Anuncios

El menú de la cocina de juguete incluye tacos, lumpiás y carnes frías

Sergio, el hijo de 6 años de Rebecca Rivera, juega con alimentos de juguete como sushi y pizza en su casa de Patterson, Nueva York, el 26 de febrero de 2023. (Lauren Lancaster/The New York Times)
Sergio, el hijo de 6 años de Rebecca Rivera, juega con alimentos de juguete como sushi y pizza en su casa de Patterson, Nueva York, el 26 de febrero de 2023. (Lauren Lancaster/The New York Times)

En su casa de Patterson, Nueva York, a Sergio, el hijo de 6 años de Rebecca Rivera, le gusta jugar a ser chef con sus peluches. Los alimenta con sushi de madera y les da sus trozos favoritos de nigiri de salmón a Sonic el Erizo y Mario, sus juguetes más queridos. Intrigado e inspirado por sus juegos, Sergio le preguntó a su madre si el sushi existía de verdad y si podía probarlo en un restaurante.

A los padres de toda Norteamérica les entusiasma comprarles a sus hijos juguetes de comida que reflejen sus gustos cada vez más globales y la evolución de sus hábitos gastronómicos, y las empresas jugueteras ya se dieron cuenta. En la última década han ampliado su oferta de manera exponencial, con tacos suaves de fieltro, dim sum de plástico, tablas de carnes frías de peluche y, por supuesto, sushi de madera como el de Sergio.

“Los niños de hoy crecen en un mundo mucho más conectado”, afirmó Tom Runtz, director de desarrollo de productos de Learning Resources, que vende juguetes que reproducen pasteles de pescado, ramen, edamame y samosas.

Aunque las empresas como Melissa & Doug, Little Tikes, KiwiCo y Learning Resources fabriquen juguetes para niños, a final de cuentas sus productos tienen que atraer a los padres y lo logran emulando alimentos que están ganando popularidad en Estados Unidos. Si convences a papá o mamá de que a su hijo le gustaría hacer un capuchino de mentira en una cafetera de juguete, lograrás una venta.

“Gran parte de esto también lo dicta la cultura instagrameable en la que vivimos”, comentó Mark Morse, vicepresidente de mercadotecnia global de Little Tikes. “Estamos comprando con base en lo que pensamos que sería una foto divertida”.

Muchos padres dicen que se trata de mucho más que eso: estos juguetes han hecho que sus hijos se interesen más por probar nuevos alimentos y conocer su significado cultural. Rivera, de 36 años, asegura que el kit de sushi de su hijo le ha abierto todo un mundo nuevo.

Eveline Tien juega con su hijo de 2 años, Maxwell, en Renton, Washington, el 25 de febrero de 2023. (Jovelle Tamayo/The New York Times)
Eveline Tien juega con su hijo de 2 años, Maxwell, en Renton, Washington, el 25 de febrero de 2023. (Jovelle Tamayo/The New York Times)

“Ahora, siente curiosidad por Japón y por lo que comen”, comentó Rivera. “Esas preguntas le ofrecen toda una diversidad de alimentos que puede comer”.

Los desarrolladores de juguetes suelen tardar más de un año en sacar un nuevo producto al mercado, por lo que los diseñadores deben ser exigentes a la hora de elegir qué alimentos reproducir. Las empresas le dan prioridad a la creación de juguetes que reflejen cambios significativos en los hábitos alimentarios, como la creciente popularidad de los camiones de comida, las aplicaciones de reparto y las alternativas a la leche. Los desarrolladores llevan a cabo sesiones de lluvia de ideas, toman fotos de los alimentos que intentan replicar, diseñan con cuidado varios prototipos a fin de que sean seguros para grupos de edad específicos y prueban los productos con padres y niños.

“Debemos tener cuidado porque la tendencia en TikTok de mañana no va a ser tendencia dentro de 18 meses”, aseveró Runtz. “Vamos a parecer alguien que llega tarde a la fiesta”.

Los diseñadores de juguetes también deben pensar minuciosamente cómo presentar con precisión los alimentos culturales a los niños. Por ejemplo, los artículos de un juego de tacos de Melissa & Doug están etiquetados en inglés y español. Sofía Dumery, vicepresidenta de diseño de la empresa, asegura que los desarrolladores fueron cautelosos a la hora de nombrar esos elementos, por ejemplo, refiriéndose a la cobertura blanca y suave del plato como “crema”, en español, en lugar de “sour cream”, en inglés.

“No hay lenguaje más común que la comida”, comentó Dumery. “Y es una forma estupenda de conocer el mundo”.

Camden, el hijo de 3 años de Kathleen Gaceta, aprende sobre la comida filipina que prepara su familia en su casa de Federal Way, Washington, con un colorido rompecabezas que incluye arroz en adobo, lumpiás y postre halo halo.

“Me gusta mucho que haya más representación cultural” en los juguetes de alimentos, señaló Gaceta, de 36 años. “Y si necesitara enseñarle más sobre nuestra cultura, hay más recursos y herramientas de aprendizaje que puedo utilizar. Facilitan mucho la enseñanza del patrimonio”.

Este tipo de juguetes también han ayudado a Camden, que es autista, a superar algunas dificultades sensoriales que tiene a la textura, el sabor, el olor y el aspecto de ciertos alimentos.

Aunque el juego de roles siempre ha sido una etapa importante del desarrollo infantil, los juguetes en sí no cambian la manera de comer de un niño. Pueden ayudar a presentarles nuevos alimentos a los niños, pero estas interacciones deben ir acompañadas de las comidas reales, afirmó Deena Weisberg, profesora de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Villanova. Los juguetes sobre alimentos preparan a los niños para los entornos sociales en los que se los comerán (como los restaurantes) y les ayudan a darle lógica a su mundo.

Si el objetivo es tratar de diversificar el paladar de un niño, concluyó Weisberg, “quizá sea mejor hacerlo de verdad”.

c.2023 The New York Times Company