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Crítica Punk | Five Nights at Freddy’s: En busca del susto perdido

Crítica Punk | Five Nights at Freddy’s: En busca del susto perdido
Crítica Punk | Five Nights at Freddy’s: En busca del susto perdido

La adaptación cinematográfica de la popular franquicia de videojuegosFive Nights at Freddy's (30%) se mantuvo rodeada de una gran expectativa por parte de la audiencia, prometiendo ser un banquete de sustos con un toque de comedia dentro de los lineamientos de terror. Sin embargo, la cinta bajo la dirección de Emma Tammi, no supo más que caer en la trampa de los abundantes sustos gratuitos, teniendo como resultado una historia llena de confusión y la cuál sólo pudo ser disfrutada por los fans del videojuego.

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Pizza, expectativas y desilusiones

Y es que en este proyecto todo parecía estar servido para entregar un filme sólido con miras a una franquicia y a su posible expansión transmediática. El regreso estelar de Josh Hutcherson le daba a la producción una carga de expectativa extra, así como un sello de calidad en el departamento actoral. Pero más allá de la gran expectativa de los fandoms, tanto del videojuego como del protagonista de Los juegos del hambre, poco y nada puede rescatarse de la propuesta cinematográfica.

La trama sigue a Mike, interpretado por Hutcherson, un hombre con serios problemas laborales que amenazan con arrebatarle la custodia de su hermana menor, Abby, a quien da vida Piper Rubio. En medio de su desesperación, Mike acepta un trabajo misterioso como el único guardia de seguridad en Freddy Fazbear's Pizza, un lugar abandonado que solía ser un teatro de animatrónicos.

Calificación de la crítica de Five Nights at Freddy's (Crédito: Tomatazos)
Calificación de la crítica de Five Nights at Freddy's (Crédito: Tomatazos)

Bien podría decirse que, en un intento de escalar lo ya visto en la popular saga, lo nueva propuesta perdió el rumbo, optando por un drama interpersonal que desilusiona, en oposición a los encuentros con los espeluznantes animatrónicos característicos del videojuego. Y si bien parece existir una preocupación por darle un lugar a la comedia en su narrativa, esta sufre por encontrar el equilibrio ante la ausencia de una contraparte sólida.

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Siendo justos con el género del terror, este siempre ha hecho uso de los mejores y peores clichés para lograr su cometido, muchas veces obteniendo resultados mixtos. Pero habrá que decir también que el valor de estos recae en el hecho de saberlos presentar, incluso en sus puntos absurdos, con una dosis innata de conciencia de sí mismo, en donde los chistes de autocrítica y la parodia tienen cabida. En el caso de FNAF, los de jump scares se sienten inefectivos y desarticulados de su trama global.

Pero todos estos pecados quedan de lado ante un error imperdonable: alejarse de la esencia de los videojuegos. Con el concepto de survival horror muy lejos de que lo que vemos en pantalla, la idea original hace uso de la angustia y la presión en un ambiente sumamente hostil, y en verdad difícil de superar, en el que el jugador se sumergía completamente para poder avanzar. El horror emana entonces de un asecho constante que se vuelve psicológico para el usuario.

Su capacidad de centrarse en la intensidad de la supervivencia e ir a contra reloj dentro de teatro de animatrónicos es una experiencia que tuvo ese éxito superlativo al sumergir a los jugadores en situaciones angustiantes y claustrofóbicas. Este tipo de terror se diferencia por su enfoque en la escasez de recursos, la vulnerabilidad del jugador y la constante presión del tiempo.

La desconexión entre el juego y la pantalla grande

Los juegos de este género a menudo se presentan en mundos apocalípticos, como fue le caso de la saga de Resident Evil en todas sus adaptaciones, donde criaturas aterradoras y desafíos mortales esperan en cada esquina, aunque aquí sean terroríficos robots y no zombis hambrientos. La gestión eficiente de los recursos, la toma de decisiones rápidas y la adaptabilidad representaron elementos clave para sobrevivir, que realmente no supieron brillar en esta entrega con ninguna de las nuevas introducidas por sus personajes.

