La comida del futuro, a base de agua, aire y electricidad

No es ningún secreto que la ganadería industrial es una de las culpables del cambio climático. Las vacas (y sus gases) han sido señaladas como las responsables de que el agujero de ozono necesite un remiendo. Tampoco tienen buena prensa la avicultura o la pesca masiva, que amenaza con dejar reducida la fauna marina a la mínima expresión. Ojo, porque la alternativa, que podría venir de una alimentación basada en las verduras también tiene su reverso tenebroso: deforestaciones para hacer sitio a los cultivos de moda, coacción a los agricultores para que pasen a producir lo que la industria demanda, etc.

El polvo comestible de Solar Foods.

¿Qué nos queda entonces? Pues ni más ni menos que crear comida casi, casi de la nada. En eso está una empresa finlandesa, Solar Foods, que ha comenzado a producir alimento a partir de electricidad, agua y dióxido de carbono. Por increíble que parezca. Y no solo es comestible, sino que es nutritivo.

Pasi Vainikka, CEO de la empresa, explica que han ideado una manera de producir un polvo blanco grueso y sin sabor que es la clave para una nueva alimentación. El proceso para conseguir esta biomasa es similar a la fermentación: es un bioprocesamiento, pero en lugar de usar azúcares, se utilizan electricidad y dióxido de carbono. Esa sustancia se enriquece después con sales y otros nutrientes inorgánicos. El objetivo de esta empresa, surgida de una incubadora de la Agencia Espacial Europea, es producir un millón de kilogramos de esta sustancia al año.

La clave es que este polvo es rico en proteínas, pero dista mucho de parecerse a cualquier alimento reconocible, como un filete de ternera o un lomo de atún. Lo que están pensando en Solar Foods es incluirlo como aditivo en distintos alimentos como el pan o el chocolate. También podría entrar en platos como guisos, arroces, etc. El objetivo es que la gente se acostumbre a su sabor para que después pase a tomarlo directamente.

Este polvo es rico en proteínas.

Las cifras avalan el proyecto de Solar Foods: el compuesto milagroso se podría fabricar en zonas desérticas, donde la energía solar resulta mucho más barata. La superficie necesaria sería de unos 110.000 kilómetros cuadrados -el tamaño del estado norteamericano de Ohio, por ejemplo-, nada que ver con las enormes extensiones actuales dedicadas tanto a la agricultura o a la ganadería.

Este compuesto (que aún no tiene nombre) no es el primero en surgir con el objetivo de reemplazar los alimentos actuales. Desde hace unos años, tenemos entre nosotros Soylent, una bebida de aspecto grisáceo creada en Silicon Valley que promete aportar todos los nutrientes necesarios para el ser humano, dejando de lado cualquier alimento sólido. En este caso, su creador, Rob Rheinhart afirma sin empacho (nunca mejor dicho) que el acto de comer es “ineficiente” y asegura que su invento ayuda a ahorrar tiempo para destinarlo a otras cosas… Si tenemos que quedarnos con algún sustituto, preferimos la biomasa de Solar Foods. Al menos en ese caso, renunciaremos a hamburguesas y ensaladas, pero, a cambio, estaremos salvando el planeta.