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Murió “El Perro” Emaides, uno de los creadores de Cosquín Rock

Emaides recordaba haber producido unos 1100 shows en Córdoba
Emaides recordaba haber producido unos 1100 shows en Córdoba

CORDOBA.- A los 66 años murió este lunes en Córdoba, Héctor “El Perro” Emaides, uno de los creadores de Cosquín Rock junto a José Palazzo. En los 80 y 90 fue una figura clave de la cultura cordobesa, dueño de la disquería Mussnak y fundador del Nuevo Rock Argentino. La causa de la muerte fue una complicación de una neumonía.

En 2018 reabrió su disquería en barrio Güemes; la anterior había estado en el centro de la ciudad. La sociedad con José Palazzo se terminó en 2004, tras la última edición del festival en la ciudad de Cosquín. Hoy Palazzo lo despidió en las redes sociales con este mensaje: “Triste noticia de la partida de Perro Emaides. Iniciamos muchas aventuras juntos y nos reencontramos después de muchos años en la Próspero Molina. Mi pésame a su familia”.

Los medios cordobeses recuerdan que gracias a Emaides -quien produjo unos 1100 shows, según sus propios cálculos- pasaron por esta ciudad proyectos referentes del rock sinfónico como Rick Wakeman, Steve Hackett, Steve Howe y King Crimson, además de Peter Hammill, Adrian Belew y Andy Summers. La primera edición del Nuevo Rock Argentino la organizó él junto a Alejandro Almada, en 1994.

La primera edición de Cosquín Rock, en tanto, se realizó en 2001 en la plaza Próspero Molina de Cosquín. Fueron dos días en los que se reunieron unas 12.000 personas. Actuaron Divididos, Los Piojos, Las Pelotas y Bersuit Vergarabat, entre otras bandas. En 2018, Emaides y Palazzo fueron reconocidos por la Legislatura cordobesa.

En las redes, apenas se supo de la muerte de El Perro se multiplicaron las anécdotas. “Hector Emaides abrió una disquería en la galería Libertad a comienzos de los ochenta. El Perro Mussnack dejó un cartelito en la puerta del local que decía: “Vuelvo en 5 minutos”. Y se fue dos años a viajar por el mundo. Volvió y abrió de nuevo”, contó Pablo Ramos Basta. “Ese subsuelo perdido en el centro se convirtió en un Aleph musical. Vinilos, cassettes y compacts deambulaban entre una procesión de detectives salvajes que buscaban la perla sonora que nos ayudara a sobrevivir cada noche. Allí estaba el Perro para indicarnos la receta mágica”.