La sensación de urgencia, y la inmersión por medio de narrativas intensas que significan la vida o la muerte, fue sustituida con el pasado tormentoso de Mike y la necesidad apremiante de este por conocer el paradero de su hermano. Aunque lo desgarrador, en este caso un pasado traumático, puede llegar a ser igualmente terrorífico que un monstruo, mitad mecánico mitad espíritu, la historia que debía acompañar todo aquello que ya había funcionado en el videojuego terminó por desecharlo a un segundo plano.

En realidad, debido a estos añadidos fallidos, el mensaje de su creador, Scott Cawthon, es el de no confiar lo suficiente en su propia historia como para dejarla brillar por sí misma en la pantalla grande. Y hay que decirlo, combinar una buena historia que sirviera como hilo conductor de los elementos de horror ya conocidos en el juego de FNAF era muy plausible. Si el 2023 nos ha dejado un aprendizaje, es que la traducción de videojuego la sala de cines es viable y capitalizable.

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Aunque Solo en la Oscuridad (1%), Assassin's Creed (18%), Lara Croft: Tomb Raider (20%), junto a la más reciente entrega de Resident Evil (41%) y Gran Turismo: de Jugador a Corredor (71%), son grandes ejemplos de que Hollywood continua luchando por encontrar la fórmula mágica para transformar exitosamente los mundos virtuales en experiencias cinematográficas satisfactorias. Pero en el caso de Super Mario Bros. La Película (75%) y desde luego la aclamada The Last of Us (97%), también dan testimonio de que encontrar el equilibro entre ambas vertientes, siempre y cuando se mantienen los estándares de calidad, es un objetivo alcanzable.

Desde luego, la crítica especializada en videojuegos, argumenta que el eslabón perdido entre estas dos industrias en sin lugar a duda el factor inmersivo. Pero esto no es algo a lo que la narrativa, ni tradicional ni la de la era digital, sea ajeno. En realidad, se trata de la posibilidad de controlar la trama y sentirte parte de una historia creando cierto nivel de interacción parasocial.

En el caso de Mario Bros., esta se logró a través de una gran dosis de nostalgia, que sirvió para sacar a flote una trama sencilla, pero con personajes que explotaron el potencial de su narración. Por su parte, The Last Of Us lo logró por diversos frentes, en primer lugar confiando su valiosa historia al mejor sinónimo de calidad en la pantalla chica, HBO, y por el otro, dar un acertadísimo giro en temas de representación que añadieron muchas más capas de complejidad a una ya de por sí nutrida historia. Pero de manera más explícita, Black Mirror hizo lo propio con su episodio Bandersnatch.

En contraste, FNAF parece carecer de una alegoría lo suficientemente penetrante, tanto como para el género de horror cinematográfico al que busca adaptarse, como a los debates en torno al mundo de los videojuegos y su injerencia en la vida virtud vs la real. Fue así como esta oportunidad desaprovechada terminó por ser duramente castigada por la crítica y por la audiencia general ajena a las referencias de la franquicia.

Otro sector de gamers lleva esta discusión al campo del respeto por su propio contenido, cuando de trasformar lo virtual a lo cinematográfico se trata. La ausencia de una verdadera intensión por aterrorizar, así como la de plasmar en pantalla a los elementos que identifican adecuadamente al videojuego con sus seguidores, no fue recibida gratamente por los fans más cercanos a la serie de videojuegos.

Caso contrario lo ocurrido con los espectadores casuales, atraídos a la cinta por el estelar de Hutcherson, y quienes se sintieron más interesados por una posible historia sobrenatural enfocada en el trauma y la tragedia de los hermanos Schmidt. Desde luego, esta parece ser cortada de tajo con la revelación final, y un tanto confusa, sobre la verdadera naturaleza del Golden Freddy —posiblemente con la intensión de revelarlo en futuras secuelas—, así como el destino de la familia y su posible regreso a Freddy’s en el aire.

En lugar de sumergirnos en un mundo intrigante y complejo, que lleve más allá lo conocido en el juego, el enfoque se mantiene únicamente en provocar el sobresalto del espectador. Estos trucos simplemente parecen no estar a la altura de un fandom penamente comprometido con la cinta, que se ha encargado de desatar toda una fiebre de memorabilia y boletos. Pero el producto final se conformó con entregarles a los espectadores una película víctima de la pesadez de su propia trama. Sobra decir que sus fans merecen mucho más que esto.

