La latina que llegó a lo más alto en Hollywood antes que Salma Hayek y Sofía Vergara

“¿La historia de mi vida? Es la historia de un demonio” dijo Lupe Vélez al describirse en una entrevista. Una mujer hoy olvidada por muchos y recordada por pocos que sembró el estereotipo de la mujer latina explosiva y temperamental en Hollywood antes que Sofia Vergara, y mucho antes que Salma Hayek. Fue de las mayores estrellas del cine de finales de los años 20s, novia de Charlie Chaplin y esposa del Tarzán más recordado de la historia.

Lupe Vélez fue un torbellino sensacional. Un huracán que arrasó en la industria del cine con una personalidad tan divertida como arrolladora, pero también conflictiva, violenta y deprimente. La llamaban la “dinamita mexicana” y, con acento y todo, logró ser de las pocas estrellas que hizo la transición del cine mudo al sonoro con éxito en la meca del cine. Pero tan solo vivió hasta los 36 años.

La actriz de cine mexicana Lupe Vélez, (1908-1944), modela varias joyas impresionantes. (Foto de © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis vía Getty Images)
La actriz de cine mexicana Lupe Vélez, (1908-1944), modela varias joyas impresionantes. (Foto de © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis vía Getty Images)

Nacida en San Luis Potosí, México, en 1908, María Guadalupe siempre fue una mujer de armas tomar. Hija de un General, vivió los estragos de la Revolución Mexicana siendo adolescente, saliendo en busca de trabajo para ayudar a su madre y cuatro hermanos menores que ella. Según la biógrafa Michelle Vogel incluso participó en la contienda, acompañando a su padre. “Cuando los niños americanos iban al jardín, yo cabalgaba con mi padre en la milicia mexicana. Vi a muchos hombres intentar matar a mi padre. Vi a mi padre matar a muchos. No tengo miedo a las balas” fueron sus palabras. Estas experiencias podrían explicar la naturaleza arrasadora de Lupe, pero también una enfermedad que por entonces se desconocía, siendo muchos los que ahora piensan que sufría de trastorno bipolar.

Lupe podía ser divertida y carismática, y violenta y depresiva poco después. Tras aprender inglés en un convento de Texas durante dos años, volvió con su familia, encontrándolos en una situación precaria. Su padre había desaparecido en la guerra y ella enseguida tomó las riendas buscando trabajo en una tienda. Poco después comenzaba su andadura por el teatro de revista, cantando y bailando, convirtiéndose en una sensación instantánea en su país y poco después se marchaba a EEUU, primero a Texas y más tarde a Los Angeles donde comenzó a trabajar en el burlesque. Pero todo cambió cuando Hal Roach vio las pruebas que había hecho para MGM y sin pensarlo dos veces le dio un papel en uno de los cortos de El Gordo y el Flaco.

Y ya desde sus inicios en una tierra extranjera, ella destacaba siempre con un temperamento independiente e imprevisible que la hacían tan adorable como insoportable. En el casting para su primer largometraje, The Gaucho, plantó cara al protagonista, Douglas Fairbanks, cuando éste le pidió que se quitara los zapatos porque el personaje iba descalzo. Ella montó en cólera, negándose rotundamente y esa rabieta llamó tanto la atención que le dieron su primer papel protagonista en La montañesa. En los años siguientes trabajó con figuras como D.W. Griffith, Victor Fleming o Gary Cooper, pero su temperamento le precedía. Las historias de su vida comenzaron a tomar más protagonismo que sus trabajos como actriz, siendo apodada por la prensa con frases tan absurdas como La pantera mexicana, La señorita tamal caliente y muchos más.

Y es que Lupe Vélez era una mujer que dejaba huella. La personalidad que mostraba delante de las cámaras era un reflejo de ella misma. Podía ser tan encantadora como convertirse en un verdadero demonio. “Yo no soy salvaje. Solo soy Lupe” dijo en una ocasión al explicar su reputación, mientras que en otra ocasión dijo “Soy salvaje, no puedo evitarlo”. Una dicotomía que, como señalaba previamente, hoy en día muchos explican como un trastorno bipolar.

