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Murió Peter Bogdanovich, un director excepcional que se convirtió en el gran custodio de la memoria clásica de Hollywood

Bogdanovich en Buenos Aires, cuando fue invitado estelar del Bafici en 2016
Hernan Zenteno

“Soy la única persona con vida que sabe cómo eran realmente”, dijo una vez Peter Bogdanovich, el extraordinario director, productor, guionista y actor que acaba de morir a los 82 años. Hablaba de los grandes directores y actores clásicos del cine de Hollywood, de Alfred Hitchcock a Orson Welles, de John Ford a Howard Hawks, de James Stewart a John Wayne, cuya memoria no sólo honró todas las veces que pudo. También se dedicó a cuidarla de todas las maneras posibles, como si asumiera con naturalidad que le correspondía solo a él convertirse en el custodio de la mejor historia del cine estadounidense.

Esa obra de rescate, recuperación y difusión del cine clásico destinado sobre todo a las nuevas generaciones es uno de los grandes legados de Bogdanovich. El otro, por supuesto, es su filmografía, que abrevó siempre de esos clásicos mientras trataba al mismo tiempo de explorar una renovación en las formas narrativas y dramáticas. En un momento de quiebre en la historia de Hollywood, iniciado a fines de los años 60 y consolidado en la década siguiente, Bogdanovich fue uno de los grandes artífices de una transición que se propuso asimilar buena parte del pasado e integrarlo a una nueva e inédita síntesis.

Peter Bogdanovich en Buenos Aires
Hernán Zenteno


Peter Bogdanovich en Buenos Aires (Hernán Zenteno/)

El cine de Bogdanovich, que alcanzó su cumbre muy temprano gracias a La última película (1971), fue siempre noble, transparente y clásico en el mejor sentido del término. Fue un maestro de la comedia (¿Qué pasa doctor?, Al fin llegó el amor, Nuestros amores tramposos y Detrás del telón son ejemplos inmejorables) y también de esas historias agridulces en las que se mezclan la nostalgia y la melancolía. Allí están Luna de papel, Máscara, Texasville (notable secuela de La última película) y Una cosa llamada amor para demostrarlo.

La vida artística y personal de Bogdanovich experimentó fuertes altibajos. Llegó en un momento a ser la figura más prometedora del llamado “nuevo Hollywood” y en un momento llegó a tener todos los medios posibles a su alcance para hacer lo que se le ocurriera. Hasta que una sucesión de sonoros fracasos (surgidos en buena medida de una personalidad arrogante, que no se permitía la mínima vuelta atrás) casi termina muy rápidamente con su carrera como director.

Mientras atravesaba su peor momento artístico y financiero, Bogdanovich también debió afrontar una tremenda tragedia personal. Había empezado un romance con Dorothy Stratten, una exitosa modelo de Playboy, y la había sumado al rodaje de la película Nuestros amores tramposos, cuando su celoso marido la asesinó el 14 de agosto de 1980. Tenía apenas 20 años.

John Huston, aquí protagonista; Welles y Peter Bogdanovich, en un alto del rodaje del film
Netflix


Junto a John Huston y Orson Welles (Netflix/)

Fue la figura estelar del Bafici 2016. De paso por Buenos Aires habló de sus películas, desplegó toda su sabiduría cinematográfica (siempre fue un gran teórico y un agudo observador de los aspectos formales y esenciales de la narrativa del cine) y corroboró con su memoria prodigiosa y una multitud de anécdotas que nadie como él podía custodiar la gran memoria de Hollywood. Como tal también recibió el homenaje de algunos cineastas de las nuevas generaciones, como el que le tributó nuestro compatriota Andy Muschietti al proponerle una breve aparición en la segunda parte de It. Allí aparece, muy divertido, interpretando a un director de cine.