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Películas matrioshka: películas dentro de otras películas dignas de “competencia oficial”

Películas matrioshka: películas dentro de otras películas dignas de “competencia oficial”
Películas matrioshka: películas dentro de otras películas dignas de “competencia oficial”

No hay nada más aburrido que escuchar a alguien hablar de sí mismo. A menos, claro está, que esa persona sea muy interesante y tenga mucho que contar de sus aventuras —incluso si son inventadas. Lo más importante: que lo cuente como nadie en el mundo. Sí, estamos más interesados en alguien que nos atrapa con lo que puede contar y su destreza para engatusarnos que la veracidad de lo que nos dice. De esta manera el cine y los cineastas –que se consideran a sí mismos y a su oficio como algo extremadamente interesante– han pasado décadas, ya prácticamente un siglo, narrando historias que tienen que ver con lo que hacen mejor: filmar. O actuar. O dirigir. O escribir. O todo lo anterior: la creación no se limita tan fácilmente.

Las películas sobre películas o los filmes sobre la profesión cinematográfica son, cuando están bien ejecutados, joyas que nos hablan de lo que piensan, viven y comprenden estos artistas con complejo de cíclopes. Son en su mayoría películas de ficción que analizan, critican y abordan las prácticas de los creadores al mismo tiempo que inventan un universo donde esta experiencia profesional transfigura en una trama compleja y llena de acontecimientos inusitados, hazañas y episodios bufos o trágicos.

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El 24 de marzo veremos en salas de cine Competencia oficial (92%) (2022), de la dupla Mariano Cohn + Gastón Duprat, una comedia crítica que aborda de un modo satírico el modo en que conviven distintos tipos de imposturas intelectuales que, en el colmo de los excesos, claudican al esnobismo como conclusión de su decadencia.

Los directores, imbuidos en una escena discordante que dribla entre el cine de arte y la profesión del entretenimiento, reflexionan finalmente sobre la pretensión en el ámbito cinematográfico. Comienzan por el primer acto de corrupción: el mecenas que se siente creador. En busca de trascendencia y prestigio social, un empresario multimillonario decide hacer una película que “deje huella”. Es decir, vanagloriarse en la satisfacción de la grandeza (el reconocimiento crítico) y colocarse en los anales de la Historia con un hito de cine de autor.

El hombre de negocios contrata a un equipo estelar formado por la directora Lola Cuevas (Penélope Cruz) y dos reconocidos actores, dueños de un talento enorme, pero con un ego aún más grande: el actor de Hollywood Félix Rivero (Antonio Banderas) y el actor radical de teatro Iván Torres (Óscar Martínez). Dos leyendas antagónicas en términos ideológicos, enfrentados por sus visiones del arte que les embarga. Lola, finalmente, basándose en piezas y métodos de confrontación derivados del arte conceptual, incide en la dinámica de la dupla, propiciando el estallido de ambos talentos mientras se explayan en escenas ensambladas para desternillar de la risa al espectador.

Esta película, que se ofrece uno de los estrenos más prometedores de la primavera, es una confabulación para abordar un entorno viciado por el esnobismo. Es decir, en este caso, el arte poética va encaminado a tornar ficción una postura crítica del sector.

Los creadores tienen distintas formas de manifestar cómo forjan sus obras. El “arte poética” es el estudio minucioso que los artistas de diferentes disciplinas elaboran para exponer qué metodología, hábitos o régimen de composición utilizan y qué piensan acerca de las razones, antecedentes, ideas o creencias que les permiten producir una película o un libro. Lo cual es muy útil para quienes apenas se están formando, pues esto les permite acceder a inventivas, fórmulas o esquemas de trabajo que pueden servir como punto de partida.

Sin embargo, los más diestros en blandir la pluma del guion y la cámara en el rodaje con fines de “arte poética”, son aquellos que dotan de reflexión y ficción al mismo tiempo a sus obras. Es decir, aquellos que mientras cavilan sobre la creación, confeccionan una historia, poema, escultura o película que evidencie, exponga y argumente su perspectiva en la práctica artística.

Crear es un acto que suma a nuestra capacidad de imaginar al pensamiento, la memoria y las destrezas técnicas que hemos acuñado con el paso de la Historia. Para simplificar un asunto que es mucho más complejo, digamos que la creación tiene dos partes: teoría y práctica. La teorización es la reflexión sesuda, constante y dedicada que permite establecer patrones, discernir excepciones, concluir reglas, normas y hasta leyes de ciertos fenómenos. La teoría deviene de la observación y análisis de la práctica y, una vez abstraída, incluso modifica la praxis. Es un error creer que la teoría es pensamiento en un limbo: su universo es la realidad o la materia misma por la cual nace. Así que es inherente a la práctica y la segunda se transforma cuando hay algún nuevo hallazgo.

En las siguientes películas encontrarán todos estos elementos. No son todas, pero son las mejor calificadas por la crítica. Además, podrán ponerlos en antecedentes de lo que se ha hecho en este subgénero del celuloide.

