Ni gritos ni órdenes: qué hacer para que la crianza de tus hijos no se convierta en un campo de batalla

Berna Iskandar
Colaboradora

Imagínate que una amiga te visita y sin querer derrama la taza de té o de café sobre la alfombra. ¿Qué le dirías? Ahora imagina que tu hija de tres años derrama el vaso de agua sobre la alfombra. ¿Qué le dirías?

Hay un adagio popular que reza, “trata a los pequeños como te gustaría ser tratado por los grandes”.

Si nos ponemos esos los lentes especiales que yo llamo del darse cuenta, observaremos que la forma en que nos comunicamos con los niños, casi por norma, es autoritaria. Asumimos posturas educativas arrogantes, ordenamos, regañamos, amenazamos, sermoneamos… “Carlitos, vete a bañar”, le decimos a nuestro hijo desde la cocina mientras juega en la sala con sus carritos. Cinco minutos después, “Carlitos que te vayas a bañar, a la una… “, luego a las dos… y a la cuenta de tres nos acercamos para llevarlo a rastras a la ducha.

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Cuando tu hijo está pasándola bien haciendo algo que le gusta, y le dices o le ordenas desde la cocina o desde otra habitación que interrumpa su actividad para que haga otra cosa, o para que cumpla con una obligación como ir a bañarse, a comer, hacer las tareas, etc., es muy probable que no responda de buena gana o no sienta el deseo de cooperar. De hecho a nadie le gusta que lo interrumpan cuando la está pasando bien y menos con una orden ¿cierto? Mucho más si se trata de un niño pequeño que necesita estar siempre donde se siente a gusto, jugando, imaginando, explorando, viviendo en el placer como es propio en su momento madurativo cuando todavía no capta del todo bien lo que significa una responsabilidad como ya lo podrá comprender mejor una vez que logre el hito de desarrollo que le permita hacerlo.

En esos casos es más efectivo que te acerques, te pongas a la altura física y conectes emocionalmente con tu hijo o con tu hija (veo que estás disfrutando un montón con tus juguetes) Luego le comunicas lo que está por venir (pero ya llegó la hora de cenar).

Con niños a partir de los tres años, además del juego y la creatividad, podemos negociar y establecer acuerdos sobre el tiempo que necesite para terminar con la actividad que está realizando (jugar, ver su serie favorita, etc.) y pasar a la siguiente (bañarse, cenar, dormir). Con niños menores de tres años que aún no han desarrollado la madurez cognitiva suficiente para la negociación, podemos usar el juego, la imaginación, la distracción, ofrecer alternativas más atractivas y otros recursos creativos para redirigir su atención e interés hacia la tarea que toque realizar (vamos a ver ese perrito, mira como mueve la colita… y te lo vas llevando del parque sin resistencia).

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Las soluciones

Las posibilidades pueden ser tantas, como niños y padres en cada situación particular. Los ejemplos siempre aportan referencias e ideas que podemos ajustar a cada caso. En este sentido invité a madres en mis redes sociales a compartir experiencias de recursos propios creativos, juguetones, imaginativos que han usado para motivar a sus peques a hacer algo que no querían hacer, sin recurrir a premios, castigos, imposiciones, amenazas o sermones)

Mónica contaba historias muy locas que se inventaba y con las que se llevaba a sus hijas al baño, a la cena o a la cama.

Mi amiga Holanda, cuando la resistencia de su hija de 7 años a bañarse era dura de vencer, apelaba a recursos divertidos e inesperados como invitarla a meterse a la ducha con la ropa, o a bañarse todos juntos (mamá, papá, hermanito …)

Cuando el hijo de tres años de Mirwil andaba en la etapa de los "superhéroes", aprovechaba -como quien no quiere la cosa- exclamando, "¡oh no… a superbebé se le ha olvidado darse un baño hoy! ¿qué podemos hacer? ¡ayúdame! ¡ya el agua está caliente!” Con lo cual el niño siguiendo el juego, se iba a bañar encantado. Eso sí – me advirtió- sin nada de apuros.

Otra mamá en la misma onda me contó que su hijo de 4 años estaba algo selectivo con la comida y le tocó invitarlo a la cocina para ayudar a preparar los alimentos atómicos de su superhéroe favorito: arepas Z y queso Fotónico.

Patricia, con su niña de cinco años nos cuenta que recientemente cuando tenía que llevársela de casa de la abuela donde la pequeña estaba muy a gusto, le explicó que la razón era arreglar el carro para que estuviera en condiciones de viajar a la playa el fin de semana. La ilusión de lo que venía luego de la “diligencia fastidiosa” motivó a la pequeña.

Otra seguidora compartió que a sus sobrinos de 5 y 8 años les proponía juegos dentro de la actividad "aburrida". Así, por ejemplo, lograba que ayudaran a ordenar, poniendo música bajo el reto de acabar antes de que terminara la canción.

Una mamá cuenta que siempre se pone a cantar y bailar alocadamente y que anima objetos que le hablan a su bebé de 14 meses. Dice que no se reprime a la hora de recurrir a la fantasía y al juego alocado en sitios públicos para motivar, distraer o persuadir a su pequeño, aunque la gente la vea raro.

Cuando algún pequeño o pequeña a mi cargo manifiesta resistencia a pesar de haber intentado varios recursos como la negociación, el juego, la fantasía, los cuentos… y ya no queda más remedio que llevarles hacia la actividad pendiente, me ha funcionado -como último recurso- convertirme en la monstrua de las cosquillas y los brinquitos. Entonces los atrapo y me los llevo cargados a punta de cosquillitas y brinquitos del parque al carro, o de la sala a la cama, a la ducha, etc.

Todas las experiencias anteriores tienen en común las ganas de mejorar nuestro vínculo afectivo con los hijos, establecer una buena conexión con ellos, dejando salir y siguiendo intuitivamente aquello que nos dicta nuestro propio niño juguetón y creativo, hasta conseguir una comunicación activa sin necesidad de castigar, gritar, sermonear, ni ordenar.

Los recursos del juego, la creatividad, la imaginación, la magia, el acuerdo, la negociación constituyen la forma de comunicación activa para conseguir que tu hijo o hija coopere. Aunque a ratos nos resulte difícil, aunque tome más tiempo y esfuerzo, es así como cada día de la crianza de los pequeños dejará de ser un campo de batalla para convertirse en un desafío lleno de oportunidades para aprender y disfrutar juntos.

¿Te animas a compartir tu experiencia?


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Berna Iskandar es divulgadora y asesora de crianza alternativa.

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