Cómo las drogas nos llevaron de una república a un narcoestado

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DE TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS

¿Un territorio donde las drogas mandan? Si tomamos en cuenta que el máximo líder de la Iglesia católica, el papa Francisco, es un sacerdote jesuita, el escándalo del asesinato de dos sacerdotes jesuitas y un guía de turistas adquiere una magnitud distinta a cualquier otro.

En su homilía, el papa lamentó dolorosamente la muerte de sus dos hermanos jesuitas. El crimen sucedió en la comunidad de Cerocahui, en Chihuahua, y dejó de ser una estadística local para adquirir otra dimensión.

En esa comunidad, el Cártel de Sinaloa tiene el control a través del grupo Los Salazar, el cual tiene como su testaferro, en la zona, a José Noriel Portillo, alias el Chueco, el presunto asesino de los padres.

La culpa de todo se le achaca al gobierno actual, que se defiende diciendo que es un problema heredado. Es cierto, es un problema antiguo. Pero lo grave es que el gobierno ha soltado el control de la seguridad y dejado un vacío que ha llenado el crimen organizado. Aquí vale la pena preguntarnos: ¿cómo llegamos a esto?

La historia comenzó a gestarse en el siglo pasado. Acompáñenme a revisar los orígenes del problema para entender de dónde venimos y como hemos llegado hasta el narcoestado que estamos viviendo.

En el siglo XIX, la compraventa de estupefacientes en México se manejaba en las boticas de las ciudades y no estaba penada.

“DROGAS VACILADORAS”

La marihuana, el opio, la heroína y la morfina eran parte de la oferta que el boticario ponía a disposición de su clientela al prepara remedios para sus males.

Para la población en general, el efecto lúdico de las drogas no era desconocido. En los estratos bajos, un cigarro de marihuana era más barato que una botella de licor. El efecto de esta y de las demás drogas era variado, pero todas tenían la peculiaridad de alterar el humor hacia un estado eufórico, por lo que se dio en llamarlas “drogas vaciladoras”.

Estas se conseguían sin receta en el mercado negro, con un incremento en el precio, y sin problemas para el consumidor.

En los albores del siglo XX el opio se convirtió en un problema para los chinos debido a que los ingleses, para equilibrar su balanza comercial, tuvieron la feliz idea de introducir la goma de opio en el país asiático. Los ingleses enviciaron a los chinos tan eficientemente, que una cuarta parte de la población se entregó al vicio opiáceo llevándose la economía entre las patas.

De modo que, evidenciado el riesgo del opio, los países decidieron comenzar a regularlo. Para ello, en enero de 1912 se convocó a la Convención Internacional del Opio en La Haya. De esta salió el primer tratado internacional para regular el tráfico de drogas.

México se adhirió a este tratado el 15 de mayo de 1912. En ese entonces la inestabilidad política era el principal problema del país, por lo que su ratificación en el Senado se demoró hasta 1924.

DECRETO ES IGUAL A COMERCIO ILEGAL

En 1920 se emitió el decreto “Disposiciones sobre el cultivo y comercio de productos que degeneren la raza”, que inició la regulación de las drogas por el Estado. Esta aplicó la prohibición del comercio de marihuana, y endureció las restricciones a las drogas medicinales con medidas penales.

Esto trajo consigo el comercio ilegal y, con ello, las utilidades por la venta de drogas se catapultaron. Enviciar a la juventud se convirtió en un negocio rentable, y compartir una parte de las utilidades con los guardianes del orden se volvió una forma de trabajar. Una de las bandas importantes para comerciar drogas vaciladoras era la de Lola la Chata.

En 1940, el presidente Lázaro Cárdenas eliminó los decretos que consideraban la posesión y venta de drogas como un delito en México. Y de inmediato se acabaron el comercio ilegal y el narcotráfico. La droga era regalada a los adictos registrados en el dispensario y el negocio de Lola se vino abajo. En menos de seis meses el problema se había acabado.

Sin embargo, la liberación del consumo de drogas en México y su espectacular resultado hacía ver mal a la legislación estadounidense respectiva, denominada Ley Federal de Alimentos, Drogas y Cosméticos. Los estadounidenses venían de derogar las leyes que prohibían el comercio de alcohol para beber y no querían seguir con la liberación de las drogas, por lo que presionaron a Cárdenas para que reinstalara la prohibición.

