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Juan Carlos I despide a su primer amor desde la distancia de su exilio forzoso

MADRID, SPAIN - NOVEMBER 23:  King Juan Carlos attends COTEC Foundation meeting at Cibele Palace on November 23, 2015 in Madrid, Spain.  (Photo by Pablo Cuadra/Getty Images)
La soledad de Juan Carlos I se agudiza en momentos personales duros (Photo by Pablo Cuadra/Getty Images)

Muchas cosas se ha perdido el rey emérito en España desde su exilio forzoso en agosto de 2020 cuando, montando el paripé una vez más, escribió a su hijo Felipe VI: “Te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España”.

Nada más lejos de la realidad y es que Juan Carlos I jamás quiso irse del país según los expertos en monarquía sino que fueron Felipe, Letizia y los representantes políticos los que decidieron por él y es que, seamos sinceros, su imagen era un campo de minas para la institución Real.

Juan Carlos dejó España con el panorama del “regalo” de 100 millones de dólares que habría recibido de Arabia Saudí. Además, la presión por parte de Corinna Larssen y sus abogados no dejaba de crecer e implicaba indirectamente a Felipe VI y Letizia Ortiz como beneficiarios de dicho dinero mediante la Fundación Lucum, creada en 2008.

Felipe y su esposa procedieron a renunciar a cualquier herencia que viniera por parte de Juan Carlos I y el rey emérito se vio en el exilio sin fecha de regreso. Desde entonces, además de los 80 millones que según Corinna se habrían repartido, del supuesto cobro de las comisiones del AVE y de las tarjetas opacas, el exmonarca no ha levantado cabeza.

Juan Carlos y su equipo legal se apresuraron a ponerse al día con Hacienda mediante a una regularización fiscal de casi 700.000€ por el uso de las tarjetas opacas, pero ni siquiera eso fue suficiente para que se le permitiera volver a España.

Desde entonces, el rey emérito se ha perdido las vacaciones en Mallorca, el Día de la Hispanidad y muchos más eventos a los que ha acudido doña Sofía en representación de la corona cuando los reyes así lo han estimado.

Sin embargo, de todas las cosas que no ha podido hacer Juan Carlos quizá la más dolorosa se presenta ahora, con la reciente muerte de su gran amor de juventud, Olghina Di Robilant, a la cual no ha podido ir a despedir a Italia.

Cualquier movimiento de Juan Carlos es ahora un quebradero de cabeza para su sucesor y es que la prensa estudia con lupa cada “privilegio” o “libertad” del castigado rey caído, como le llama Laurence Debray en su reciente biografía.

En su jaula de oro de Emiratos Árabes, Juan Carlos vive atado de pies y manos en la toma de decisiones y ha visto partir en la lejanía a su amada Olghina, preciosa condesa que conoció cuando él tenía 18 años. y ella 22.

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Di Robilant ha fallecido en su hogar de Como a los 87 años y en España era conocida por ser el primer flechazo del por aquel entonces príncipe. Corría el año 1856 y Juan Carlos manda cartas a distintas mujeres para ver quién sería la futura reina de España pero Olghina no estaba por la labor de encorsetarse en semejante papel dado que se consideraba un alma libre.

Se conocieron en persona una noche de verano según cuenta ella misma en su libro “Sangre Azul” en el cual define a Juan Carlos como un joven “de cuerpo atlético y movimientos muy hábiles. Juanito acercó su mejilla a la mía. Estaba ardiendo. Sus labios se detuvieron en mi oreja y yo me eché un poco hacia atrás. 'Guapa', susurró”, y bastó esa palabra para enamorarse.

Me enamoré como una colegiala. Era una relación alegre, simpática, sin pretensiones, sin compromisos, así que no éramos fieles”, confesó la condesa describiendo el romance de varios años junto al actual rey emérito.

Olghina nunca pretendió ser reina y jamás vio a Juan Carlos por su papel institucional sino que “Yo no conocí al Rey. Conocí a un muchacho, que los amigos llamábamos Juanito. Era bromista, alegre y juvenil. Su padre, don Juan de Borbón, y el entonces caudillo Franco le habían prohibido que se casara con una chica que no fuera de la familia real. Fundamentalmente, él estaba unido con la mujer más guapa de las casas reales europeas, María Gabriela de Saboya, pero luego también se lo prohibieron”.

En su día Jaime Peñafiel apuntó en su obra “Anécdotas de Oro” que Franco deseaba a una mujer sumisa para Juan Carlos y que, horas antes de pedir la mano de Sofía, el rey estuvo con la condesa italiana en un hotel.

Sin embargo, su relación de amor desenfadado se terminó cuando Juan Carlos marchó a la mili aunque seguían escribiéndose cartas de amor en la distancia. Su última vez juntos fue justo antes de la boda con Doña Sofía en un hotel de Roma, Olghina relató que “Me contó que le había comprado un anillo con dos rubíes en forma de corazón... ¡Con su dinero! Y es que nunca tenía un duro”.

Ese amor con aire fresco queda ya muy lejano y es que, mientras la condesa descansa en paz desde el pasado 26 de noviembre, Juan Carlos I sigue atrapado en una situación incómoda que le mantiene alejado de su gente y del país en el que un día señalado, el 23-F, juró que moriría.