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Luisa de Suecia llevaba, por si se perdía, una tarjeta donde se leía: “Soy la Reina de Suecia”.

La Reina Luisa de Suecia tenía unas extravagantes y excéntricas costumbres que hicieron de ella un personaje muy célebre en el siglo XX. La esposa del Rey Gustavo VI Adolfo de Suecia fue muy querida entre los suecos por su gran dedicación a los niños más desfavorecidos, pero también por su cercanía, su gran simpatía y, sin lugar a dudas, por su gran sentido del humor y por aquellas rarezas que la hacían verdaderamente diferente. Pero, comencemos por el principio y veremos cómo sus relaciones amorosas tampoco se mantuvieron dentro de lo previsible. Luego, llegaremos a la extraña forma en la que escondía perros entre su ropaje y en por qué tenía miedo a perderse.

Lord and Lady Louis Mountbatten attend the wedding of his sister, Lady Louise Mountbatten to Crown Prince Gustaf Adolf of Sweden at the Chapel Royal, St Jame's Palace, London.   (Photo by PA Images via Getty Images)
Lord and Lady Louis Mountbatten attend the wedding of his sister, Lady Louise Mountbatten to Crown Prince Gustaf Adolf of Sweden at the Chapel Royal, St Jame's Palace, London. (Photo by PA Images via Getty Images)

Luisa nació en Inglaterra como “Su Alteza Serenísima Princesa de Battenberg”, aunque su padre cambió el apellido Battenberg por Mountbatten. Así Lady Luisa Mountbatten, como era conocida, debiera haberse convertido en Reina de Portugal. En 1909, una joven Luisa de 20 años recibió la propuesta de matrimonio del Rey Manuel II de Portugal. Pero, contrariamente a toda costumbre y protocolo de la época, Luisa le rechazó. Sin embargo poco después Luisa se comprometió en secreto con Cristóbal de Grecia. Sin embargo, la relación no fue permitida por sus padres, pues Cristóbal carecía de medios económicos. Luisa prometió entonces que jamás se casaría con un rey, ya había rechazado al de Portugal y rechazaría a cuantos más les propusiera su familia. Lo que hizo Luisa fue enamorarse de Alexander Stuart-Hill, un pintor británico que vivía en París. Una vez más al enterarse su familia, Luisa tuvo que romper la relación. Luisa no parecía destinada al matrimonio, hasta que conoció al príncipe heredero Gustavo Adolfo de Suecia. En ese momento Luisa rompió su juramento de no casarse con un rey, pues Gustavo lo sería, y se enamoró perdidamente de él. El 3 de noviembre de 1923 en el Palacio de ST James Luisa dio el “sí quiero” al heredero al trono de Suecia y el que sería el gran amor de su vida.

Future king Gustav VI Adolf of Sweden and his wife Louise Mountbatten c. 1925. (Photo by APIC/Getty Images)
Future king Gustav VI Adolf of Sweden and his wife Louise Mountbatten c. 1925. (Photo by APIC/Getty Images)

La felicidad parecía completa cuando Luisa se quedó embarazada y desgraciadamente su hija murió al nacer. Luisa no volvió a tener hijos. Sin embargo amó profundamente a sus hijastros, ya que su marido era viudo y aportó al matrimonio varios hijos de su primera mujer. Ese amor por los niños fue una de las virtudes que los suecos supieron apreciar en la Reina Luisa. Durante la llamada Guerra de Invierno en Finlandia, cientos de niños finlandeses huyeron a Suecia para refugiarse. Sin pensárselo dos veces Luis modificó el Palacio de Ulriksdal para que sirviera de casa de acogida a muchos de estos niños. Y cuando terminada la guerra, los niños pudieron regresar a Finlandia, la Reina Luisa siguió en contacto con ellos para asegurarse de que estaban bien. Así de cariñosa era la Reina Luisa y por ello se ganó la admiración de sus ciudadanos. Pero, también hemos dicho que Luisa tenía costumbres poco comunes en una Reina y que era bastante excéntrica. Resulta que a la Reina de Suecia le gustaba mucho salir de Palacio, sin ser reconocida, sin tener que arrastrar todo el cortejo protocolario. Y, algunas veces, convencía a su marido el Rey para que se uniera a ella en esas escapadas. Así los Reyes de Suecia pasearon en secreto en varias ocasiones por las calles de Estocolmo sin guardaespaldas, ni protocolo. Pero, en aquellos recorridos en pareja no se alejaban demasiado de Palacio, por recomendación del propio monarca. Luisa, que siempre fue inquieta y aventurera deseaba ir “un poco más allá”. La Reina quería acercarse más a los ciudadanos y salir a mezclarse con la gente en cualquier mercadillo. La Reina quería sentirse como una ciudadana anónima más. Y decidió realizar algunas escapadas en solitario y adentrarse más en la ciudad.

LONDON, UNITED KINGDOM – OCTOBER 10: Queen Louise of Sweden arriving in London airport on October 10, 1953 in London, United Kingdom.  (Photo by Keystone-France\Gamma-Rapho via Getty Images)
LONDON, UNITED KINGDOM – OCTOBER 10: Queen Louise of Sweden arriving in London airport on October 10, 1953 in London, United Kingdom. (Photo by Keystone-France\Gamma-Rapho via Getty Images)

Estando en Londres decidió realizar una de sus excursiones secretas. Luisa iba tan encantada y alborotada por la dicha de verse anónima en las calles de la ciudad que se despistó y casi la atropella un autobús. El incidente no tuvo más gravedad que el susto que se llevó la Reina. Pero, a Luisa se le quedó grabado en la mente el incidente. Esa vez sólo había sido un percance, pero en otra ocasión podría ocurrirle una accidente serio cuando se escapaba sola. En ese momento decidió que llevaría siempre en su bolso de mano una tarjeta que pusiera : “Soy la Reina de Suecia”. De esta manera si la pasaba algo grave y no podía identificarse quien la encontrara sabría que rea la Reina y que debían llevarla a Palacio. Durante años, cuando la Reina decidía salir sola por la ciudad, se ocupaba de guardar en su bolso aquella extraña, y hasta extravagante, tarjeta identificativa

Louise Mountbatten, (1889-1965), Crown Princess of Sweden, later Queen of Sweden through her Marriage to Gustaf VI Adolf, Portrait. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)
Louise Mountbatten, (1889-1965), Crown Princess of Sweden, later Queen of Sweden through her Marriage to Gustaf VI Adolf, Portrait. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)

Pero, aquella no era la única costumbre excéntrica que practicaba con asiduidad la Reina Luisa. Otra de sus manías era esconder a sus perros entre sus ropas. Claro que eran perros pequeños, lógicamente. Pero, aún así era disparatada la idea. El caso es que para viajes oficiales la presencia de los canes no era lo más recomendado, pero a Luisa le costaba mucho alejarse de sus amadas mascotas. Entonces a la Reina de Suecia se le ocurrió utilizar para algunos de esos viajes grandes abrigos de tallas más anchas y chales para que sirvieran de escondite a alguno de sus perritos. El problema, y el follón, venía cuando el can decidía salir de su escondijo o ladrar desde el fondo del gabán. Algo que rompía todo protocolo y desconcertaba a quienes estaban cerca de la Reina. Desde luego Luisa era una Reina poco corriente. La Reina Luisa de Suecia murió un 7 de marzo de 1965 a los 75 años. Está enterrada junto a su marido el Rey Gustavo VI en el cementerio real de Haga, a las afueras de Estocolmo. Y aún son muchos los ciudadanos que acuden allí para depositar flores sobre su tumba. Fue distinta y fue querida. Mucho, en ambas cosas.