Falsificar el futuro: La peligrosa técnica de manipulación en la que todos podemos caer

Falsificar el futuro es una técnica de manipulación que juega con nuestros sueños. [Foto: Getty]

Hay personas que siempre hacen promesas, pero nunca las cumplen. Son auténticos especialistas en construir castillos en el aire que luego se caen por su propio peso dejando a su paso un rastro de desilusión, decepción y frustración en quienes creyeron en ellos.

Recurrir a falsas promesas que dibujan un futuro idílico es una de las estrategias que utilizan las personas manipuladoras para convencer a sus víctimas. Los narcisistas en particular falsean el futuro, dibujándolo de colores brillantes, porque así no solo logran manipular a los demás, sino que, al presentarse bajo la mejor luz, logran encandilar, recibiendo la dosis de admiración que necesitan para alimentar sus fantasías de grandeza.

Por supuesto, todos intentamos presentarnos bajo la mejor luz posible para causar una buena impresión. Es normal. Lo que no es normal es que recurramos a mentiras y falsas promesas para obtener lo que deseamos. De hecho, un estudio realizado en la Wilfrid Laurier University reveló que las personas que sufren un trastorno de personalidad son más propensas a falsificar sus rasgos personológicos; o sea, a mentir para brindar una imagen idealizada que les permita lograr sus objetivos.

¿Qué significa falsificar el futuro?

Algunas promesas construyen castillos en el aire que terminan cayendo por su propio peso. [Foto: Getty]

La falsificación del futuro se produce cuando una persona promete algo sobre el futuro para obtener lo que quiere en el presente, sabiendo que esa promesa no se materializará, simplemente porque jamás ha tenido la intención de cumplirla, como explicó Darius Cikanavicius.

Algunas promesas son pequeñas, como prometer que cenarán juntos o que irán a ver un partido. Otras tienen un gran impacto vital, como prometer que se casarán y vivirán felices para siempre o que finalmente se mudarán de ciudad y construirán esa vida idílica con la que siempre han soñado. El problema es que esos planes se postergan continuamente porque en realidad se trata de promesas destinadas a romperse pues su único objetivo es conseguir algo en el presente inmediato.

Cuando nuestros deseos son los hilos con los que nos manipulan

Nuestros deseos e ilusiones son los hilos de los que tiran los manipuladores. [Foto: Getty]

Las personas que manipulan a golpe de promesas suelen ser buenas conocedoras del alma humana. No realizan promesas al azar, sino que conocen el perfil emocional de sus víctimas. Sus promesas se enfocan en “satisfacer” los sueños, metas y necesidades del otro. Esa es la principal razón por la cual caemos fácilmente en su juego. Sus mentiras hacen diana en nuestros sentimientos y necesidades insatisfechas, ya aspiremos a un trabajo mejor, una pareja comprensiva, la estabilidad económica, hijos… Nuestros deseos se convierten en armas para controlarnos.

El futuro que dibuja la persona manipuladora está hecho a nuestra medida, por eso nos resulta tan difícil pensar con claridad. Cuanto más atractivo sea ese futuro, más alterará nuestro juicio, impidiéndonos ver cuán poco realistas son las promesas o darnos cuenta de las excusas que inventa para postergar indefinidamente ese futuro tan anhelado. La esperanza de que ese futuro se haga realidad en algún momento es lo que nos mantiene atados a la persona manipuladora. De hecho, deseamos tanto que sea verdad, que nos aferramos a una falsa seguridad.

Cuando comenzamos a percatarnos de que hay más promesas rotas que materializadas, en nuestro interior suele desatarse un tsunami emocional. Oscilamos entre la negación y la aceptación, adentrándonos en una batalla entre aceptar que nos han engañado y negar la evidencia. Cuanto mayor sea el vínculo emocional construido con la persona manipuladora y mayores sean sus promesas, más durará esa situación de ambivalencia interior y más difícil nos resultará salir de sus redes.

Promesas vacías + Sueños rotos = Desilusión

Tras las promesas rotas llegan la desilusión y frustración. [Foto: Getty]

La falsificación futura es relativamente frecuente en el plano de las relaciones amorosas. Conocemos a una persona y nos resulta tan encantadora que casi no creemos la suerte que hemos tenido. Nos promete matrimonio, describe con lujo de detalles la preciosa casa que comprará y los hijos que vendrán. Todo parece perfecto, pero el tiempo pasa y esos planes no se materializan porque siempre hay otras prioridades que no pueden esperar.

