El papel que juegan las hormonas en las enfermedades del sueño de la mujer

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Las mujeres tienen más problemas para dormir debido a las fluctuaciones de hormonas en su cuerpo, que pueden incluso generar lo que se conoce como las
Las mujeres tienen más problemas para dormir debido a las fluctuaciones de hormonas en su cuerpo, que pueden incluso generar lo que se conoce como las "enfermedades del sueño" sin que ellas lo sepan. Por ejemplo, la apnea obstructiva del sueño no está diagnosticada en el 90 por ciento de las mujeres, que también pueden sufrir de insomnio o del síndrome de piernas inquietas. (Foto: Getty)

Las enfermedades más habituales del sueño en la mujer son la apnea del sueño, el insomnio y el síndrome de piernas inquietas. Y casi siempre las asociamos al estrés, los nervios o el cansancio, pero casi nunca con las hormonas. Además, como en la mayoría de los casos no hay un diagnóstico médico, tampoco se les pone remedio. Lo cual genera diferentes problemas de salud.

“Con frecuencia las mujeres tienen fatiga cuando vienen a la consulta. Muchas están medicadas con antidepresivos. Y nadie les pregunta por el sueño, si descansan. Debemos dar herramientas a las mujeres para que tengan un buen descanso durante toda su vida", explica Ariadna Farré, enfermera que trabaja en una Unidad de Sueño, en un encuentro entre expertos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

Además, "hay que pensar que la medicina siempre ha tendido a estudiar a los hombres, cuando las mujeres tienen un cuerpo diferente. La medicina debe tomar conciencia de ello”, afirma Farré.

Como bien sabes, la falta de sueño (sobre todo en personas mayores ) aumenta las enfermedades cardiovasculares, los trastornos metabólicos, y el deterioro cognitivo.

Y es que los problemas de sueño de la mujer difieren de los de los hombres porque se relacionan con los distintos cambios hormonales que tiene el organismo femenino en el ciclo menstrual y a lo largo de las distintas etapas de la vida, tal y como ha expuesto la especialista, quien analiza las situaciones que surgen a lo largo de la vida de la mujer que influyen en su descanso nocturno.

Comenzando por la época de bebé, donde curiosamente hay más muertes súbitas entre los niños (un 60 por ciento) que entre las niñas (un 40 por ciento). Sin embargo, antes de llegar a la adolescencia, las niñas tienen más terrores nocturnos, mientras que los niños de despiertan más porque, entre estos, hay más prevalencia de enuresis.

En la adolescencia, las niñas se desarrollan antes que los niños. Pero, como les sucede a todos los adolescentes, en este periodo se suelen ir a dormir más tarde y, en consecuencia, se levantan más tarde. Necesitan dormir en torno a 10 horas y, para dormir un número correcto de horas, lo idóneo sería que el horario escolar matutino se iniciara más tarde, mientras que en la actualidad muchos centros de enseñanza secundaria comienzan las clases a las 8:00 horas de la mañana.

En esta etapa, el déficit de sueño a esta edad se relaciona con problemas como el bajo rendimiento escolar, déficit de atención, la obesidad y el padecimiento de problemas metabólicos. “Las escuelas tendrían que comenzar las clases de la mañana más tarde, si se quiere que tengan un buen rendimiento académico, ya que la mitad se duermen en clase”, explica la experta.

Cuando comienza la menstruación y la mujer llega a tu etapa más fértil, se dan distintas situaciones. El síndrome premenstrual puede dificultar la conciliación del sueño y en esta fase del ciclo la mujer tiene más cansancio, somnolencia diurna y despertares nocturnos.

Durante la gestación, los problemas de sueño varían en cada uno de los trimestres del embarazo:

  • En el primer trimestre del embarazo, aumenta la hormona progesterona, lo que provoca un sueño más fragmentado y mayor somnolencia diurna. Además de tener esta somnolencia, este trimestre del embarazo se caracteriza por tener náuseas, vómitos y mayor cansancio. Todo ello provoca que la mujer tenga una mala calidad del sueño.

  • En el segundo trimestre, la mujer sufre la fragmentación del sueño, pero tiene una mejor calidad del sueño.

  • Y, en el tercer trimestre del embarazo, entre el 75 y el 84 por ciento de las embarazadas tienen dificultades para dormir debido a molestias físicas, necesidad de orinar por la noche, calambres y reflujo gastroesofágico.

“Se producen cambios físicos tan importantes y la vejiga de la orina está tan comprimida que la mujer embarazada tiene que levantarse para ir a orinar de noche, lo que fragmenta su sueño”, explica Farré. Además, a medida que avanza la gestación hacia los 9 meses y las mujeres ganan peso, aquellas que presentan un mayor índice de masa corporal pueden sufrir apnea obstructiva del sueño (AOS), hipertensión arterial, preeclampsia, diabetes, parto con cesárea y niños de bajo peso al nacer, si no se controlan.

Durante el postparto, las mujeres tienen el sueño mucho más interrumpido y se levantan muy a menudo. Al dormir mal de noche, recuperan el sueño con una siesta durante el día y también van durmiendo con el bebé, a ratos. En esta etapa, la madre ha de procurar dormir cuando lo hace el bebé. En la lactancia, hay un aumento del sueño, que es más lento y profundo, debido al aumento de la prolactina, la hormona que se segrega durante este período.

Una vez finalizada la etapa fértil de la mujer, se inicia un período que se caracteriza por cambios físicos y emocionales muy importantes y en el que no todas las mujeres tienen los mismos síntomas. Algunas mujeres presentan sofocos. En ocasiones los sofocos no despiertan, mientras que otras mujeres pueden llegar a sudar y se despiertan.

En este periodo, el 20 por ciento de las mujeres son asintomáticas y el 80 por ciento sintomáticas, pero no todas con el mismo grado de gravedad. Además de los sofocos y sudoraciones, las mujeres que entran en la menopausia pueden tener trastornos del sueño, del estado de ánimo, problemas genitourinarios, sequedad y disfunción sexual.

Ya en la vejez, las mujeres también tienen un riesgo más alto de padecer más insomnio que los hombres y una vez más que recordar que el sueño es fundamental para un envejecimiento saludable. Para ello es preciso poner en práctica unos buenos hábitos del sueño, que comprende las siguientes medidas:

  1. Respetar el ritmo circadiano de la mujer, que, por lo general, necesita irse a dormir más pronto que el hombre, cuando en la cultura actual ambos se tienden a ir a dormir en el mismo momento.

  2. En el caso de las mujeres menopáusicas, vigilar la temperatura de la habitación para que no sea excesivamente calurosa y evitar poner la calefacción muy alta; vestir un pijama ligero; seguir una nutrición adecuada, rica en verduras, y evitar el sobrepeso.

  3. Hacer ejercicio todos los días de la semana.

  4. Evitar tomar café -una bebida estimulante- pocas horas antes de irse a dormir.

  5. No usar las pantallas antes de dormir, hábito nocivo que desvela y que es más habitual entre los adolescentes. Los niños tienden a usar más los videojuegos, mientras que las niñas se entretienen más con los teléfonos móviles.

  6. No fumar, ni beber alcohol.

Por otro lado, ante los sofocos, se recomienda el tratamiento farmacológico en los casos en que los prescriba el médico En caso de insomnio, es mejor recurrir a la terapia cognitiva conductual y evitar -siempre que sea posible- la medicación. Y si crees que padeces apnea del sueño, es preciso ir al especialista para que valore la opción de aplicar una terapia específica consistente en presión positiva del flujo (CPAP).

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