La Segunda Guerra Mundial se veía en el horizonte, y a Cárdenas no le interesaba un conflicto con los estadounidenses. De modo que reinstaló los decretos prohibicionistas. Lola volvió al negocio y, con Lola, todas las cadenas de suministro y protección del narco se reinstalaron.

UN PROVEEDOR LLAMADO BADIRAGUATO

Al estallar la guerra se conformaron dos grupos de naciones: los Aliados, que en un principio eran Inglaterra, Francia y Polonia, y las Potencias del Eje: Alemania, Italia, y Japón. La flota japonesa tenía control sobre el Océano Pacífico y con ello los estadounidenses perdieron las fuentes de abastecimiento de opio en Asia. La morfina era el principal calmante para los heridos de guerra, y esta sustancia se extrae del opio.

Los estadounidenses sabían que antes o después tendrían que entrarle a la guerra. De manera que encontrar un proveedor de opio era urgente para su ejército. En Badiraguato, Sinaloa, los inmigrantes chinos habían comenzado a cultivar amapola, planta de donde se extrae la goma de opio.

“Este, queridos visitantes, es un territorio muy seguro porque es dominio del Chapo Guzmán, sus hijos, y su banda. Así que no se preocupen de nada”.1

Su producción era escasa, pero la zona daba amapola de alta calidad para la extracción del opio, y los estadounidenses comenzaron a fomentar la producción. Así que, para solucionarle el problema a los gringos, se inició el cultivo de amapola en esta zona. Y los campesinos cambiaron el cultivo de manzanas y maíz por el mucho más rentable cultivo de amapola. Los sembradíos de amapola se extendieron por toda la zona.

Se estableció así un discreto acuerdo con el gobierno mexicano y la región tuvo un repunte económico impresionante. Tanto que dio en llamársele el Triángulo de Oro. La goma de opio pasaba en tráileres por la frontera y se dirigía directamente a los almacenes del gobierno estadounidense. Los campesinos y el gobierno mexicano se beneficiaron económicamente y el ejército de Estados Unidos contó con un proveedor cercano y confiable de la goma de opio.

EL VICIO DE LAS DROGAS

Esta situación se mantuvo durante las guerras de Corea y de Vietnam prácticamente sin cambios. Sin embargo, en estas dos últimas era usual dar a los soldados alguna droga para calmar los nervios. La más usada era la marihuana, pero dado que en Asia el consumo de estupefacientes era común, los jóvenes soldados estadounidenses regresaban, además, con el vicio de la heroína.

Eran excombatientes de guerra, y las restricciones gubernamentales se hicieron laxas para ellos. Pensando quizá que, poco a poco, se recuperarían. Esto coincidió con la llegada de los baby boomers a la adolescencia, jóvenes que venían ávidos de emociones y sensaciones. Así, las drogas tuvieron un mercado alterno que comenzó a expandirse aceleradamente, creando un problema de salud pública.

Ante esto, el presidente Richard Nixon decidió penalizar estrictamente la posesión, venta y uso de las drogas vaciladoras. Y ahí fue donde la puerca torció el rabo para México, pues se había creado un centro productor para satisfacer al mercado de Estados Unidos y la prohibición intentaba desarticular la cadena repentinamente. Una cadena que, además, tenía una demanda ávida de droga y con recursos para financiar el contrabando del producto al otro lado de la frontera.

Así pues, la punta del ovillo de Badiraguato la encontramos en el momento que le solucionamos el problema del opio al ejército estadounidense. Luego, este nos devolvió el favor creándonos un problema enorme. Pero de esa historia, si nos acompañan, nos ocuparemos en la próxima entrega.

VAGÓN DE CABÚS

Rusia acaba de caer, por primera vez desde 1918, en una mora en sus pagos internacionales. Esto por las sanciones económicas que le han aplicado.

El Kremlin no ha logrado grandes avances en la guerra y Ucrania requiere desesperadamente pertrechos y armas de alta tecnología. La pregunta es: ¿les llegarán a tiempo? Y si les llegan, ¿lograrán recuperar el terreno perdido?

Los expertos no logran descifrar el curso que ha de tomar la guerra que se puede alargar, y esto mantendrá en jaque a la economía mundial. Preparémonos pues para tiempos difíciles. N

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1. Nota leída por Ciro Gómez Leyva en su Noticiero, refiriéndose a la zona de las Barrancas del Cobre.

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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