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Hablemos de intimidad

Cyndi Darnell, terapeuta sexual afincada en Manhattan que trabaja con parejas para ayudarles a mejorar su vida sexual, 25 de enero de 2023. (Sara Naomi Lewkowicz/The New York Times
Cyndi Darnell, terapeuta sexual afincada en Manhattan que trabaja con parejas para ayudarles a mejorar su vida sexual, 25 de enero de 2023. (Sara Naomi Lewkowicz/The New York Times

Cuando se trata de sexo, todo el mundo parece tener dificultades, dice Cyndi Darnell, sexóloga clínica, terapeuta sexual y asesora de relaciones que vive en Manhattan.

“Nadie recibe educación sexual y de pareja, así que la gente confunde la educación sexual con la reproducción. También se nos dice que el sexo es natural y que, por tanto, no hace falta enseñarlo. Si fuera natural, nadie tendría problemas con él”, señaló.

En su nuevo libro “Sex When You Don’t Feel Like It: The Truth about Mismatched Libido and Rediscovering Desire”, Darnell, australiana de 51 años, invita a las parejas a reflexionar sobre por qué les importa el sexo.

“Escribí el libro porque el sexo está profundamente mal entendido en nuestra cultura”, explicó.

En su consulta, que incluye “excitación, experiencia erótica y reflexión personal sobre cómo se siente el cuerpo”, trabaja con parejas e individuos de forma virtual, explica Darnell sobre su labor educativa y terapéutica. Cobra 250 dólares por una sesión individual de 45 minutos y 500 por una sesión en pareja de 90 minutos.

“Enseño a la gente cómo funciona su cuerpo desde el punto de vista del placer y cómo identificar lo que hace que el sexo tenga sentido para ellos”, aclaró. “A continuación, les doy las habilidades que necesitan para navegar por las dificultades a las que se enfrentan mientras crean una vida sexual más rica y satisfactoria para que puedan experimentar más placer y alegría”.

Sus servicios incluyen desde una opción de una pregunta por correo electrónico, que cuesta 190 dólares; cursos en línea que empiezan en 27 dólares; hasta un fin de semana de retiro privado para parejas, que suele tener lugar en un estudio de yoga o danza, por 8000 dólares.

P: ¿En qué te diferencias de un consejero de pareja o un terapeuta?

R: No se trata de reunirse dos o tres veces por semana durante años, indagando en tu infancia o tu pasado. Se trata de una experiencia de asesoría virtual que suele durar entre diez y veinte sesiones, centradas en su presente y su futuro sexual. Hablamos de su historia sexual, de lo que ha ido bien, de lo que les cuesta, de cómo identificarían los retos y les ayudamos a ver que no están rotos. Juntos nos esforzamos por aumentar su erotismo mutuo y su experiencia encarnada del sexo.

P: ¿Cómo funcionan tus sesiones?

R: Hablando y enseñando a las personas a tocarse de un modo que les resulte significativo —generalmente ilustrándolo con títeres—, aprenden a conectar con sus propias sensaciones y a comunicarlas a su pareja. Les doy deberes y actividades para que las hagan solos o en pareja, desde prácticas de respiración hasta técnicas de masaje erótico que luego practicarán entre ellos.

También introduzco habilidades que los ponen en contacto con lo que les pide el cuerpo. Una vez que tienen una comprensión sólida de cómo responden sus cuerpos al placer, los invito a practicar en privado, pidiéndoles que se den cuenta de cómo se siente el placer en sus cuerpos fisiológicamente y cómo es su narrativa interna. Suele ser negativa: “No debería sentirme así” o “Estoy tardando demasiado”. Esto descarrila la capacidad de la gente para mantener el placer porque produce pánico o ansiedad.

Gran parte de la práctica consiste en permanecer atentos y conectados a su propio placer y a lo que les hace sentir bien mientras están atentos a lo que ocurre y a lo que experimentan. Eso requiere práctica.

P: Ofreces la opción de una pregunta por correo electrónico. ¿Por qué?

R: A veces, la gente quiere una respuesta a un problema o cuestión concretos, como: “¿Por qué me cuesta llegar al orgasmo?” o “¿Por qué no me siento conectado con mi pareja durante el sexo?”. Respondo a estas preguntas con una respuesta de cinco o seis páginas que incluye sugerencias de enlaces, pódcasts, libros, videos, recursos y ejercicios o actividades para probar. Lo que realmente preguntan es esto: ¿Soy normal? Esa es la temática.

P: ¿En qué consisten tus retiros de fin de semana?

R: Son para parejas con las que he trabajado antes y que me contratan para retiros privados. En la última década lo he hecho con entre 40 y 50 parejas. Todos son investigados; hay un formulario de solicitud. Y las parejas tienen que gustarse. No se trata de terapia de pareja, sino de asesoramiento sobre intimidad y sexualidad para parejas que desean vivir una experiencia, un lugar en su interior, en presencia de su pareja, que recordarán el resto de sus vidas.

A lo largo de 48 horas, las parejas conocerán una serie de técnicas que despiertan e inspiran la conexión erótica. Entre ellas se incluyen ejercicios de respiración, masajes eróticos y juegos de sensaciones. También ampliamos las posibilidades de lo que el sexo puede ser para esa pareja, lo que implica enseñar la excitación y la conectividad de todo su cuerpo.

Nadie se quita la ropa, a menos que estén haciendo la tarea en la intimidad de su vivienda del fin de semana.

P: ¿Cómo defines la intimidad y cómo se crea?

R: La intimidad no es sexo: son cosas muy distintas. La intimidad es una danza profunda de autoindagación, una voluntad de ver y ser visto, de exponerse a uno mismo y luego aceptar lo que uno es. Hacer eso con otra persona es secundario. La mayoría de la gente no puede hacerlo. Es una actividad de alto riesgo. Y no significa que tu pareja vaya a hacerlo también, por eso hay tanta incertidumbre.

Son cualidades diferentes que aportamos al sexo. Podemos tener ambas, pero también podemos tener una y no la otra. No todo el mundo quiere sexo con intimidad o intimidad con sexo.

P: ¿Qué consejo puedes dar a las parejas que tienen dificultades?

R: Sentirse cómodo pidiendo lo que uno quiere ayuda muchísimo, porque cuando podemos decir nuestra verdad a un amante, tenemos más posibilidades de encontrar la satisfacción que buscamos en el sexo. Tal vez no obtengas lo que quieres, pero la práctica de pedir es revolucionaria para las personas.

Presta atención a quién se beneficia de lo que estás haciendo. Si finjo que es para ti cuando en realidad es para mí, el sexo va a ser terrible, ya que crea una dinámica de poder espeluznante.

El sexo lento es realmente útil. Si te precipitas, estás alimentando tu ansiedad. Si puedes ir más despacio, tu cuerpo tiene tiempo de responder a tu sistema nervioso y tu cerebro tiene tiempo de sincronizarse con tus sensaciones. No conviertas el sexo en un objetivo, más bien date permiso para sentirte bien.

c.2023 The New York Times Company