Daniel Giménez Cacho es un patriarca emotivo en la primera película en español de Rodrigo García

Pese a que “Familia”, el drama que se encuentra desde este viernes en Netflix, se desarrolla en el Valle de Guadalupe, ubicado en Baja California, su origen se produjo en Los Ángeles, durante la promoción de “Bardo”, la película más reciente de Alejandro G. Iñárritu.

Fue aquí donde llegó Daniel Giménez Cacho, uno de los actores mexicanos más reconocidos de la escena mexicana actual, debido a lo que le tocaba hacer en calidad de protagonista de una cinta que lo encontraba interpretando a una suerte de alter ego del realizador de “Amores Perros”.

En medio del recorrido, el actor fue interceptado por Rodrigo García, quien, más allá de ser hijo del célebre escritor colombiano Gabriel García Márquez, es un experimentado cineasta que ha rodado una docena de largometrajes y que ha trabajado al lado de figuras de la talla de Glenn Close, Sissy Spacek, Naomi Watts y Annette Bening.

“Rodrigo, que vive por allá, me dijo que tenía un guión para mí, y me dio el de ‘Familia’”, nos dijo Giménez Cacho a través de una conexión de Zoom con Ciudad de México, donde radica. “Yo ya conocía su cine, y esta historia me gustó mucho, porque está muy bien escrita, al igual que las demás que ha hecho”.

“Él es un gran conocedor del alma humana, del comportamiento fino de los movimientos delicados, de los movimientos sutiles del espíritu”, describió. “Del mismo modo, esta no es una película de desgarramientos, de acción ni de asesinatos, como las que yo suelo hacer, sino de pequeñas cosas, de pequeños cambios, lo que representaba una novedad para mí”.

En el monte

Todo esto se produce durante el reencuentro entre Leo, un viudo que se ha pasado la vida entera en el campo, a cargo de sus cultivos de olivos, y sus tres hijas (interpretadas por Natalia Solián, Ilse Salas y Cassandra Ciangherotti), quienes tienen sus propios conflictos existenciales, sus propios planes y sus propias personalidades.

Para García, contar con alguien como Giménez Cacho resultaba no solo esencial como soporte de un relato que contaba desde la página con muchos personajes llamativos, sino también por la necesidad de tener a bordo a un intérprete que perteneciera a su misma generación.

“Daniel incorpora no solo su talento como actor, sino que proyecta muchas emociones, mucha vida interior”, nos dijo el cineasta a través de otra conexión de Zoom, establecida esta vez desde nuestra ciudad. “Trabaja de una manera que parece ser muy sencilla, pero que comunica mucho. Además, creo que todos los que lo rodean lo admiran mucho, y hace que se trabaje en conjunto al mejor nivel”.

En la cinta, Leo, está tratando en teoría de hacer lo mejor que puede, pero no sabe manejar bien la situación, sobre todo cuando se relaciona con sus temperamentales hijas. Giménez Cacho reconoce que el personaje lleva con orgullo el término de patriarca, pero asegura que no es uno estereotípico.

“Es un macho que tiene sus rasgos autoritarios, sí, pero es también un viudo al que le tocó sacar adelante a sus hijas; y ya desde ahí, tiene una cuota de feminismo”, afirmó el actor. “Está obligado a escuchar, a dialogar, a pedir perdón, a modificar sus actitudes”.

“Aunque no lo quiere, pierde a veces la calma, pero está en un momento de crisis, porque está planteándose la posibilidad de vender el negocio familiar del que nunca se ha separado”, agregó. “Y de pronto, a su avanzada edad -bueno, 65, o los que tenga-, se enfrenta a la posibilidad de tener una nueva vida fuera de ahí”.

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Cuestión de edad

En palabras de García, Leo es un padre tan humano como complicado. Se encuentra en un momento de su vida en el que sus hijas, ya adultas, han empezado a abandonar la mirada idealista con la que lo observaban anteriormente para notar sus defectos y atreverse incluso a cuestionarlos.

“Hay contradicciones que son interesantes, al ser este un ranchero de tercera generación que, por esencia, debería ser muy patriarcal, muy conservador”, señaló el director. “Tiene algo de eso, claro, porque creció en un mundo así. Pero desde que tomó la decisión de casarse con una mujer que era escritora y que tenía su propia vida creativa y profesional, se distinguió ya del promedio”.

“Yo creo que es una persona medio cruzada entre lo conservador y lo liberal”, añadió. “A veces quiere imponer su voluntad y apela a un estilo de autoridad un poquito salvaje, pero es bastante justo con las necesidades de sus hijas. También tiene que defenderse, porque las hijas le exigen mucho y lo arrinconan mucho, como suele suceder con las generaciones actuales”.

No hay que olvidar que las películas de García tienen un incuestionable aspecto femenino. Las mujeres son no solo las que dominan el reparto, sino que, con contadas excepciones -como es el caso de “Last Days in the Desert” (2015), “Raymond & Ray” (2022) y el presente filme-, son las protagonistas absolutas. En este caso, sin embargo, la participación de ellas sigue siendo esencial.

