Alcoholismo y mitomanía... los problemas de Carlos Bonavides desde que se ganó 'El Premio Mayor'

José Rivero
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Carlos Bonavides. Foto: Medios y Media/Getty Images

La fama le llegó por sorpresa en los años 90 como protagonista de telenovelas aspiracionales como ‘El Premio Mayor’, pero en medio de la gloria, Carlos Bonavides vivía su propio infierno. Alcoholismo, deudas y descubrir que no podía dejar de mentir son parte de la lista de problemas que ha vivido, y que lucha día con día por no volver a caer.

En una entrevista reciente, el actor habló sobre su ‘adicción’ por decir mentiras, situación que su hijo le ha ayudado a detectar y que lo motiva para decir la verdad.

“Estoy luchando por superar el problema de las mentiras. El alcoholismo va junto con la mitomanía, entonces así como me di cuenta de que el alcoholismo es una enfermedad, también la mitomanía”, contó al programa ‘De primera mano’.

“Yo decía mentiras a diestra y siniestra y ahora me controlo. Mi hijo está consciente de eso, un día me mandó un recado porque en una entrevista yo dije una mentira: 'papá, ¿por qué dices mentiras?'... fue un latigazo. Yo que he vivido tanto, que tenido tantas experiencias estoy en una actitud de trabajo constante y reposo espiritual, porque cuando te vuelves consciente de tu vida, ya no le puedes dar un giro”.

A sus 78 años, la vida del originario de Carrizal, Veracruz, es una constante lucha por demostrar que su fuerza de voluntad es mayor a sus adicciones. Pero desde sus inicios, demostró que la perseverancia era una de sus virtudes.

Y es que desde que a los 13 años viajó a la Ciudad de México y, con tal de sobrevivir cantaba en camiones y trabajaba como extra en películas mexicanas, nunca se dio por vencido. Un día de 1995 su vida cambió mientras esperaba una oportunidad en los pasillos de Televisa.

El famoso productor Emilio Larrosa lo eligió para el personaje de ‘Huicho Domínguez’ en la telenovela 'El Premio Mayor', junto a Laura León. Fue un éxito instantáneo.

“Estaba sentado en la banca de la buena suerte. Emilio Larrosa pasó, haz de cuenta que alguien lo tocó, volteó y me vio. Su jefe de reparto ni me pelaba, un día me dijo 'no tengo nada para usted, entiéndalo'; pero el señor me habló y me dijo que me daría un papel. Vamos a su oficina y me dijo 'pase'. ¡A su oficina! después de que yo era invisible. Fue una suerte, fue una bendición”, recordó en una entrevista.

Pero la bendición fue la puerta de entrada al infierno. Era tal la fama que hasta la fecha se le recuerda como ‘Huicho Domínguez’, y en ese tiempo, lo aprovechaba para divertirse.

“Yo me iba a Garibaldi vestido de 'Huicho Domínguez' a brindar de mesa en mesa porque todo el mundo me invitaba, salía a las 2 de la tarde a meterme a otra cantina. Muchísima gente me recuerda cuando nos veíamos en Garibaldi”, aceptó en una plática con el periodista Gustavo Adolfo Infante.

A la par del alcoholismo, llegaron las drogas. Probó heroína, cocaína, piedra... “En alguna ocasión fumé opio, marihuana, lo que me daban. Terminé tomando alcohol del 96 y lociones”, recordó el actor.

Así vivió hasta que tocó fondo, y experimentó los delirios al intentar suspender su ingesta alcohólica. “Una vez estaba en un hotel con una vista al mar, con tres muchachas a mi disposición, dinero, alcohol. Suena el teléfono y me dicen 'te habla el jefe', salgo como estaba y en el pasillo me detuvieron porque estaba desnudo, y no estaba en ningún hotel de lujo, estaba en un hotel de tercera, con tres días sin tomar y eso produce un delirio”.

Ahora tiene 11 años sin haber bebido una gota de alcohol, y reconoce: “El alcoholismo es una enfermedad de las emociones, la única medicina para controlarlo es el producto de gallina. Tuve millones de recaídas, sí fui a Alcohólicos Anónimos, pero no me funcionó, me ponía muy nervioso de escuchar las historias”.

El remedio fue el amor de su pareja Yodi y el nacimiento de su hijo. “Yo encontré el amor, ahora con mi hijo voy adelante. Todos los días rezo y le pido a Dios que me conserve sobrio. Mi hijo a los 4 años dijo 'Mi papá no toma', ¿y cómo le fallas a un niño?”.

“Cuando llegas al fondo no te puedes ir más abajo, tienes que empezar a subir. El primer paso es darse cuenta de que uno está enfermo y reconocerlo”.

Ya sobrio, la salud siguió provocándole preocupaciones. Hace poco le extirparon un riñón porque tenía un tumor que afortunadamente no hizo metástasis.

Además de no volver a beber, su deseo para el resto de su vida es poder ver crecer a su hijo que ya tiene 11 años de edad. A la par de su trabajo como actor, visita reclusorios del país y lugares de reunión de jóvenes para fomentar la prevención del alcoholismo y la drogadicción.