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Lupe era una mujer celosa de sus rivales, apasionada en sus relaciones hasta extremos insospechados y una amante del boxeo. La actriz asistía cada viernes a combates en el ring del Hollywood Legion Stadium, siempre en primera fila, subiendo ella misma al cuadrilátero para alentar a su favorito delante del público. En una ocasión atacó al árbitro con un paraguas. Llegó a darle un puñetazo a la actriz y cantante Libby Holman por culpa de la rivalidad que vivieron durante la producción de You never know en Broadway (1938); llegó hasta las manos con Lilyan Tashman en los baños del Montmartre Café y amenazó a Norma Shearer con cortarle el cuello con el cuchillo que llevaba en la cartera durante una fiesta, y solo por ir vestida de rojo. Pero su mayor rivalidad era con su compatriota Dolores del Río. A pesar de que sus carreras fueron muy diferentes, la prensa se empecinaba en compararlas mostrando a Lupe como el estereotipo exótico latino de clase baja, y a Dolores como la representación de la belleza y elegancia. Y Lupe la detestaba, la imitaba de forma burlona delante de la gente, mientras Dolores tenía miedo de encontrarse con ella en lugares públicos debido a su reputación agresiva.

Pero quienes vivieron su lado más salvaje fueron los hombres que pasaron por su vida. No podías evitar sentirse atraído por Lupe Vélezescribió Gary Cooper décadas después de mantener su tórrida relación con la mexicana. Se conocieron en 1929 en el rodaje de Wolf Song y enseguida se dejaron llevar por la pasión a pesar de que el actor mantenía una relación con la ‘It-girl’ de la época, Clara Bow y, más tarde con Marlene Dietrich. “Gary estaba totalmente dominado por Lupe” dijo Marlene sobre uno de los hombres más irresistibles de Hollywood.

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Gary y Lupe estuvieron juntos durante poco más de tres años, viviendo un amor tan apasionado como tormentoso y violento. Cuentan los biógrafos que el actor fue el gran amor de su vida, aunque analizando los hechos de la relación podríamos preguntarnos si no era más bien una obsesión fruto de una relación tóxica. En una ocasión, Lupe lo apuñaló con un cuchillo de cocina mientras discutían, en otra intentó romper la ventana de un tren para poder abrazarlo y hasta fueron arrestados cuando una patrulla policial los encontró haciendo el amor en un coche. Hasta vivió una batalla campal a través de los tabloides con la madre de Cooper, quien no aprobaba la relación.

Sin embargo, lo peor sucedió en 1931 cuando el galán de Hollywood esperaba el tren que iba a llevarlo al barco que zarpaba a Europa. “¡Gary, hijo de p…!” le gritó una voz de mujer mientras él esperaba en la plataforma. Era Lupe con un arma en la mano, enfadada porque la abandonaba. La bala le pasó muy cerca, Gary logró esquivarla y subió enseguida al tren. La relación terminó ese día.

Y Lupe se refugió en su carrera, que prosperaba más que nunca, y en otros amantes como John Gilbert (recordado como “el gran amante” del cine) o el eterno Robin Hood, Errol Flynn. Pero en 1933 conoció a Johnny Weissmuller, el inolvidable Tarzán del cine. Se casaron poco después en Las Vegas, aunque la relación siempre estuvo rodeada de titulares en los tabloides por los continuos conflictos y peleas que protagonizaban. Se peleaban y reconciliaban constantemente mientras se rumoreaba que las marcas que dejaba en el cuerpo del legendario nadador olímpico eran la comidilla constante de los maquilladores de las películas de Tarzán. La relación terminó en divorcio en 1938.