La falsificación futura también puede ocurrir en el plano laboral y sus consecuencias no son menos devastadoras, percibiéndose como una amenaza a la identidad que provoca emociones negativas muy intensas, como comprobó un estudio desarrollado en la Universidad de Arkansas. Lo más habitual es que el jefe prometa un ascenso y nos anime diciéndonos que podemos llegar muy alto, que solo necesitamos esforzarnos un poco más. Comenzamos a vislumbrar esa nueva vida laboral y todos los beneficios que parecen estar a la vuelta de la esquina, pero los meses pasan, trabajamos cada vez más cobrando lo mismo, las horas extra se acumulan, la salud comienza a ceder y la promoción prometida no llega.

Como se puede suponer, este tipo de manipulación es extremadamente perjudicial porque nos mantiene compitiendo por un “premio” que no acaba de llegar. Así corremos el riesgo de despilfarrar parte de nuestra vida corriendo tras un futuro que siempre se nos escapa.

Lo peor de todo no es ni siquiera esa pérdida de tiempo, sino las profundas heridas emocionales que dejan las promesas vacías. Cuando una persona cercana, con la que probablemente hemos construido un vínculo emocional, traiciona nuestra confianza, es probable que terminemos construyendo una coraza protectora que, a la larga, nos aísle y nos impida disfrutar de las experiencias positivas que todavía puede depararnos la vida. Eso nos sumirá en un círculo de amargura y decepción, alimentado por los sentimientos de impotencia y desesperanza.

También podemos caer en un bucle de culpabilidad y auto recriminaciones. Cuando nos damos cuenta de que nos han engañado y hemos invertido tiempo y esfuerzo inútilmente, no es inusual que nos reprochemos nuestra ceguera y nos culpemos por lo ocurrido, lo cual no nos ayuda precisamente a superar el bache.

¿Cómo reconocer las falsas promesas?

Apoyarnos en los demás nos ayudará a mirar la situación con perspectiva y objetividad. [Foto: Getty]

Neurocientíficos de la Universidad de Zúrich descubrieron que sometiendo a las personas a un escáner cerebral podían determinar con gran margen de precisión quienes tienen más probabilidades de romper sus promesas. Pero dado que en la vida cotidiana no solemos tener un escáner a mano, tenemos que confiar en nuestra intuición o sexto sentido para saber si alguien nos está mintiendo o manipulando. Algunas señales de alarma son:

1. Las promesas no vienen con fecha de caducidad. Quien recurre a las promesas para manipular a los demás puede ser muy específico en los detalles que le permitan recrear ese futuro idílico, pero será inespecífico respecto al momento en que esas promesas se harán realidad o los pasos que hay que dar para que eso ocurra. Lo habitual es que evite hablar de las cosas prácticas.

2. Los planes siempre se postergan. Otra señal que puede hacernos sospechar de que se trata de una falsa promesa es que los planes siempre se postergan, porque siempre hay algo más importante que hacer, siempre surgen contratiempos u otras prioridades impostergables. El problema es que nuestras necesidades y deseos nunca son prioritarios e incluso se nos tacha de incomprensivos/as cuando reclamamos nuestros sueños.

3. Escuchar a quienes nos rodean. No siempre es fácil detectar las falsas promesas, sobre todo cuando estamos involucrados emocionalmente, por lo que a veces tenemos que escuchar a quienes nos rodean, terceras personas que, al estar fuera de lo que ocurre, tienen una visión privilegiada que les permite ser más racionales y objetivos, por lo que pueden ayudarnos a despejar las nubes emocionales que nos impiden ver con claridad nuestra situación.

¿Cómo evitar hacer promesas vacías?

No prometas únicamente con el corazón, involucra a la razón. [Foto: Getty]

Psicólogos de la Universidad de Carleton nos alertan de que tengamos cuidado con el vínculo afectivo porque cuando nos centramos únicamente en los sentimientos o en lo que esperamos recibir del otro, tenemos la tendencia a realizar mayores promesas que después no podemos cumplir. El secreto radica, según su estudio, en enfocarnos en nuestra capacidad para llevar a cabo efectivamente la promesa que estamos a punto de hacer. Como resumió Anthony Hitt: “Cumple todas las promesas que hagas y haz solo las promesas que puedas cumplir”.


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