"Invento de la soledad", una comedia bastante seria de una pareja que es trío

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Quito, 12 ago (EFE).- "El invento de la soledad", una comedia bastante seria, que se entrena este sábado en Ecuador, narra la historia de una pareja, que en realidad es un trío, pues el encierro por la pandemia atrae tan intensamente los recuerdos de un amor pasado, que se convierte en un integrante más de la relación.

De humor inteligente, el argumento del corto nació hace cuatro años con aspiración de ser película, pero por azares de la vida, ha terminado en una obra de unos veinte minutos, con la comedia como pretexto para hablar sobre el complejo entramado razón-corazón, que en ocasiones lleva a pensar que cualquier pasado fue mejor.

En el confinamiento por la covid-19, Soledad, la protagonista del corto, decide vivir con la pareja con la que sale desde hace poco, pero al mismo tiempo logra una profunda inmersión en su mundo subjetivo al punto de materializar un recuerdo.

MÁS CÓMODO LIDIAR CON RECUERDOS

"Siempre será más cómodo lidiar con un recuerdo que con un ser humano", se escucha en la obra, una frase que para su creadora y directora, Ana Cristina Franco, resume la tesis del cortometraje, que participa en el Festival Internacional de Cine de Quito, tras haberse presentado en Estados Unidos, Alemania, Francia, España y Uruguay.

"Enfrentarse a una persona real implica siempre un esfuerzo, en cambio la mente hace que los recuerdos e imaginaciones se adapten a lo que podemos tolerar emocionalmente. El recuerdo es una invención y se vuelve más manipulable", explica la ecuatoriana Franco en una entrevista con Efe.

Al sumar una "persona" más a la pareja en el corto, Franco juega con una metáfora pues en la vida real, cuando se recuerda mucho a alguien, esto influye en el entorno y en la vida de otros.

DEBATE ENTRE REALIDAD E IMAGINACIÓN

Debatiéndose entre su realidad y su imaginación, Soledad ve una noche a su exnovio: "Yo deambulaba tranquilamente por los laberintos incansables de la memoria, cuando el llamado obsesivo de alguien me materializó", dice él ante su asombrada expareja.

Junto a ellos, el novio de carne y hueso inicia un inesperado viaje por los recovecos de la memoria, de la ira, del conformismo y las comparaciones intelectuales del ex.

Se desencadena así una serie de diálogos que envuelven ironías, prejuicios y una crítica soterrada a lo que Franco denomina "activismo de Facebook", en relación a quienes desde un teclado opinan, comentan, dirigen y pretenden cambiar el mundo.

Y es que, con un afán más analítico que juzgador, en el corto se ironiza sobre privilegios desde la mirada de alguien de clase media y se abordan "teorías conspiranóicas", que al inicio de la pandemia argumentaban que todo era un invento para manipular a la sociedad.

LA SOLEDAD, MECANISMO DE DEFENSA

El corto "tiene que ver con esta lógica de la soledad como un mecanismo de defensa, quedarse en su mente con lo seguro, con el recuerdo y no enfrentar la realidad", incide Franco.

Pero también -dijo- tiene que ver con la nueva manera, "no mala sino distinta", de relacionarse a través de lo virtual ladeando al contacto personal, lo que se intensificó con la pandemia.

"Deberías quedarte conmigo, yo no contagio", le dice a Soledad su expareja materializada; "pero yo existo", replica el novio de carne y hueso, en un diálogo que deja como subtexto que el recuerdo ofrece una especie de inmunidad al dolor.

No obstante, "el recuerdo puede ser perfecto, pero no existe", dice Franco, que con el corto también da otra mirada a la monogamia.

Ello porque en la pareja siempre puede haber "uno más": el recuerdo de alguien o el deseo de una persona, y la pareja aprende a convivir con el "tercero fantasmagórico", comenta.

DESIGUALDAD DE GÉNERO

En otra vuelta de tuerca reflexiva, el corto también rechaza la desigualdad de género: "Héroe masculino, musa femenina", reclama en un diálogo Soledad, que lidia con un montón de masculinidades tóxicas, una situación que sirve de excusa a Franco para alzar la voz sobre el papel de la mujer, también en el cine.

Habla de discriminación a la comedia hecha por mujeres, no solo porque hay poca, sino porque las actrices preferían ser musas, y no querían hacer comedia por temor a ser vistas como "poco serias".

Esta idea la echa al suelo con el corto grabado durante tres días en 2021, en Quito, con una inversión de 13.000 dólares, y con el que este año ha ganado ya dos premios internacionales y una mención.

Susana Madera

(c) Agencia EFE