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De Luis Miguel a Gwen Stefani: diez participaciones de músicos en el cine para recordar (o para olvidar)

De Luis Miguel a Gwen Stefani: diez participaciones de músicos en el cine para recordar (o para olvidar)
De Luis Miguel a Gwen Stefani: diez participaciones de músicos en el cine para recordar (o para olvidar)

El excepcional trabajo de Alana Haim en Licorice Pizza, el de Lady Gaga en Nace una estrella, o el de David Bowie en Laberinto son grandes ejemplos de músicos que lograron interpretaciones memorables, que quedaron grabadas en la memoria del público. La lista es larga e incluye también a nombres como Frank Sinatra, Will Smith, Ice Cube, Rihanna o Whitney Houston, entre muchísimos otros.

Aunque claro, hubo otros ejemplos no tan buenos, con cantantes que se aventuraron al cine a probar suerte y sin preocuparse demasiado por los resultados. El reciente estreno de Casate conmigo, que cuenta entre sus créditos al cantante colombiano Maluma en su debut en Hollywood, sirve de perfecta excusa para repasar diez participaciones de músicos en la pantalla grande, algunas memorables por las razones correctas, y otras porque el tiempo las convirtió en motivo de vergüenza .

Gwen Stefani en El aviador (2004)

Comencemos la lista con un buen ejemplo. En El aviador, Martin Scorsese retrata un período de oro en Hollywood, y a través de la figura de Howard Hughes (Leonardo DiCaprio), el realizador juega con grandes símbolos de esa época, como Katherine Hepburn (Cate Blanchett) o Errol Flynn (Jude Law). En el marco de esa historia, una de las mayores sorpresas fue ver a Gwen Stefani en la piel de Jean Harlow, un ícono sexual de los años treinta. Lamentablemente, su participación fue muy breve, pero ese debut en pantalla grande alcanzó para comprobar las buenas posibilidades que podría haber tenido la exvocalista de No Doubt en caso de que hubiera querido continuar una carrera en cine .

Britney Spears en Amigas para siempre (2002)

No hay forma de acusar a Britney Spears de hacer algo mal, jamás. La cantante no tenía demasiada experiencia en la actuación cuando dio todo paso que una gran estrella pop que se precie de tal, debe realizar: protagonizar una película. De ese modo, en 2002 estrenó Amigas para siempre, un drama sobre una joven que junto a dos compañeras, emprende un viaje por Estados Unidos para encontrar a su madre. El film está lejos de ser una obra maestra, desde luego, pero la presencia de Britney basta para que Amigas para siempre no defraude a pesar de los traspiés de su guion (que dicho sea de paso, fue escrito por Shonda Rhimes) . Britney tiene ángel cada vez que aparece en pantalla, y muchos años después, su participación en How I Met Your Mother la confirmó como una actriz auténtica, dueña de una frescura inigualable.

Luis Miguel en Ya nunca más (1984)

La popularidad de un jovencito Luis Miguel invitó a los productores (y a su papá, obviamente) a exprimir aún más la imagen del niñito cantante, cuya aparición en cualquier medio alcanzaba para hacer trinar a la caja registradora. Pero una cosa era la música y otra muy distinta la actuación, algo que quedó muy claro cuando Micky protagonizó el pseudo drama Ya nunca más. ¿Pero teniendo en cuenta que el chico no sabe actuar, no sería mejor hacer una comedia ligera? No, para nada, que lo pongan frente a un intenso drama, sobre un joven al que le amputan la pierna. Como era de esperar, y gracias a la actuación de Luis Miguel, la tragedia del relato pronto se convierte en una comedia involuntaria, que nobleza obliga, al menos dejó una mítica escena que el público jamás olvidará .

Snoop Dogg en Starsky y Hutch (2004)

En 2004, Todd Phillips hizo una de sus mejores películas: Starsky y Hutch. Protagonizada por Ben Stiller y Owen Wilson, el realizador recreaba en registro de comedia el policial de los setenta utilizando un tono canchero, con dos actores dueños de una química inmejorable. Y en esa divertida relectura del clásico televisivo, Phillips tuvo la genial idea de convocar a Snoop Dogg para componer a Huggy Bear Brown, un astuto criminal que por fuerza de las circunstancias, termina colaborando con los policías. Snoop le imprime a su personaje un carácter relajado, que posee un dominio total de todas las situaciones que se le presentan. Y si bien el rapero ya contaba con una larga carrera en el cine, aquí logra una de sus mejores apariciones .

