“Las parejas encuentran más fácil tener sexo que revelar fantasías”, dice investigador

Por qué nos da vergüenza lo que nos excita, es una pregunta que responde el psicólogo Justin Lehmiller (Foto:Getty)

Nueve de cada diez personas fantasean con un ménage à trois. Un 65% disfrutan la idea de sentir dolor en la cama (cachetadas, mordiscos, cera caliente, etc.). El sexo en público ocupa el cuarto lugar en el ranking fetichista. Al 58% le entusiasma la posibilidad de ver a la pareja acostándose con alguien… ¿Pero cuántos tienen el valor de admitirlo y cuántos lo negarán hasta la muerte?

En el nuevo libro Tell me what you want (“Dime lo que quieres”, sin versión en español ni portugués), el psicólogo Justin Lehmiller, del respetado Instituto Kinsey de Sexualidad, habla de esos y otros resultados de la investigación sobre deseos sexuales que llevó a cabo con más de 4.000 estadounidenses entre 18 y 87 años. En esta entrevista, explica por qué nos da vergüenza lo que nos excita y cómo superarlo juntos.

– ¿Todo el mundo tiene fantasías sexuales? ¿Es normal?

JUSTIN – La inmensa mayoría, sí: el 97% de los participantes en mi investigación dijeron tener fantasías sexuales. Uno de los motivos por los que la gente se siente avergonzada y culpable por sus deseos tiene que ver con una estrecha definición de “normal” que nos es socialmente impuesta. Muchos practican sexo como creen que se debe hacer, tratando de encajar en patrones bastante limitados e ignorando sus fantasías reales. Si conseguimos hablar sobre ellas y compartirlas con la pareja, reducimos la ansiedad y nos volvemos libres de disfrutar el sexo de verdad. Eso nos acerca al otro, crea una base para mejorar la vida sexual y hacer madurar la relación.

Hacer un trío es la fantasía sexual más popular (Foto: Getty)

– Según su investigación, el trío es la fantasía más común. ¿Te sorprendió ese resultado?

JUSTIN – No (risas). El sexo con varias personas es bastante más popular en la pornografía… Creo que el atractivo de esa fantasía está en proporcionar mucha novedad y cosas diferentes al mismo tiempo. La mayoría dice que se imagina con su pareja y una tercera persona. Es decir, no quieren sustituir a nadie, sino diversificar, especialmente en relaciones largas que experimentan la caída del deseo y la frecuencia en las relaciones sexuales.

– ¿Y cómo explica el segundo lugar ocupado por las fantasías BDSM (sigla de Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo)?

JUSTIN – Esas prácticas involucran [un juego de] poder, control y sexo “rudo”. Crean un estado mental de atención plena. La persona se concentra en el “aquí y ahora”, olvidando muchas angustias que normalmente impiden involucrarse y aprovechar el momento. El masoquismo, por ejemplo, tiene más qué ver con entregarse a la situación que con sentir o no dolor.

El psicólogo Justin Lehmiller, autor del libro “Tell me what you want”, entrevistó a 4.000 personas sobre fantasías sexuales (Foto/Divulgación).

– El Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM), elaborado por médicos y psicólogos, clasifica como “parafilia” los deseos sexuales “inusuales”. ¿Cuáles considera usted que no deberían estar ahí?

JUSTIN – Sadomasoquismo, podofilia [fetichismo de pies] y travestismo [vestir ropas del sexo opuesto] son muy comunes. Además de eso, el hecho de que haya una fantasía no común desde un punto de vista estadístico no quiere decir que sea mala para la salud y deba ser diagnosticada como un trastorno mental. Las investigaciones muestran que no hay nada de malo con la mayoría de personas que tienen deseos BDSM, por ejemplo.

– ¿Cuándo se vuelve preocupante una fantasía sexual?

JUSTIN – El principal indicador es si te provoca mucha angustia, si interfiere en tu productividad, en la capacidad de establecer el tipo de relación que te gustaría. También es conveniente buscar ayuda profesional si tienes fantasías recurrentes que involucren actos no consensuados o peligrosos para ti u otras personas.

– ¿Es posible tener una vida sexual satisfactoria sin hacer realidad las fantasías sexuales propias?

JUSTIN – Creo que sí. A veces, solo con conversar con otro sobre el deseo sexual ya es interesante. No me corresponde a mí decir si la persona debe o no ponerlo en práctica porque existen personalidades y relaciones distintas… Pueden acercarlos como pareja y realmente disfrutar la experiencia. Pero hacer realidad una fantasía sexual también conlleva riesgos, como ver frustradas las expectativas.

Las parejas creen que es más fácil practicar sexo que hablar de él

¿Cómo hablar abiertamente de eso en la relación?

JUSTIN – Las parejas creen que es más fácil practicar sexo que hablar de él. Es muy importante establecer ese tipo de diálogo con frecuencia, ya sea para discutir métodos contraceptivos o para decir en el momento cómo te gusta ser tocado/a, etc. También existen muchas formas de iniciar una conversación específicamente sobre el deseo: viendo una película erótica los dos, sorprendiendo con ropa interior nueva o con un juguete, creando juegos sexuales…

– ¿Y si uno no acepta la fantasía del otro?

JUSTIN – ¡Está bien! Puede ser que no disfrutes una u otra cosa, pero la gente tiene varias fantasías sexuales. Mi consejo es no desistir en buscar intereses mutuos. Intenta mantenerte abierto y sin juzgar a la pareja, porque tú no quieres ser juzgado tampoco. Cuidado con tu lenguaje no verbal [¿sabes esas miradas y muecas?] en tanto te deja expuesto. No necesitas aceptar o poner en práctica la fantasía sexual de él o ella. Esa conversación tiene que ver más que nada con construir un ambiente de intimidad y confianza.

Nathalia Ziemkiewicz