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Fernando Allende, el galán mexicano que conquistó Hollywood sin un peso en el bolsillo

A inicios de la primavera 2023, Fernando Allende presentó el tema 'Un millón de besos' para celebrar sus 50 años de carrera (Crédito: John Parra/Getty Images).
A inicios de la primavera 2023, Fernando Allende presentó el tema 'Un millón de besos' para celebrar sus 50 años de carrera (Crédito: John Parra/Getty Images).

En aquella lejana década de 1970, Fernando Allende fue uno de los actores más cotizados tanto en el cine como en la televisión. Protagonista que compartió créditos con grandes figuras como Angélica María, Verónica Castro o Lupita D'Alessio, se convirtió en el prototipo perfecto para cualquier historia de amor. También se hizo conocer por la interpretación de rancheras y música folclórica, además de incursionar en la balada pop.

Pero también en esa década, después de sus exitosas participaciones en cintas como María con la que Gabriel Figueroa ganó el Ariel a Mejor fotografía, o la telenovela Ana del aire de la talentosísima Fernanda Villeli, Allende sintió que México le quedaba chico y debía probar en otras tierras.

El famoso soñaba en grande y quería alcanzar los logros de dos grandes: Katy Jurado, la primera actriz latinoamericana en ganar el Globo de Oro, en 1952; y Ricardo Montalbán, el actor que conquistó Broadway y se hizo de un nombre en varias series de televisión como La isla de la fantasía y Star Trek. "Me siento muy orgulloso de haber sido el primero de mi generación" en mudarse a Estados Unidos para cumplir su sueño, dijo en el programa El minuto que cambió mi destino.

Pero antes de trabajar al lado de Morgan Fairchild en la serie de televisión Flamingo Road; o con la oscarizada Joanne Woodward (y esposa de Paul Newman), y participar en series como Miami Vice o Murder, She Wrote, Allende descubrió que repetir la popularidad y fama con las que contaba en México no sería fácil.

"Me fui con mis ahorros. Cuando me fui, las personas que amablemente me atendían aquí en México —el papá, la mamá y el hijito— nunca comprendieron por qué me estaba yo despidiendo de ellos y pagándoles y me decían 'es que usted ha ido a Estados Unidos tantas veces, ¿por qué nos liquida ahora, usted no va a regresar?, y yo 'pues sí voy a regresar, pero la verdad es que no sé cuándo'", recordó.

"El primer año fue muy difícil porque me di cuenta (que pasé) de ser todo a no ser nadie, pero me la tenía que jugar. Si me quedaba, hubiera sido conformista; o sea, había disco de oro, había Teatro Insurgentes, había Ana del aire, había la película María, pero sentí que me hacía falta luchar en mi nombre personal y en el nombre también de mi patria. Y siento que los compañeros que han entrado a nivel directores a Hollywood tienen que haber entrado con ese mismo deseo de compartir a luz", aseguró Allende.

Fernando Allende en 1989 en Beverly Hills, California. (Photo by Ron Galella, Ltd./Ron Galella Collection via Getty Images)
Fernando Allende en 1989 en Beverly Hills, California. (Photo by Ron Galella, Ltd./Ron Galella Collection via Getty Images)

Tiempo de vacas flacas

Fernando Allende reparte su vida entre Estados Unidos, México y Puerto Rico, de donde es originaria su esposa María Mediavilla, con quien tuvo dos hijos, Elán y Adán.

Cuando decidió incursionar en la meca del espectáculo, Hollywood, se descubrió primero en una soledad tanto personal como laboral. "En aquellos tiempos llegó un momento en que utilicé el tiempo básicamente para entretener mi mente porque la soledad es mala consejera y yo estaba solo, fue un proceso crucial donde entendí que tenía que mantener mi mente ocupada".

Entonces comenzó a llenarse de estudios de todo: literatura inglesa, danza, tap, jazz, esgrima, equitación, polo... "todo para entretenerme pues porque a fin de cuentas lo que tengas aprendido solamente se valora cuando lo puedes aplicar. (...). Yo decía 'cuando me toque, tengo que estar preparado, porque si me toca la oportunidad y no estoy listo, es como si no me hubiera tocado la oportunidad'".