Alanis Morissette en Dogma (1999)

La artista canadiense no había actuado nunca, cuando en 1999 apareció en el film Dogma, de Kevin Smith. Aquí Ben Affleck y Matt Damon encarnan a dos ángeles desterrados, que buscan una forma de volver al Cielo, aunque eso signifique eliminar a un decimotercer apóstol afroamericano o buscar la ayuda del demonio Gólgota. Y en esa inteligente sátira sobre el catolicismo, Alanis Morissette se pone en la piel, ni más ni menos, que de Dios. Pero ese Dios (¿o Diosa?) juega, es tierno, y se divierte con cosas muy pequeñas. Y aunque la cantante esté perfecta en el papel, ser Dios le valió el repudió de varios sectores, que entendieron esa representación como una falta de respeto .

Soledad Pastorutti en La edad del sol (1999)

¡Ay, los noventa! Épocas de audaces aventuras en forma de películas, cuya razón de ser no es del todo clara. En esa década, Soledad Pastorutti fue un popular ícono joven. La fiebre de La Sole era imparable, y hasta los menos interesados en el folclore en algún que otro baile revolearon un poncho imaginario al grito de “¡ahí viene don Atahualpa por los caminos del mundo!”. Que Soledad es una artista excepcional, y que su carisma aún hoy es un sello inconfundible, no está en duda. Pero quizá, el cine le resultó un terreno demasiado desconocido. En La edad del sol, Pastorutti se interpreta a sí misma en una historia sobre su deseo por priorizar las amistades y el anhelado viaje de egresados, por sobre sus compromisos laborales. Como es de esperar, el film no funciona, los clichés son miles, y La Sole surfea de la mejor manera posible un mundo que le resulta ajeno .

Keith Richards en Piratas del Caribe: en el fin del mundo (2007)

Cuando Johnny Depp confesó que su Jack Sparrow se basó ligeramente en Keith Richards, los fans pronto comenzaron a fantasear con ver al Stone dentro de la trama. Y los productores cumplieron ese deseo en la tercera entrega de la saga, al convocar al legendario guitarrista para hacer un cameo en la piel del capitán Edward Teague, padre del popular antihéroe. En esa primera aparición (luego repetiría en las secuelas de la saga) se nota a Richards divertido, consciente del entusiasmo que significaba su cameo y sumergido en un proyecto que probablemente jamás habría imaginado para su carrera. No es una gran actuación, pero sí un guiño hermoso para los seguidores de esta franquicia .

Kiss en Kiss contra los fantasmas (1978)

Un proyecto inclasificable, que dejó un resultado extrañamente atractivo. En plena efervescencia “kissera”, el gerente del grupo, Bill Aucoin, decidió que era un buen momento para poner a la banda al frente de su propio film, marcando así un negocio asegurado. De ese modo, puso en marcha un largometraje que presentaba a los músicos como un curioso grupo de superhéroes (la parafernalia de Kiss, desde luego ayudaba), quienes debían vencer a un malvado villano. El título fue un fracaso, y dejó en claro que la mística de la banda no se trasladaba necesariamente a los códigos cinematográficos. Sin embargo, el paso del tiempo hizo que Kiss contra los fantasmas se convirtiera en una pieza de culto, generando a su alrededor un inexplicable fanatismo .

Ricky Nelson en Río Bravo (1959)

A finales de los años cincuenta, Ricky Nelson era un cantante en ascenso, un potencial ídolo del rock al que la industria le dio varios empujones. Y uno de ellos, fue un papel secundario en la obra maestra de Howard Hawks, Río Bravo. En la película, Nelson hizo lo que pudo en una cancha en la que jugó junto a dos tótems sagrados: John Wayne y Dean Martin. Y si bien “Dino” se robaba todas las miradas cada vez que aparecía en pantalla, Ricky logró relativamente airoso del reto. Incluso se dio el lujo de interpretar junto a sus coprotagonistas las canciones “My Rifle, My Pony and Me” y “Get Along Home, Cindy”, un instante de pura felicidad musical dentro de uno de los mejores westerns de la historia .

Debbie Harry en Videodrome (1983)

Para cerrar la lista, otro ejemplo en el que todo salió bien, con una cantante que supo integrarse a un largometraje absolutamente mutante. Videodrome es uno de los títulos imprescindibles de David Cronenberg, centrado en el director de un canal sensacionalista, que se obsesiona con una grabación amateur que contiene torturas y asesinatos. A partir de ahí, Max Renn (James Woods) inicia un viaje de terror corporal y alucinaciones indescriptibles. Y en ese combo tan a la Cronenberg, la líder de Blondie compone a una sadomasoquista que se convierte en una pieza extraña, sumergida en un relato más extraño aún. Debbie Harry es una de esas cantantes/actrices de un talento innegable, que aquí logra una actuación tan fascinante como inquietante .