¿Cuidas tus pies como se merecen?

Uno de los podólogos más prestigiosos del mundo, el Steve Jobs de los pies, nos explica la relación entre el estado de nuestros pies y nuestro bienestar, tanto físico como emocional (especialmente en el caso de los runners y deportistas

Realizarse un chequeo médico es la mejor prevención. Si cuidamos bien de esta parte del cuerpo, reduciremos el dolor y las lesiones, y disfrutaremos más del día a día y de la práctica del deporte. (Foto: Getty)

Los pies son una de las partes más importantes del cuerpo y a la vez una de las más olvidadas. Son el único punto de apoyo del cuerpo, la única parte que apoyamos en el suelo. Sobre ellos sostenemos todo el peso del cuerpo. Son nuestros cimientos. Si construyes un edificio ¿verdad que procurarás que tenga unos buenos fundamentos para que se sostenga bien?

Por eso, debemos “escucharles” cuando se quejan. O, mejor aún, actuar preventivamente para que eso no suceda y no se vea afectada nuestra salud. Para ello, hemos hablado con uno de los podólogos más prestigiosos del mundo, que es, entre otras cosas, el podólogo del primer equipo del Real Madrid C.F., de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA) y de numerosos deportistas de élite.

Un gran porcentaje de personas utiliza un zapato más pequeño de lo que debería. Pequeños detalles, como una puntera muy estrecha, no acertar con la talla, materiales poco transpirables o un excesivo tacón, pueden provocar patologías en nuestros pies como los temidos juanetes, los dedos en garra o los callos (Foto: Getty)

“Cualquier pequeña alteración en la forma de caminar puede derivar en una lesión. Una mala pisada se repite miles de veces y pueden verse afectadas estructuras como la rodilla, la cadera o la espalda”, nos cuenta Víctor Alfaro, fundador de Podoactiva y especialista en podología deportiva.

Además, hay otros males asociados a un mal cuidado de los pies. Por ejemplo el dolor de espalda. Un problema que -según el autor de Todo comienza por un paso’- es una de las mayores causas de baja laboral, junto con el cansancio excesivo de las piernas.

Si nunca has visitado a un podólogo ya va siendo hora de que lo hagas. Y si, además, te gusta correr, no tienes excusa: no hacerlo es tirar piedras contra tu propio tejado. (Foto: Getty)

El exceso de tensión y sobrecarga en toda la cadena posterior de nuestro cuerpo (tendón de Aquiles, tríceps sural, isquiosurales, zona lumbar baja) puede deberse a unos pies con un exceso de arco o a unos pies con un exceso de pronación (o sea, con poco arco).

Una mala pisada puede generar disimetrías, problemas de espalda, de  articulaciones… Una revisión continuada es esencial.(Foto: Getty)

¿Qué sabes de tus pies?

En un espacio tan pequeño como un pie tenemos 28 huesos, 33 articulaciones y más de 100 tendones. Esto es así porque el pie está concebido para adaptarse a diferentes superficies. Cada vez que pisas, esos huesos, articulaciones y tendones se mueven y absorben el impacto. Si no lo hicieran, tus rodillas se romperían como si fueran de cristal. El efecto para tu cuerpo sería el mismo que si a un coche le quitaras los amortiguadores.

En cada pisada descargas sobre el pie que cae el doble de tu peso, y hasta cuatro veces cuando corres. Imagina una persona de unos 70 kilos que corre una prueba de 10 kilómetros. Eso son, como mínimo, 5.000 impactos sobre cada pie. Si multiplicamos su peso por cuatro (280 kilos) y éste por los 5.000 impactos, tenemos que en una simple carrera popular cada uno de sus pies soporta un peso de 1.400.000 kilos, o sea, 1.400 toneladas.

Teniendo en cuenta que un elefante pesa unas 5 toneladas, es como si cada pie hubiera soportado el peso de 280 elefantes. Si ese  amortiguador que llamamos pie funciona bien, no pasa nada, pero en caso contrario empiezan a aparecer los problemas.

Además de ser un reflejo de nuestra salud, los pies dicen mucho de la personalidad de sus dueños. (Foto: Getty)

¿Cuál es tu tipo?