“Sí, siguen siendo un área de interés muy grande para mí, y además, un área sumamente exótica”, retomó el cineasta. “Como no soy mujer, es como si filmara una película en otra cultura, en otro país. Las tres hijas son la contraparte, como lo es también la novia de Leo [interpretada por la española Maribel Verdú] y la nieta que aparece por ahí. Nunca se me ocurrió llenar la mesa de hombres”.

En carne propia

A diferencia de los actores que aseguran poder interpretar personajes que no tienen absolutamente nada que ver con ellos, Giménez Cacho ha dicho siempre que tiene que haber algo de sí mismo en los sujetos que se le encomiendan.

“Es la manera en la que yo trabajo, porque siempre necesito del material personal”, retomó. “En este caso, mi padre fue la gran inspiración, porque también fue un patriarca importante y autoritario, pero tuvo igualmente la capacidad de cambiar y de escuchar”.

“Esto es como un pequeño homenaje secreto que yo le hago, y siento que es muy evidente”, manifestó. “Una hermana mía vio mi actuación y se conmovió mucho, porque sintió retratadas varias cosas de él y de nuestra familia”.

Garcia atravesó un proceso semejante desde el proceso de escritura. “Este personaje tiene que ver conmigo mismo, con ser un hombre de cierta edad, con saber ya un poquito cómo está el calendario, cuánto se ha vivido y cuánto tiempo te puede quedar”, explicó. “Por otro lado, durante la preparación, Daniel mencionó algunas veces a su padre, pero no me lo puso como una referencia total”.

“Sin embargo, a medida que filmamos, se puso a hablar cada vez más de él; y luego, en las entrevistas, me he dado cuenta hasta qué punto lo usó como inspiración”, prosiguió. “Pero yo no conocía a su papá, por lo que todo eso es parte de su propio proceso. Fuese lo que fuese, le funcionó muy bien”.

Los que estuvieron antes

La historia de vida de Giménez Cacho es interesante. Sus padres eran dos españoles que llegaron a México después de la Guerra Civil. Tuvieron cinco hijos en la nación azteca, y decidieron regresar a su lugar de origen en 1960. Fue allí (más precisamente, en Madrid) donde tuvieron a su quinto hijo, Daniel. Pero, después de dos años, decidieron regresar al país vecino de Estados Unidos, donde se crió nuestro entrevistado.

Los dos tenían también interés por las actividades escénicas. Formaron parte de La Barca, un grupo teatral que había sido fundado por el legendario poeta y dramaturgo Federico Garcia Lorca. Sin embargo, como lo dice ahora el menor de sus hijos, la carrera en esta disciplina que pretendían emprender se vio completamente truncada debido al conflicto social y armado que se vivía en esos días, y que terminó con el dictador Francisco Franco en el poder.

“Me parece que lo que ha pasado conmigo ha sido inconsciente, porque ninguno de ellos pudo dedicarse a esto”, nos contó Giménez Cacho, quien además de hacer cine y televisión, participa constantemente en montajes sobre las tablas. “Es curioso ver cómo la vida te permite realizar lo que tus antecesores no realizaron, aunque tuviera que hacerlo contra su voluntad, porque mi padre no quería que yo fuera actor”.

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Vuelta al origen

“Familia” es la primera película de Garcia que se hace en español y en un ambiente estrictamente latino, lo que hace que se tratara de una cuenta pendiente y hasta urgente dentro de la obra de un artista que ha trabajado también frecuentemente en la televisión estadounidense.

“Ya llevaba mucho tratando de hacer algo que fuera con una familia latina en Estados Unidos o con una familia en México”, nos dijo. “Por aquí, las cosas latinas son bastante difíciles de levantar, por lo que, finalmente me animé a hacer esto en México”.

Para tenerlo claro, el director nació en Bogotá, pero se crió en la Ciudad de México, a la que llegó con 1 año de edad. “Estuve allí tres tres décadas”, afirmó. Tiene todo el sentido del mundo, entonces, que “Familia” suceda por allá, aunque faltaría entender la necesidad de ubicarla en el Valle de Guadalupe, una zona eminentemente rural, particularmente apacible y cargada de una gran belleza.

“Quería un lugar cercano a la frontera, porque me interesaba hablar de las familias que son bastante bilingües y biculturales, y que se encuentran muy influenciadas por la cultura americana”, detalló nuestro interlocutor. “No quería que fuera un rancho más tradicional, como ocurriría en Chihuahua o en Durango, porque eso no se hubiera prestado para la familia sui generis que había que mostrar”.

Por otro lado, el cineasta descartó desde el principio la idea de que el relato se desarrollara en un rancho vinícola. “Se ha estado filmando mucho en viñedos, y el vino siempre tiene una connotación mucho más ‘nice’”, explicó. “Me gustaba más que fuera algo que representara realmente lo que es ser un granjero y correr el riesgo de que dos malas cosechas te lleven a la quiebra”.

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Este artículo fue publicado por primera vez en Los Angeles Times en Español.