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¿Están cambiando las redes sociales los ideales de belleza?

Hay un hecho que parece confirmarse: baja la media de edad de los pacientes de medicina estética por la influencia de las redes sociales. De los 30 a los 20 años. Así lo confirma la doctora en medicina estética Graziella Moraes, quien es consciente de cómo los filtros de belleza están influyendo en las nuevas aspiraciones de quienes acuden a su clínica: sin marcas ni arrugas, con perfecto maquillaje o iluminación en el rostro. Algunos incluso hacen que se eleven los pómulos, los párpados y se rellenen los labios. Y es que los filtros de redes sociales están causando furor entre los usuarios más jóvenes que, además de compartir fotos dándoles uso, están bajando la media de edad, como decíamos, de los pacientes que acuden a las clínicas de medicina estética. Hemos hablado con la experta sobre este hecho, sobre qué tratamientos son los más demandados en esta franja de edad y cómo las tecnologías están haciendo cambiar la actualidad de la medicina estética.

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¿Hasta qué punto han cambiado las redes sociales nuestros ideales de belleza?

Siempre ha existido un referente de belleza. Antes lo encontrábamos en la televisión, en las revistas y en modelos o superestrellas de cine que salían en ambos medios, pero ahora, con el uso de las redes sociales, todo ello se ha acrecentado y, sobre todo la gente más joven, busca en estos canales su referente idea.

El problema del uso de las redes sociales como referentes para desarrollar un ideal de belleza es que en muchos casos no es una belleza real, sino que es una que ha sido creada por filtros, manipulada por juegos de luces y perfeccionada según diferentes ángulos que interfieren con la imagen real de la persona.

Debido a ello, en consulta a veces nos piden cosas imposibles de conseguir con medicina estética y que, además, conllevaría a dar un resultado que no favorecería a todos los rostros. Al final, cada persona tiene unos rasgos, una morfología diferente, y nuestro trabajo como profesionales es asesorar a nuestros pacientes para potenciar la belleza de cada uno sin tener que parecerse a otra persona.

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¿Pueden influir las redes sociales en que la edad media de los pacientes de medicina estética haya bajado?

Sí, por supuesto, precisamente porque los principales usuarios de redes sociales son personas muy jóvenes. Antes lo normal era comenzar a hacerse tratamientos a partir de los 30 o 35 años, pero ahora nos llegan muchas consultas, sobre todo mujeres, de entre 18 y 20 años.

¿Qué es lo que buscan, desde el punto de vista de la estética, las chicas más jóvenes?

Los labios. Esa es una de las preguntas más habituales, el hecho de querer hacerlos más voluminosos e hidratados para que den la sensación de que están más jugosos.

Por otro lado, también les preocupa el estado general de la piel, porque quieren tener ese efecto de “buena cara” permanente, una que incluso se mantenga después de un día agotador.

Y, cada vez más, gracias a la labor divulgativa que hacemos desde centros médicos y dermatológicos, vemos que se preocupan por la prevención. Es decir, retrasar los signos de la edad antes de que aparezcan, algo que hace más sencillo el corregirlos después.

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mujeres haciéndose un selfie
mujeres haciéndose un selfie

¿Ha notado un aumento de pacientes jóvenes en su consulta?

Sí, sobre todo muchas más primeras consultas, pacientes que quieren saber cómo mejorar aquello que nos les gusta, valorar qué opciones hay para llevarlo a cabo y ver qué resultado pueden obtener.

¿Cuál es su opinión, como experta en estética, de los filtros de belleza de Instagram?

En mi opinión, los filtros generan una imagen falsa de quiénes somos. No es que en sí sean malos, sino que lo que es realmente malo es el no ser capaces de entender e interiorizar que esa imagen nuestra que vemos reflejada no es real y que, de hecho, es físicamente imposible de conseguir con la medicina estética. El problema es que, como la tecnología es cada vez más avanzada, muchas veces están tan bien conseguidos que a los usuarios nos cuesta más diferenciar lo que es real de lo que no lo es.

Al final, a todos nos gusta vernos mejor, pero los filtros cambian nuestra morfología, nuestra piel y nuestros rasgos sin tener en cuenta nada más, dándonos un aspecto realmente imposible de conseguir en la vida real.

Desde los centros Graziella Moraes intentamos que nuestros pacientes entiendan que no existe un único tipo de belleza y que querer parecerse a un filtro que han visto por redes no les va a favorecer. Por eso es tan importante un diagnóstico hecho por un buen profesional médico que asesore con argumentos de peso, gusto por la belleza y mucha sinceridad y claridad.

¿Suponen el triunfo de una belleza, podríamos llamar, no real?

Bueno, está claro que en parte sí. Cuando perfiles con miles de seguidores y admiradores usan continuamente este tipo de filtros es inevitable que haya quien quiera parecerse a ellos, pero también estamos viendo que cada vez más perfiles públicos se están dando cuenta del peligro del abuso es este tipo de filtros y están tomando conciencia y trasmitiendo el mensaje de la naturalidad, incluso dejando de usarlos y mostrándose a su comunidad como realmente son (o, al menos, concienciando sobre la irrealidad de los mismos).

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¿Cómo piensa que las tecnologías están haciendo cambiar la actualidad de la medicina estética?

Creo que tiene una doble lectura. Tiene cosas negativas, como ya comentamos con el tema de los filtros, pero considero que también tiene una parte muy positiva, que es la de la normalización de la tendencia.

Cada vez notamos que socialmente da menos reparo acudir a las clínicas o contar a los demás los retoques que te haces para verte mejor, y eso es muy positivo, porque somos de la opinión de que sentirte bien por fuera te ayuda a sentirte bien por dentro. Así, normalizar el uso de la medicina estética dentro de la rutina de cuidados que nos hacemos es importante y nos gusta pensar que la tecnología, en las manos correctas, es un medio para llegar a muchas más personas y para derribar mitos, tabúes o miedos que puedan existir en este sentido.