Los pies se clasifican en función de la longitud de los dedos. A ver cuál es el tuyo…

Pie griego: el segundo dedo es más largo que el primero. Este tipo de pie está presente en aproximadamente el 15 por ciento de la población, por lo que la mayor parte de los zapatos no están diseñados para esta tipología. Esto puede ocasionar problemas de traumatismo en la uña del segundo  dedo, callosidades en el pulpejo del mismo y también la generación de “dedo en garra” por estar ese segundo dedo comprimido contra la punta del zapato. En caso de tener este tipo de pie, es muy importante elegir bien el zapato y la zapatilla para evitar estos problemas.

Pie egipcio: el segundo dedo es más corto que el primero. Es el tipo de pie más habitual y está presente entre el 50-60 por ciento de las personas. La mayor parte de las hormas de los zapatos están fabricadas para este tipo de pie por lo que en teoría va a ser más fácil encontrar un calzado correcto.

Pie cuadrado: el primer y segundo dedo son iguales. Después del pie egipcio sería el segundo tipo de pie más frecuente. Al igual que pasa en el pie griego, es posible que con algunos zapatos se generen problemas en la uña y el pulpejo del segundo y tercer dedo, por lo que hay que prestar atención a la horma de los zapatos.

Y tú, ¿pronas o supinas?

La casi totalidad de los mortales contactamos con el suelo por la zona externa del talón (o sea supinando) y la totalidad despegamos por el primer o segundo dedo, por lo que en algún momento pasamos de apoyar la zona externa a apoyar la interna (es decir, “pronamos”). Dicho de otra forma, casi todas las personas somos supinadoras y pronadoras a la vez. Ése es el movimiento natural del pie. Lo que se debe corregir es el exceso de pronación o supinación. “Antes de arriesgarte a comprar unas zapatillas inadecuadas, es mejor que acudas a un centro especializado y te hagas un estudio biomecánico de la pisada”, aconseja el experto.

Si sientes molestias o dolor a menudo, aunque sea leve, no lo dejes pasar. (Foto: istock/Getty)

Deformidades del pie

Pueden ser congénitas o adquiridas. Las primeras se producen por factores hereditarios y las segundas por alteraciones de diferentes tipos: traumatismos, problemas neuromusculares, hábitos y calzados inadecuados, etcétera.

Las más frecuentes son:

  • Pie plano: el arco longitudinal interno desaparece o está aplanado.
  • Pie cavo: el arco longitudinal interno es más grande de lo normal.
  • Pie equino: el pie se apoya en el suelo únicamente por la parte anterior, o sea, el talón no toca el suelo.
  • Pie talo: el pie se apoya en el suelo únicamente en la zona del talón.
  • Pie varo: la planta del pie mira hacia el interior.
  • Pie valgo: la planta del pie mira hacia el exterior.

¿Y si los tengo planos?

Una de cada cinco personas en el mundo tiene pies planos (un 20 por ciento de la población mundial), y es uno de los problemas podológicos más comunes. Esto les ocasiona problemas como cansancio, desgaste de las rodillas, problemas circulatorios, etc.

Es necesario acudir a un especialista para saber de qué tipo de pie plano se trata y cuál es el mejor tratamiento. En niños pequeños el pie se puede corregir a menudo con ejercicios de potenciación, pero a partir de los cuatro años hay que empezar a hacer plantillas para cambiar los ejes de alineación del pie y que esos músculos empiecen a trabajar diferente. En los casos extremos hay que

valorar la operación.

En adultos, lo más importante es hacer una buena plantilla que minimice las consecuencias

del pie plano. La incorporación de la tecnología a la podología también ayuda. Lo ideal es que sean plantillas elásticas, flexibles y adaptadas al peso de la persona, de modo que permitan que el pie se recoloque y sea lo más funcional posible. Los tratamientos siempre deben ir asociados a ejercicios tanto de estiramientos como de potenciación.

¿Me puedo lesionar por la forma de pisar?

Si, muchas lesiones de rodilla y de espalda tienen su origen en la pisada. La rodilla es una articulación que funciona más o menos como una “bisagra”, es decir: sólo permite movimientos de flexión-extensión por deslizamiento de la cabeza del fémur sobre la tibia, nunca movimientos oscilatorios y rotacionales. Tener una técnica inadecuada, no usar el calzado correcto, correr por superficies duras o haber tenido lesiones previas son algunas de las principales causas que pueden llevar a la aparición de lesiones en la rodilla.

Otra de ellas es el pie inestable. Los problemas más comunes que pueden surgir son: Inflamaciones articulares, desgaste de menisco, riesgo de sufrir un esguince articular o ligamentoso, tendinitis rotuliana, gemelar o isquiotibial, derrame articular, desgaste de cartílago, contracturas musculares…

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