(Izq.-der.) Daryl Anderson, EG Marshall y Fernando Allende durante la grabación del piloto del programa The Phoenix en 1981 (Crédito: Chic Donchin/American Broadcasting Companies vía Getty Images).
(Izq.-der.) Daryl Anderson, EG Marshall y Fernando Allende durante la grabación del piloto del programa The Phoenix en 1981 (Crédito: Chic Donchin/American Broadcasting Companies vía Getty Images).

Mientras más se preparaba, menos llegaban las oportunidades. El punto crítico lo alcanzó cuando en su cuenta solo tenía cinco dólares. "Tenía un Ferrari rojo esperando abajo (del departamento) sin gasolina, y tenía que decidir si ponerle gasolina al carro o irme a mi clase de yoga, la más barata de todas en ese entonces, justo cinco dólares. Se me había acabado todo mi billete, todos mis ahorros se me fueron".

Monetariamente estaba acabado, pero espiritualmente aún guardaba una esperanza. "Yo tengo la costumbre de darle valor a las cosas, yo siento que los libros, que las paredes sienten, que las... no sé, que tienen memoria de alguna manera, estamos en distintas dimensiones pero todos estamos vibrando en el mismo decibel, y decidí ir a hablar con mi carro y le dije 'por lo menos llévame a la clase de yoga'. No me había prendido en los últimos tres días y dije 'diosito, por favor, ayúdenme', y prendí el carro y si me prendió y dije 'órale, pues vámonos'".

Esa clase también fue muy importante para Allende, y no necesariamente por lo visto en ella, sino porque desbloqueó —o al menos así lo vio— el éxito que le aguardaba.

Fernando Allende during
Fernando Allende during "Yellow" Screening at the Los Angeles Latino International Film Festival 2006 at Egyptian Theater in Hollywood, California, United States. (Photo by Michael Tran/FilmMagic)

"De repente me puse a llorar porque decía 'ya no puedo, ¿qué voy a hacer?, ¿qué me va a pasar?, o sea tengo que vender el departamento, vender el carro, regresarme a México, ¿qué onda, qué voy a hacer?', y de repente una comunicación muy directa con esa energía suprema, que le puedes llamar Dios o como tú quieras llamarlo, y le dije 'siento que ya no puedo caer más bajo', y él me dijo 'pues entonces no te queda más que empezar a subir'. Me cambió la perspectiva, llegué a casa, había un mensaje de mis agentes".

Su primer llamado ocurrió con la Warner Brothers para ofrecerle una película junto a Woodward, En las calles de L.A. "A partir de ahí tantas producciones en Hollywood, tantos personajes maravillosos, en esa época sí se escribía para personas como yo, tuve la gran fortuna de hacer, o sea, desde un mesero que me pareció orgulloso ser un mesero pero era yo EL mesero, a ser un príncipe de un país imaginario y todo lo de en medio: doctores, abogados".

Pero sus inquietudes no han quedado ahí: también es pintor (una de sus más recientes muestras fue en Miami con su exposición Colorful Moments en Miami). "Mi arte es una expresión pictórica colorida y de concepción dinámica, que transmite una sensación mística y espiritual". Además cuenta con su propia compañía de producción El Dorado, con series de televisión, programas unitarios, telenovelas y películas para la pantalla chica, en las que también actúa.

"La época ha cambiado porque si no, mis compañeros actores estarían todo el tiempo trabajando, deben estar trabajando y esa es justamente la lucha que tenemos ahora con la organización, para que se den cuenta que somos consumidores y que a nosotros nos gusta ver a nuestra gente también", dijo.

Y es que para Fernando, lo importante es tener visibilidad e inclusión latina. "No hay equidad. A nivel de trabajo, nosotros representamos el 0.2%. No es justo, no es correcto". Y quizá que alguien más vuelva a soñar con seguir los pasos de Jurado, Montalbán y, por qué no, los mismos de Allende.

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