Jorge Pérez paga muy caro el peaje de trabajar en Telecinco

Jorge Pérez, en un posado de 'Supervivientes 2020'  (Mediaset)
Jorge Pérez, en un posado de 'Supervivientes 2020' (Mediaset)

Jorge Pérez entró en Supervivientes 2020 con una breve etiqueta de ‘famoso’: una foto tuya vestido de guardia civil, profesión que tenía entonces, le hizo ganarse la fama de guaperas. El reality de Telecinco le echó el lazo, y él, por méritos propios, se alzó como ganador del formato, por delante de Ana María Aldón. Desde entonces, Jorge aparcó su carrera en la Benemérita para dedicarse al mundo de la moda y de la televisión, y quizá ahora, en parte, se esté arrepintiendo. Y es que este fin de semana ha pagado muy caro el peaje que conlleva ser colaborador de los programas de crónica social de Mediaset.

Hay que destacar que Jorge siempre ha sido un colaborador, por así decirlo, blanco. No busca polémicas gratuitas, es amable, y conecta muy bien con la cámara. Nunca se mojaba al airear su vida personal, pues todo parecía estable y encantador: está casado con una mujer llamada Alicia, con la cual tiene cuatro hijos, el último de ellos nacido este mismo 2022.

Por eso mismo, sorprendía mucho que el programa Fiesta le pusiese en el ojo del huracán este sábado. Según contaron, un día antes se llevó a cabo la fiesta de Navidad de la productora Unicorn Content, responsable de Fiesta o Ya es mediodía, formatos donde Jorge colabora. Y allí, el superviviente se besó con su compañera Alba Carrillo, delante de todos, incluso con teléfonos móviles grabando la situación.

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En principio, Jorge, presente en el plató, negó que hubiera beso, hasta que se vieron la luz las imágenes captadas por los otros participantes del evento. Jorge se derrumbó, y hasta pidió irse del programa para hablar con su mujer. Decía que no quería dar pena, solo que su pareja le perdonase por no haber estado a la altura.

Fue extraño ver a Jorge en esa tesitura: a pesar de ser una persona popular, nunca nos habríamos imaginado que sus idas y venidas sentimentales fuesen a ocupar horas de programación en Telecinco, y más de la forma en la que se realizó. Todo era áspero, incómodo para el guardia civil, y también para el espectador. Habría cometido una equivocación, un desliz, sí, pero no parecía merecerse esa quema de brujas.

Algunos colaboradores echaron más leña al fuego, como Marta López, que aseguró haber presenciado en la fiesta de Navidad, celebrada en la discoteca madrileña El Príncipe, el mismo tonteo que se traen de siempre. Y el domingo, la cosa fue a más en el espacio Socialité, producido por La Fábrica de la Tele.

Allí, María Patiño dio paso a vídeos en los que un examigo de Pérez explicaba que es, literalmente, el rey del tonteo. E insinuó, de forma sutil, que ya habría sido desleal a su pareja en otras ocasiones, citando hechos que habrían sucedido en Palencia o Cantabria. Esa misma fuente, que hablaba con la voz distorsionada, incluso aseguró que Alicia, la mujer de Jorge, estaría al tanto de “quién es su marido”, aunque no por ello comulgaría con su actitud.

Esa misma tarde, Alba Carrillo, la otra parte implicada en el asunto, dio la cara en Fiesta. Y Jorge Pérez entró por teléfono, y por su tono de voz, parecía muy afectado, para cargar contra Socialité, aunque sin pronunciar su nombre. Hablaba de “otros programas” que están aprovechando que está roto para coger algo que puedan repartirse. Que no entendía cómo alguien podía beneficiarse de algo así.

Es fácil ponerse en sus zapatos, pero Jorge parece obviar que se dedica al mundo del corazón y de la crónica social. Y que lo que le ha hecho Socialité a él (y lo que le harán otros programas que están por venir, ojo) es lo mismo que su sección Fresh en Ya es mediodía comenta de otros famosos. Ni más, ni menos. Desgranar imágenes pilladas por un teléfono móvil, hacer leña del árbol caído, poner sobre la mesa las infidelidades, aventuras o desdichas de la celebrity que corresponda. Nada nuevo bajo el sol, en definitiva.

Igual, a estas alturas de la película, Jorge Pérez está entendiendo cómo funciona la casa en la que trabaja, qué tipo de contenidos ocupan la gran parte de la programación. Y que participar en determinados espacios puede conllevar un peaje muy caro, como que pongan el foco sobre tu persona y tu familia, aunque te resulte doloroso.

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