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Estos son los hermanos cineastas que llevaron el español al universo de 'Bird Box'

Respondieron la llamada de Los Angeles Times en Español a las 9 de la noche de Barcelona, ciudad en la que nacieron y en la que todavía viven, aunque han radicado también en Nueva York y Los Ángeles.

Era un viernes en la noche, y un día antes, habían asistido a la premier mundial de “Bird Box Barcelona”, la esperada película que ellos mismos han escrito y dirigido, y que se estrena este viernes de manera exclusiva en Netflix.

Pero cuando les pedimos disculpas por haber interrumpido lo que tenía el potencial de ser una celebración continua, en vista de que era un fin de semana de verano y ellos se encontraban en una ciudad particularmente animada, Álex Pastor y David Pastor (que sí, son hermanos) nos aseguraron que eso no era lo suyo.

“No, no; tenemos niños pequeños. No hay mucha fiesta para nosotros”, dijo Álex. “Y ya la tuvimos ayer, de todos modos. Se nos pasó la edad para estar en esas dos días seguidos”, agregó David.

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Eso no quiere decir que los realizadores no estuvieran entusiasmados por la inminente salida de una cinta que funciona como ‘spin-off’ de “Bird Box” (2018), un filme de terror y ciencia ficción protagonizado por Sandra Bullock que se convirtió en algún momento

en la película más vista de Netflix, y donde se hablaba de la invasión de unas criaturas misteriosas que, al ser vistas, producían en el observador una tendencia suicida casi inmediata.

Esta premisa sirve como base para un trabajo de temática igualmente apocalíptica que involucra a personajes completamente distintos, y que son interpretados no sólo por actores españoles como Mario Casas (“No matarás”) y Lola Dueñas (“Volver”), sino también por el mexicano Diego Calva (“Babylon”) y el argentino Leonardo Sbaraglia (“Relatos salvajes”).

Los Pastor no son precisamente ajenos al asunto distópico ni a la colaboración internacional en términos de producción. De hecho, su trabajo más conocido hasta la fecha, “Carriers” (2009), que estuvo protagonizado por Lou Taylor Pucci y Chris Pine, mostraba a los sobrevivientes de una pandemia que se enfrentaban a la posibilidad permanente de ser infectados.

Por su lado, “Los últimos días” (2013) tenía como protagonista a un hombre que lidiaba con un evento catastrófico en la misma ciudad de Barcelona. En ese sentido, la elección de estos realizadores para el puesto principal de “Bird Box Barcelona” tenía mucho sentido, como lo admitieron ellos mismos durante la conversación que transcribimos a continuación, debidamente editada, y que puedes encontrar también aquí en su versión de video.

Ustedes no son precisamente ajenos al tema distópico, por lo que imagino que eso tuvo que ver con su participación en este proyecto. 

Álex: Efectivamente, era un territorio que habíamos recorrido antes. Pero la oportunidad de llevarlo y expandirlo dentro del mundo de “Bird Box” nos pareció súper interesante, porque la película original tenía una premisa muy potente, con esta idea de las criaturas a las que no puedes ver sin morir y que te privan de un sentido tan esencial como es el de la vista. No hay nada que dé más miedo que la oscuridad.

David: Como directores, nos ofrecía unas posibilidades visuales increíbles, pero, por otro lado, nos complicaba mucho la vida, porque no puedes mostrar nunca a la criatura. La criatura es un ser que te empuja a matarte, y por lo tanto, no puedes enseñarla, porque nada de lo que enseñes será capaz de alcanzar la imaginación del espectador.

Sin embargo, esa misma limitación nos parecía muy apetecible. Es algo parecido a lo que pasaba con [Steven] Spielberg, que no podía enseñar al tiburón en “Jaws”, porque el aparato no funcionaba. Te obliga a pensar en recursos visuales novedosos para transmitir el miedo al espectador sin recurrir al monstruo.

A diferencia de nuestras otras películas de género, esta es bastante más grande, con un presupuesto mucho mayor y más disponibilidad de recursos. En las otras que hicimos, se nos quedaron varias cosas en el tintero, porque tuvimos numerosas limitaciones. También nos ayudaron los avances tecnológicos en cuestión de VFX [efectos visuales] que se han dado en los últimos años.

También escribieron el guión, y pudieron tomar varias libertades en relación a la fuente original, porque… 

David: Perdona, pero preferiríamos no hablar del proceso de escritura porque somos miembros del WGA [Sindicato de Guionistas de Estados Unidos] y estamos en huelga. Tenemos permiso para representar a la película como directores.

Oh, no sabía que eran parte de ese gremio. Bueno, como cineastas, dijeron ya que no tuvieron muchas de las limitaciones del pasado, pero había que seguir la mitología que estaba planteada en la película anterior. ¿Qué significó para ustedes tomar como base algo que ya existía y que había sido muy exitoso, pero poder hacerle modificaciones?

Álex: La base de la película original era muy sólida, pero aún quedaban muchos terrenos por explorar. Así que eso te daba rienda suelta para crear una historia completamente nueva, para retratar a las criaturas de manera indirecta y para buscar espacios que se diferenciaran completamente de los anteriores.

