Es ingeniero industrial y cumplió el sueño del vino propio: "Si pensás solo en la rentabilidad, no funciona"

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En la industria vitivinícola hay un refrán que dice que para hacerse millonario con el vino, primero hay que ser multimillonario. Sucede que se trata de un negocio que no es para todos: se necesita pensar a muy largo plazo y estar dispuesto a soportar los vaivenes del mercado y las crisis recurrentes de una economía como la de Argentina.

Sin embargo, nada de esto amedrentó a Leandro Rodríguez, un ingeniero industrial que también se autodefine como emprendedor y amante del buen vivir y que está cumpliendo un sueño que se potenció en los duros tiempos de la pandemia: tener no solo sus propios vinos, sino también una finca, una bodega y hasta un proyecto enoturístico, incluyendo restaurante.

Ese sueño que, como se mencionó, terminó cobrando forma en las épocas de aislamiento y encierro, hoy se llama Grazie Mille, con base en Altamira, en el Valle de Uco. Para ello, se asoció con Fernando Spigatin, que lleva adelante las riendas de un reconocido proyecto vitivinícola en Mendoza. Y, más allá de ser un familiar lejano, para Leandro es como un segundo padre y, además, se convirtió en su mentor, no solo en el negocio del vino, sino también de la vida.

El viaje de Leandro en el mundo del vino comenzó hace siete años, cuando tenía 28. "Una vez Fernando, que es bioquímico, me llevó a visitar su viñedo en Mendoza. Lo admiro porque su filosofía de vida realmente está atravesada por el vino. Él piensa vino, respira vino, siente vino; y todo lo hace con pasión. Para él esto no es un negocio, es una forma de vida. Y cuando estábamos en Mendoza, me imaginé teniendo mi emprendimiento".

Luego, el aislamiento por covid-19 aceleró todo el proceso en su cabeza: "Cuando estábamos encerrados, todo el tiempo pensaba 'qué lindo sería estar ahora en Mendoza'. Y ahí dije 'basta, ¿qué puede ser lo peor que me pase? ¿Que me funda? Entonces me van a quedar muchas botellas de vino por tomar'".

"Por ahí otra persona compra una casa en el lugar que le gusta, pero a mí me apasionaba la idea de una finca y una bodega en Mendoza. Cerraba por todos lados", recalca.

Leandro Rodríguez, un ingeniero que se enamoró del vino

Un proyecto de vinos con base en Valle de Uco

Así es como hoy el proyecto Grazie Mile cuenta con 40 hectáreas en La Consulta, Valle de Uco, desde donde producen actualmente tres líneas de vino: Amistad, Libertad y Design, con precios que van de los $1.700 a los $6.500.

Pero el proyecto es más ambicioso: actualmente están avanzando con la construcción de una bodega propia, también en La Consulta, la cual contará con tecnología de punta y capacidad para elaborar unos 110.000 litros por vendimia. 

El plan contempla además la apertura de un wine store, donde venderán sus vinos y además realizarán degustaciones; un restaurante y -"en un futuro no muy lejano", según anticipa- un lodge.

"La apuesta va a ser importante, pero no miramos el tema de la crisis, porque sabemos que hacemos un buen producto, que lo hacemos de corazón y no especulamos con el vino. Además, somos argentinos, siempre vamos a tener tiempos mejores y peores, pero no por eso vamos a dejar de invertir", remarca.

Vinos con historia: la razón del nombre

¿Por qué el proyecto se llama Grazia Mille? Para responder esta pregunta, hay que conocer la historia de Leandro con Fernando, un vínculo que se fortaleció durante el 2020. 

"Fernando no la pasó bien, tuvo un serio problema de salud, casi pierde la vida. Pero cuando se empezó a recuperar, hablamos mucho y dijimos: 'Tenemos que hacerlo, porque la vida nos dio una oportunidad'. No quisimos dejarlo pasar y arrancamos con mucha fuerza", explica.

Leandro y Fernando, dos vidas unidas por el vino

Fue en esos días difíciles, según rememora Leandro, que Fernando, estando muy triste, comenzó a escribir y escribir sin parar palabras que lo representaran como persona y también sobre el sentido de la vida. "Y en un momento, cuando escribió 'grazie mille´ ('muchísimas gracias', en italiano), se dio cuenta de que la vida le había dado una segunda oportunidad", cuenta, emocionado.

"Fernando es un tipo que tiene un vuelo intelectual altísimo, es un tano pasional que siempre habla con el corazón y que entró a mi vida en un momento en el que pocos me hablaban desde el corazón. Además, me enamoré de los vinos que hacía (Fernando creó hace años el proyecto Domados Wines). Así que, el hecho de que él me haya apoyado en esto para mí no tiene precio", explica.

En cuanto a la dinámica de trabajo, Leandro asegura que, desde el minuto cero, el winemaker lo hizo partícipe del proyecto: "Siempre me dio la posibilidad de pensar y opinar, desde el corte de un blend y la elección de las botellas, hasta el diseño de las líneas y qué varietales elegir. Me tiene presente cuando hay que planificar las cosas importantes, por eso siento que estoy acompañando a un artista en todo este proceso".

Para hacer vinos, "hay que ser un romántico"

Respecto de los riesgos financieros que enfrentaba al encarar un proyecto de esta envergadura, Leandro asegura que nunca tuvo temor: "Emprender no es fácil en la Argentina, como tampoco lo es en otras partes del mundo; uno tiene que tener claro en el río en el que está nadando. No me las sé todas, pero todo lo que hice, lo hice en la Argentina y, sabiendo que hay ciertas cosas que no van a cambiar, entendí que no iba a dejar de emprender".

La bodega tiene base en La Consulta, en la región de Valle de Uco

Además, asegura que el proyecto Grazie Mille le cambió la manera de pensar: "Crecí, evolucioné como persona. Tuvimos momentos complejos, sobre todo al comienzo, cuando hubo que hacer un gran desembolso de dinero, pero ni en esos momentos pensé en los plazos de retorno de la inversión. No hay miedos cuando hay algo que lo hacés desde el corazón y no pensando en la rentabilidad. Más cuando es una industria en la que la única realidad es lo que está dentro de la botella".

Y, cuando se le pregunta qué le aconsejaría a un emprendedor que esté pensando poner un pie en este sector, Leandro no duda y repite el mismo precepto: "Si entrás pensando en la rentabilidad, no funciona. Hay que ser largoplacista; ser muy respetuoso de la idiosincrasia de la gente que está hace años en la industria; no ser ansioso; tratar de asociarse con gente con mucho conocimiento, que sepa mucho de la región en la que uno quiere empezar a trabajar y, especialmente, ser un romántico".