Joaquín Sánchez se quita la careta de divertido en ‘El novato’

Joaquín Sánchez con sus hijas durante el partido de la Copa del Rey entre el Real Betis Sevilla y Valencia en el Estadio la Cartuja el 23 de abril de 2022 en Sevilla (Foto de David S. Bustamante/Soccrates /Imágenes falsas)
Joaquín Sánchez con sus hijas durante el partido de la Copa del Rey entre el Real Betis Sevilla y Valencia en el Estadio la Cartuja el 23 de abril de 2022 en Sevilla (Foto de David S. Bustamante/Soccrates /Imágenes falsas)

El futbolista del Real Betis Balompié Joaquín Sánchez se ha convertido en uno de los rostros televisivos del presente curso televisivo. Y lo ha conseguido por méritos propios, pues gracias a su carisma y su sentido del humor está consiguiendo unos datos muy buenos con su programa Joaquín, el novato. Un teatrillo en el que el deportista está buscando un nuevo oficio al que dedicarse una vez que se retire del campo de juego, y para ello está charlando con profesionales de primer nivel de todos los ámbitos. Pero la entrega de este miércoles, que giró alrededor del diseño de moda con Vicky Martín Berrocal como invitada, Joaquín se quitó la careta de divertido para mostrar una a la que no nos tiene acostumbrado. Su lado más romántico y familiar.

Hay que destacar que la familia de Joaquín tiene su parcela de protagonismo en cada entrega. Todos los capítulos empieza con una breve escena con su esposa, Susana Saborido, quien conoce bien la televisión por ser colaboradora de El programa de Bertín en Canal Sur. También vemos a sus hijas, Salma y Daniela; de hecho, anoche el arranque fue con el sevillano intentando buscar un buen estilismo para las adolescentes justo antes de salir a la calle. Pero todo forma parte de un guion, que esté acorde al tema del capítulo, pura (y divertida) artificialidad. Sabemos de sobra que esa no es la relación real del matrimonio, ni la del as del balón con sus pequeñas.

Sin embargo, y como decimos, con el mundo de la moda ocurrió algo diferente y mágico, y es que pudimos ver al verdadero Joaquín, ese que no es un encantador payasete, y al que probablemente solo conozca su círculo más cercano.

Tras haber aprendido algunos secretos del mundo de la moda, tanto de la mano de Vicky Martín Berrocal como del resto de invitados (Boris Izaguirre, Judit Mascó y Javier de Miguel), tenía que aplicar todos esos conocimientos. Tuvo que diseñar un traje que fuese cosecha propia, igual que otros días tiene que hacer una entrevista, presentar un programa o cantar una canción. Y lo luciría su esposa, que se convertiría en su musa, si es que no lo era ya antes.

En los últimos minutos del programa, como colofón, vimos a Susana salir de una puerta luciendo el traje, de color verde. Ahí Joaquín se emocionó, con un amor y admiración que traspasaba la pantalla. Se llevó las manos a la cara, sin saber cómo controlar la emoción que recorría su cuerpo. En un inserto de vídeo, el bético decía que su mujer era un ángel.

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Vicky Martín Berrocal, que estaba presente en ese momento, también se contagió de la emoción y se le saltaron las lágrimas. Valoraba que el conductor de El novato hubiese hecho el trabajo con mucha entrega y pasión, dándolo todo. “Qué momento más mágico, ha sido mágico”, valoraba la que fuese concursante deLevántate: All Stars en Telecinco. Para que la imagen perdurase en el tiempo (más allá de en el catálogo de ATRESplayer, entendemos), Susanna protagonizó una sesión de fotos de la mano de Juan Delgado, uno de los más punteros fotógrafos de moda.

Fue muy satisfactorio ver a Joaquín así de vulnerable, de enamorado, de cercano. Se nota mucho que a través de los medios de comunicación solo conocemos una parte de él, y que de puertas para adentro es un cacho de pan.

Conste que el resto del programa, como no podía ser de otra manera, sí estuvo lleno de humor. Incluso el broche de la entrega fue un chascarrillo de lo más desconcertante. Joaquín aparecía con Susana y con sus hijas en casa, satisfecho de la experiencia, pero tenía una última sorpresa más. Un nuevo diseño inspirado en la vida que tienen todos ellos en común. Entoncessacó una gran caja, en la que había un sombrero que no podía ser más feo. Lleno de volantes, y con más decoraciones que un bazar chino. No faltaba un detalle: unas alas de ángel tornasoladas, luces, frutas, un gran pájaro que cantaba y hasta una bandera del Betis. Con mucha guasa, Susana se puso el gorro encantada; la hija mayor le pedía por favor que se lo quitase, que parecía un centro de mesa, mientras que a la pequeña le gustaba la creación. Algo que, como hemos dicho anteriormente, era puro guion. Porque el sombrero no podía ser más espantoso, aunque, ciertamente, tenía un aire kitsch que resultaba encantador.

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