Sabíamos que queríamos huir del aspecto más suburbano, más rural que tiene la primera cinta, para construir en cambio una ‘road movie’ en las calles de una ciudad y explorar lo que supone esta amenaza en un ambiente completamente distinto.

Tampoco debe ser gratuito que filmaran en Barcelona, la ciudad donde ustedes viven y donde nacieron, ¿verdad?

David: Sí, claro. Cuando surgió la idea de hacer “Bird Box” en España, dijimos que la queríamos dirigir en Barcelona, porque somos de aquí y nos resulta más fácil encontrar lugares que son visualmente interesantes pero que se salen de lo que todo el mundo ha visto ya, como la [basílica de la] Sagrada Familia, la Pedrera y todas esas obras de [el legendario arquitecto Antoni] Gaudí.

Lo bueno de rodar en tu ciudad es que sabes cuáles son los sitios turísticos que puedes evitar. Si eres de Barcelona, sabes que existen estos refugios antiaéreos de la guerra civil española, y piensas que, si te tuvieras que refugiar de estas criaturas e intentar no verlas, no habría un mejor sitio para hacerlo que un gran espacio subterráneo que no tiene ni una ventana y que está completamente sellado.

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Y puede haber una lectura adicional por ahí, relacionada a la resistencia contra los fascistas que se dio y que se emplea ahora para resistir a las criaturas.

David: Exacto. Conecta también con la historia de la ciudad, que es una historia importante.

La película tiene varias escenas en lugares cerrados, pero también secuencias en lugares públicos y a plena luz del día. Eso resulta bastante impresionante. ¿Cómo lo hicieron? ¿Firmaron de madrugada? ¿Usaron mucho CGI para borrar cosas?

Álex: Hay una mezcla de locaciones reales tratadas de manera física por Laia [Colet], nuestra diseñadora de producción, y de decorados construidos por ella misma, con extensiones de set desarrolladas por ordenador [computadora]. La gracia es intentar que la gente sea incapaz de distinguir dónde termina lo real y dónde empieza lo digital.

Porque si hay algo que queríamos es que esta película fuese muy visceral, que se leyese de un modo muy real, que te la creyeses en todo momento. No se trataba de crear un mundo de Star Wars o de Marvel, que es ‘high tech’ por sí mismo, sino todo lo contrario.

Tengo la impresión de que esta entrega es más ‘gore’ que la anterior.

David: Nosotros hemos visto la anterior unas cuantas veces, y sabemos que tiene un par de muertes bastante salvajes. En esta hay momentos que son violentos, pero también momentos en los que crees que estás viendo más de lo que realmente estás viendo. Lo que hicimos a veces fue cortar justo antes [del acto de violencia] o enseñar las consecuencias de manera indirecta.

Álex: Además, el poder de la sugestión que tiene el sonido ayuda mucho a hacerte creer que has visto algo horroroso que realmente no has visto.

Me parece interesante la participación de Daniel Calva, que ya estuvo destacando por acá en el mundo del cine, que es un actor mexicano y que participa con un papel que llama la atención porque permite hacer comentarios sociales sobre el rechazo a los inmigrantes por parte de algunos sectores europeos.  ¿Qué tan importante fue para ustedes que esto no fuera solamente una película de entretenimiento, sino que ofreciera algo más?

Álex: Obviamente, queremos que la gente pase un buen rato viendo la película, y que esta sea una montaña rusa de emociones. Pero nos gustan las películas que son capaces de hacer malabarismos para mantener todas las pelotas en el aire. No queremos que tengas que escoger entre las películas de entretenimiento y las de personajes.

Si lo haces bien, puedes combinar las dos cosas. La ciencia ficción te da la posibilidad de crear historias de manera metafórica y a la vez entretenida, lo que te permite hacer comentarios interesantes e incisivos sobre el mundo en el que vivimos. En este caso, hay elementos del racismo que se produce en España y en otras partes del mundo con el tema de la inmigración.

También está la idea del fanatismo, de la gente que se cree poseedora de verdades absolutas. Y se presenta además un viaje emocional del protagonista que trata sobre el duelo y la incapacidad de asumir ese dolor con la finalidad de hacer las paces con ello para poder salir adelante.

Esta es una película de sabor muy español, pero con un reparto bastante internacional. Uno de los personajes es una niña alemana, otro es una escritora británica, y hay un sacerdote interpretado por un argentino. ¿Fue esta diversidad un requisito planteado por Netflix?

David: Lo que nosotros queríamos era retratar la realidad de Barcelona, que es una ciudad muy internacional. Cuando paseas por sus calles, oyes castellano, catalán, inglés y un español de mil acentos distintos. No sucedía probablemente lo mismo hace 40 años, pero ahora, afortunadamente, se ha renovado y ha cambiado muchísimo.

Álex: Mucha gente fue sorprendida durante los confinamientos de la pandemia cuando estaba en el extranjero. La idea de que el apocalipsis te va a pillar en casa no es cierta. Te puede pasar en cualquier lugar del mundo, porque estás viajando por trabajo o porque andas de turista, y eso complica las cosas debido a la barrera idiomática, a las diferencias culturales y al hecho de no tener los contactos familiares y los lazos humanos que necesitas. Se convierte en un ‘handicap’ adicional en medio de una situación que ya es de por sí catastrófica.

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Este artículo fue publicado por primera vez en Los Angeles Times en Español.