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Si bien la falta de atención al núcleo narrativo en la adaptación cinematográfica fue el principal factor detrás de las pésimas críticas, los fans del juego pudieron apreciar la fidelidad visual de los animatrónicos y la estética general del juego, aunque quien buscase una historia sólida y coherente quedaría decepcionado. La trama resultó así incomprensible para aquellos que no han experimentado el juego, resultando en una experiencia cinematográfica incoherente y difícil de seguir.

Entre la fidelidad de los fans y las críticas desfavorables

Además, la elección de enfocarse en la superficie estética en detrimento de la profundidad narrativa dio la impresión de que la película carece de sustancia. Aunque los efectos visuales y el diseño de los animatrónicos llegan a ser impresionantes, si no están respaldados por una trama convincente y personajes bien desarrollados, la película se erige meramente como un ejercicio visual sin corazón.

Mientras muchas de las secuencias de terror del videojuego fueron replicadas como copias, estas se sienten abandonadas por el guion son un blanco fácil de despropósito narrativo. Lo mismo ocurre con los animatrónicos, pues Freddy, Bonnie, Chica, Foxy y Balloon Boy, las espeluznantes criaturas magistralmente traídas a la vida por el Creature Shop de Jim Henson, se hacen presente como el mejor elemento de la cinta , así como el peor utilizado.

Después de todo, esta era su película, su momento para brillar en el mundo del celuloide. Pero, a decir verdad, la trama de Mike y Abby los opaca, sin que estos lleguen a ser los villanos sanguinarios que desde el 2014 han mantenido a los gamers al borde de sus asientos. Es así como FNAF obtiene un oxímoron narrativo que, de no ser por sus fans aguerridos, hubiera condenado a la futura franquicia cinematográfica al fracaso.

Incluso bajo la guía de la experimentada figura de horror de bajo presupuesto, Jason Blum y su productora Blumhouse, la cinta tuvo peor calificación que una cinta promedio del género, que sin duda responde a la expectativa no cumplida. Queda claro que, cuando el horror sale por la venta en plena temporada de Halloween, los aplausos no llegan.

Con un presupuesto de US$20 millones, para su segundo fin de semana registrará una suma por arriba de los US$160 millones, un triunfo contundente en taquilla por donde quiera que se le mire. Desde luego, este resultado favorecedor invitará a sus productores a dar luz verde a secuelas, que continuará con una exploración de la mitología de estos personajes.

Mientras esta cinta de 109 minutos fue clasificada como PG-13, sus seguidores estarían satisfechos con un mejor uso del error que elevara a clasificación hasta mayores edades. Si bien la película no tuvo en cuenta el hecho de que el verdadero terror surge de la construcción de una atmósfera convincente, en el lado positivo de la fórmula, los efectos visuales implementados por la directora y su equipo fueron los recursos mejor ejecutados en FNAF, algo que bien puede ser aprovechado en futuras oportunidades.

Ante la gran recaudación en taquilla lograda gracias a la lealtad y entusiasmo de su amplia base de fans que ha acumulado una considerable cantidad de seguidores a lo largo de los años, también parece haber evidenciar el desaprovechamiento de una comunidad apasionada ansiosa por ver cómo sus personajes favoritos cobran vida en la pantalla grande. Si este fue el resultado para una cinta, en el mejor de los casos calificada como mediocre, una mejor adaptación pudo resultar en un verdadero fenómeno cultural sin antecedes en su nicho.

Sin embargo, a pesar del entusiasmo inicial de sus fans, las pésimas críticas y la mala recepción por parte del público general pueden llegar a tener consecuencias catastróficas para FNAF de cara al futuro. Esta no sería la primera vez que viéramos un reboot prematuro, o simplemente una continuación con personajes nuevos, lo que pondría en peligro la continuidad de Josh Hutcherson en el proyecto.

Resulta una verdadera pena que esta película se convirtiera en un ejemplo más de lo que sucede cuando una producción opta por la facilidad de los jump scares en lugar de invertir tiempo y esfuerzo en la construcción de una experiencia cinematográfica significativa, acorde al material original. Si lo que está por venir para FNAF hará justicia a sus fans o no, será responsabilidad total de Cawthon, quien debe de saber leer la señales de que este no es el camino para honrar a su obra.

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