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En muchas declaraciones podemos encontrar que aquellos que llegaron a conocerla la describen con cariño, incluso cuando hablan de su temperamento. Tenía muchos animales y adoraba a sus perros, Chips y Chops, que llevaba con ella a donde iba. Sin embargo, el estereotipo de latina temperamental la persiguió durante toda su carrera. Un estereotipo que actrices como Sofia Vergara y Salma Hayek también tuvieron que afrontar. Curiosamente, ella fue de las pocas actrices del cine mudo que logró transitar el cine sonoro con maestría a pesar de hablar inglés con acento mexicano (son muchos los actores que pasaron al olvido por culpa de acentos o timbres de voz que no gustaron a los productores y al público). Incluso mezclaba palabras con castellano haciéndola más única en la época de las primeras películas con diálogo.

Su mayor éxito llegó en 1939 con The girl from Mexico interpretando a Carmelita, una cantante temperamental casada con un refinado estadounidense. Aquel papel cementaría para siempre su imagen de latina adorable pero vulgar con repentinos ataques de ira, y desarrolló siete secuelas. Por aquel entonces mantuvo una relación con Arturo de Córdova, quien estaba casado y tenía cuatro hijos. Lo cierto es que Lupe soñaba con casarse y formar su propia familia y llegó a filtrar su affaire para lograr que su amante se divorciara. Pero la esposa juró nunca darle el divorcio. Fue en 1944 cuando, mientras visitaba a Arturo en un rodaje, conoció a Harald Maresch, un extra austriaco a quien ella misma propuso matrimonio y poco después descubría que estaba embarazada de cuatro meses. Pero su felicidad no duraría mucho. Dos meses más tarde, en noviembre de aquel año, aparecía una mujer que demandó a Harald por romper su promesa de matrimonio, y la relación terminó.

Lupe temía a la repercusión mediática si el mundo se enteraba de que iba a ser madre soltera. Era tradicional y religiosa en una era sin derechos igualitarios para las mujeres y la idea de un aborto no entraba en sus planes. Y así, en su mente conflictiva, lamentablemente optó por el suicidio, planificándolo como si estuviera pensando más en el qué dirán tras su partida, que en su propia vida.

Aquel día, el 13 de diciembre de 1944, desayunó con amigos como Bruce Cabot y Errol Flynn, y luego organizó una fiesta en su casa con sus mejores amigas. Por la noche escribió notas de despedida, se maquilló, encendió velas, se puso pijamas de seda azul y rodeó su cama de flores. A continuación ingirió 64 pastillas del sedante Secodal y se recostó acomodando el cabello en la almohada. Su secretaria la encontró por la mañana y la policía, al entrar en la habitación, “pensó que era una muñeca”.

Lupe dejó una carta a Harald que evidencia la tendencia obsesiva, dependiente e incluso manipuladora de la actriz en su vida personal: “Que Dios te perdone y a mí, pero prefiero quitarme la vida y la de nuestro bebé antes de avergonzarlo o matarlo. ¿Cómo pudiste fingir un amor tan grande por mí y nuestro bebé cuando todo este tiempo no nos querías? No veo otra salida, así que adiós y buena suerte”. En otra carta dedicada a su secretaria, Beulah Kinder, la dejaba al cuidado de sus perros.

Sin embargo, su muerte no fue el fin de sus días en los tabloides. La leyenda creció y existen muchos rumores infundados y mentiras sobre su final. El infame libro de Kenneth Anger, Hollywood Babylon, que contó cotilleos inventados y exagerados de muchas celebrities, cuenta que Vélez comió comida picante antes de morir y que habría muerto ahogada en el retrete tras arrepentirse e intentar vomitar las pastillas. Esta versión inventada logró convertirse en noticia y aun hoy en día muchos creen que este fue su verdadero final. Pero no es cierto.

Lupe fue la primera mujer latina que arraigó en Hollywood el estereotipo de la mujer latina temperamental. Aunque es probable que, debido a la época, fuera una incomprendida más de la historia juzgada por las apariencias más que por comprenderla.

Fuentes: Los Angeles Magazine, Telegraph, Wikipedia

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