¿Cómo afecta a la salud el cambio del estado civil?

Una investigación española revela que enviudar resta bienestar e incrementa la probabilidad de depresión, sobre todo en mujeres

El estado amoroso de una persona puede influir en su salud cardiovascular ya que, según asegura la Fundación Española del Corazón (FEC), se ha visto que las personas divorciadas tienen más riesgo de infarto. (Foto: GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / NUBIAPEISENLOHR)

Nuestra vida sentimental puede llegar a influir y determinar nuestra salud, a muchos niveles. El riesgo cardiovascular, por ejemplo, es más elevado entre los divorciados; mientras que estar casado puede mejorar las posibilidades de sobrevivir a un ataque cardíaco.

Pero, ¿qué pasa cuando perdemos a nuestra pareja? ¿La soledad nos puede hacer enfermar? ¿Enviudar perjudica seriamente el bienestar y la salud? Este es el título de un curioso trabajo premiado con la Beca de Investigación de AES y Bayer, cuyo objetivo era analizar el efecto de enviudar sobre la salud y la demanda de cuidados (formales e informales) en Europa, comprobando si dicho efecto se mantiene en el medio/largo plazo, diferenciando por sexo y zona geográfica.

De acuerdo con la la literatura científica, estar viudo está relacionado con la pérdida de bienestar, derivada de un mayor sentimiento de soledad; peor salud mental, calidad de vida reducida, sentimiento de pérdida, cambio en los recursos familiares e incluso un mayor riesgo de mortalidad.

Según esta investigación, enviudar resta bienestar e incrementa la probabilidad de depresión, sobre todo en mujeres. (Foto: GETTY/ZIMMYTWS)

Por otro lado, todas las proyecciones realizadas por organismos internacionales y estudios científicos auguran que la esperanza de vida seguirá creciendo; por lo que la evaluación económica de la salud puede servir de gran ayuda a la hora de identificar poblaciones potencialmente vulnerables y planificar los sistemas de cuidados de larga duración en Europa y la organización de servicios de apoyo social.

Además, la prolongación de la esperanza de vida ha supuesto modificaciones en la estructura familiar, y una de las circunstancias que modifica en mayor grado las relaciones familiares es la viudedad, haciendo que, tras la pérdida del cónyuge, el superviviente sea más dependiente de sus hijos e incurra en un mayor gasto en atención sanitaria.

Más probabilidad de depresión

El trabajo demuestra que a los dos o tres años el bienestar de los nuevos viudos es menor, además de encontrar una mayor probabilidad de estar deprimido entre los nuevos viudos frente a los que permanecen en pareja, con una variación de 25 puntos porcentuales.

Asimismo, quienes enviudan tienen entre 8,3 y 10,8 puntos más de probabilidad de recibir cuidados profesionales en comparación a los que permanecen casados y por lo que respecta a los cuidados informales, quienes se quedan viudos son más propensos a recibir cuidados informales fuera del hogar (entre 15,24 y 21,3 puntos), mientras que tienen una menor probabilidad de recibir dichos cuidados por un familiar que viva en el mismo hogar en comparación con los individuos que permanecen en pareja.

Aproximadamente tras 5 años de haber enviudado, los resultados confirman la existencia de un efecto adaptación de los individuos, fundamentalmente en la parte relacionada con el estado de salud (bienestar social y depresión).

Diferencias por género y países

Los resultados muestran la existencia de diferencias de género, ya que en el caso de los hombres, a corto plazo, muestran que quedarse viudo tiene un mayor impacto en el bienestar individual y en la recepción de cuidados formales, mientras que, para las mujeres, el efecto más significativo se da en una mayor probabilidad de depresión y de recibir cuidados informales desde fuera del hogar.

Por países, enviudar tiene un efecto mucho más intenso sobre un peor bienestar y una mayor probabilidad de estar deprimido en los países del sur de Europa. En el caso de los países del norte de Europa, el principal efecto de la viudedad, en términos cuantitativos, a corto plazo se da en la probabilidad de recibir cuidados informales desde fuera del hogar.