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Clásico de clásica: las tres violinistas que definirán el futuro del instrumento en el siglo XXI

La violinista holandesa Janine Hansen
La violinista holandesa Janine Hansen

En 2000, la extinta revista mensual Classic CD, que surgió meteóricamente en los 90 acompañando el boom discográfico que continuó a la aparición de los compactos, llevó adelante una encuesta para determinar quién había sido el mejor instrumentista del siglo XX. Recién en el décimotercer puesto, aparecía la primera mujer que, por supuesto, era Martha Argerich. Cuando este siglo XXI finalice es de imaginar que los resultados de una hipotética encuesta sobre las excelencias deberían ser más equitativos en lo referente a las cuestiones de género. Las mujeres, por talento y constancia, y porque el contexto social y cultural viene siendo transformado por movimientos que promueven el avance hacia la equidad en todos sus sentidos, deberían tener muchísima mayor presencia. Y en tren de imaginar quiénes deberían figurar en ese listado, infaltables, insustituibles, deberían aparecer tres violinistas mujeres que vienen marcando el rumbo: Janine Jansen, neerlandesa, Lisa Batiashvili, georgiana, y Hilary Hahn, estadounidense, las tres nacidas en el bienio 1978-79, sin lugar a dudas, son las más notables violinistas de esa generación, contemplando tanto a ellos como a ellas.

La música georgiana Lisa Batiashvili
La música georgiana Lisa Batiashvili

Para conocerlas, por una cuestión meramente de espacio para una nota periodística, hemos decidido que, a cada una, le daremos dos videos , elección que, habida cuenta de la profusión de registros y la inmensa variedad que aborda cada una de ellas, será tan arbitraria como injusta. La mayor perjudicada por esta limitación será Janine Jansen, habida cuenta de que es la más activa de las tres, no por su trabajo estrictamente violinístico sino porque es una incansable promotora de festivales, utiliza abundante y sabiamente los medios y las redes sociales e impulsa distintos emprendimientos educativos y culturales. Como solista, ha paseado su estampa junto a las orquestas más importantes de todo el mundo. En este video, en el Concertgebouw de Ámsterdam, pasional, expresiva e intensa, interpreta el Concierto para violín y orquesta de Brahms junto a la Orquesta de Cámara de Europa, dirigida por el inolvidable Bernard Haitink.

En 2003, Jansen fundó el Utrecht International Chamber Music Festival, hoy por hoy, una referencia ineludible de la música de cámara . Año a año, junto a músicos de excelencia, Janine despliega su actividad como insuperable violinista de cámara. Acá, se la puede ver entrando minuciosamente y con una mirada muy personal en los conflictos y los misterios que Shostakovich sembró en su Cuarteto de cuerdas Nº8, de 1960. Junto a ella, tres músicos de excepción como son Boris Brovtsyn, Amijai Grosz y Jens Peter Maintz. Con una lectura por momentos distante de otras interpretaciones paradigmáticas de esta obra esencial de la música de cámara del siglo XX, Jansen y sus amigos ofrecen otra perspectiva, tan novedosa como atractiva.

Lisa Batiashvili, nacida en Tiflis, en 1979, podría ser considerada como otro producto más de alguna de las maravillosas escuelas musicales rusas. Sin embargo, luego de haber estudiado con su padre, en Georgia, a los doce continuó su formación en Alemania. Con todo, con el Concierto para violín y orquesta de Chaikovski, Lisa relumbra como una auténtica violinista rusa con un sonido caudaloso, pleno y una presencia vigorosa para recorrer, a puro romanticismo, todos los recovecos de esta obra tan lírica como diabólica . Ésta es una versión que realizó en el Festival de Salzburg, en 2018, junto a Daniel Barenboim y los músicos de la Orquesta del Diván.

En la reconstruida Iglesia de Nuestra Señora de Dresde, junto a la Staatskapelle Dresden, dirigida por Christian Thielemann, Batiashvili pudo exhibir sus inmensas cualidades con el célebre intermedio sinfónico de la ópera ThaÏs, de Jules Massenet, una pieza que está en las antípodas del virtuosismo del concierto de Chaikovski. En esta obra, luce delicada, equilibrada, afinadísima e intensamente expresiva.

Tan prodigiosa de niña, como sus otras dos contemporáneas, Hilary Hahn se formó en Filadelfia. También al igual que Janine y Lisa, Hilary ha interpretado las obras concertantes y camarísticas más conocidas de la historia. Pero ella ha denotado también una tendencia a acercarse a repertorios menos transitados de compositores de las últimas décadas. El año pasado, en la Alte Oper de Frankfurt, junto a la Filarmónica de la Radio de la ciudad, con el notable director colombiano Andrés Orozco-Estrada, Hahn se aventuró con solvencia y autoridad en las profundidades y las terribles dificultades del Concierto para violín y orquesta, de Alberto Ginastera, una obra neoexpresionista de 1963, muy lejana de aquellas obras en las que afloraban y latían los elementos criollistas del período temprano de la creación nacionalista de nuestro compatriota. Brillante de principio a fin, bastaría con observarla en su interpretación de la cadencia de apertura para admirarla como una artista consumada.

Mientras estudiaba y preparaba el concierto de Ginastera, para Decca, tal vez en un alarde de eclecticismo y amplitud, Hilary registraba la integral de las Sonatas y Partitas para violín solo de Bach. El sello discográfico, como promoción para todo público, subió a YouTube la última de las danzas de la Partita en si menor . Con una visión muy personal y un tanto impetuosa, alejada, en algunos sentidos, de otras lecturas más historicistas, Hilary ofrece una versión sencillamente magistral.

En este siglo XXI, tan cambalachesco, agitado y febril como el que lo precedió, sigue habiendo grandísimos violinistas varones . Ahí están, sentando presencia, figuras sobresalientes como Maxim Vengerov, Gil Shaham, Joshua Bell, Leonidas Kavakos y Ray Chen entre los más notables. Pero las muchachas los han equiparado y hasta parecería que la primacía tiene perfume de mujer. Basta recordar que, además de estas tres maravillosas violinistas, también están haciendo caminos trascendentes otras mujeres tan jóvenes como Patricia Kopatchinskaja, Sarah Chang, Vilde Frang, Julia Fischer, Nicola Benedetti y Bonsori Kim. En 2100, en algún arqueo sobre las maravillas del siglo que termina, muchas de ellas aparecerán, seguramente, entre los intérpretes para recordar aunque, obvio, ninguno de nosotros estará ahí para comprobarlo.