que decidimos que debemos parar no es fácil, tal y como nos cuenta la experta, para aquellas personas que viven en piloto automático y que creen que el modo de vida que tienen es el único que pueden tener “porque no les queda otra” (esto es lo que dicen muchas veces) y porque no pueden aspirar a otra cosa.

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Filosofía de vida 'slow'

Precisamente cuando vivimos en esta sociedad en la que las prisas son nuestras compañeras de viaje, cada vez hay más movimientos que promueven una filosofía de vida slow, huir de las prisas, del ritmo de vértigo, ¿cuál es la opinión de la psicóloga al respecto? “A mí me encanta esta filosofía y creo que es un estilo saludable que nos permite vivir la vida con calidad. También es cierto que creo y que insisto en que esto debe ser un hábito de vida porque asistir a clases de yoga o de mindfulness para aprender a respirar o a conectar cuerpo y mente, pero seguir en una vida acelerada y atascada por las obligaciones no tiene sentido. De esto también hay mucho y creo que hay que trabajar en el modo de vida para que efectivamente sea eso una filosofía de vida que se ponga en práctica con los hábitos diarios”, considera.

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Saborear más los pequeños momentos de la vida

Sin duda, esta filosofía nos permite saborear más la vida, y tiene muchos beneficios como tener una vida más conectada con las necesidades de uno mismo y con las de las personas importantes con las que nos relacionamos: familia, pareja, hijos, amigos. “Estar conectados nos permite vivir mejor, nos ayuda a conocernos más, a gestionarnos mejor, a crecer y nos lleva a cuidarnos y a cuidar. Todo esto puede considerarse que es un factor protector del estrés y a la vez es un indicador de salud mental y de felicidad siempre que se sepa aprovechar este tiempo y esta filosofía”, apunta.

Consejos para una vida más lenta

Para terminar, le pedimos a la psicóloga que nos resuma los consejos que daría para poder adoptar esta llamada filosofía slow.

  • Lo primero de todo revisar nuestra propia vida.

  • A partir de ahí ver nuestras necesidades y planificar en qué momentos de cada día y de la semana podemos ir introduciendo pequeños cambios que nos lleven hacia esa filosofía.

  • Es importante tenerlo en mente como un hábito de vida, ser constante con ello y comprometerse con este nuevo estilo de vida que, sin duda, nos traerá beneficios muy tangibles.