8½ (98%)

Sin duda un ejercicio de estilo que delata cómo es la visión de un cineasta durante su proceso creativo. Luego de su más reciente éxito en pantalla, el director Guido Anselmi (Marcello Mastroianni) trata de concentrarse en un nuevo proyecto. Sin embargo, descubre que ha perdido toda inspiración y, para colmo, no halla momentos de paz debido al asedio de varias personas. Es decir, el mundo lo invita a procrastinar. Mientras intenta centrarse, comienza a recordar a las mujeres y los principales sucesos que marcaron su vida. Este filme es el retrato de un artista en crisis ante la sociedad y ante su propia conciencia.

Dolor y Gloria (96%)

Según el propio Pedro Almodóvar, la película “narra una serie de reencuentros, algunos físicos y otros recordados después de décadas, de un director de cine en su ocaso. Los primeros amores, los segundos amores, la madre, la mortalidad, un actor con el que el director trabajó, los sesenta, los ochenta, la actualidad y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. 'Dolor y Gloria' habla de la creación, cinematográfica y teatral, y de la dificultad de separar la creación de la propia vida.”

Ed Wood (92%)

Esta película fue dirigida por Tim Burton en un momento cúspide dentro de su carrera, poco antes de que su estrepitoso afán por contar tonterías lo tomara por asalto. Ed Wood es un joven director de cine, un visionario sin ninguna formación académica, aficionado a vestirse de mujer y con muy pocas oportunidades de hacer películas en un gran estudio. Sin embargo no ceja en su empeño de convertirse en un director famoso. Tras reunir a un curioso grupo de personajes, realiza películas de bajo presupuesto, excéntricas y no muy cuidadas técnicamente —lo que le granjea el mote del “peor director” de la Historia.

El Ladrón de Orquídeas (91%)

Charlie Kaufman y Spike Jonze se revientan esta delicia estilística que perfila el proceso creativo de un guionista. Es una cinta de humor negro (¿qué más si viene de Kaufman?), llena de relámpagos insólitos y que, pese a ello, mantiene la tensión dramática con un intríngulis bastante pesado que persevera gracias a la dirección de Jonze. Nicolas Cage se luce con los dos personas que le trujen. Meryl Streep también da plaza con su actuación.

Barton Fink (91%)

Barton Fink es una película de los Hermanos Coen que funda su esencia en el quebranto de un dramaturgo esnob, llamado a escribir un guion, que se enfrenta a una especia de malebolgia urbana. Es una mezcla de comedia negra y film noir. Barton Fink sigue las vivencias del personaje titular (John Turturro), un hombre neurótico y con altas pretensiones intelectuales (disfrazadas de fidelidad al “hombre común”) quien es contratado por Capitol Pictures para escribir guiones fílmicos luego de su éxito en Broadway. Envuelto en rarísimas situaciones con artistas de la farándula, la película se desbroza con una alta carga al cine de mediados del siglo XX. Satiriza al mundo en que se desenvuelven sus dos directores, como sucede en Competencia oficial (92%). Distintas enfermedades, mismos síntomas.

Their Finest (88%)

Esta delicia, que aborda de un modo cínico al cine como alegoría y método de adoctrinamiento, funda su pequeño imperio en Londres, en el año 1942. Catrin Cole (Gemma Arterton) es un joven londinense que es contratada por el Ministerio de Información para escribir cortos que suban la moral del país luego de que los nazis bombardearon Londres. Cuando el joven cineasta Tom Buckley (Sam Claflin) se da cuenta del talento de Catrin, le pide ayuda para que juntos puedan hacer una película acerca de la guerra.

La Mala Educación (88%)

Este es un ejercicio de cruenta narrativa con un sesgo muy posmoderno. Es una historia contada por tres personas diferentes y, al mismo tiempo, trazada por la crudeza y horror de la realidad. La villanía y el cine como instrumento mediático para delatar catarsis, son parte esencial del proyecto. Dos niños, Ignacio y Enrique, conocen el amor, el cine y el miedo en una escuela religiosa a principios de los años 60. El padre Manolo, director de la escuela y su profesor de literatura, es testigo y parte de sus descubrimientos. Los tres se frecuentan durante las siguientes décadas, su reunión marca la vida y la muerte.

El Proyecto de la Bruja de Blair (86%)

El arte documental es uno de los más complejos dentro del cine y entraña riesgos que no cualquiera está dispuesto a tomar. Recordemos que así comenzó nuestra relación con el celuloide. Aquí, en esta pieza maestra del falso documental, leemos un estudio del horror al enfrentarse el artista a lo sobrenatural empleando a la cámara como el instrumento testimonial. El 21 de octubre de 1994, Heather Donahue, Joshua Leonard y Michael Williams entraron en un bosque de Maryland para rodar un documental sobre una leyenda local, "La bruja de Blair". No se volvió a saber de ellos. Un año después, la cámara con la que rodaron fue encontrada, mostrando los terroríficos eventos que dieron lugar a su desaparición.

La Sombra del Vampiro (81%)

La Sombra del Vampiro, dirigida por E. Elias Merhige, cuenta la historia del rodaje del clásico de terror Nosferatu (97%) de 1922. John Malkovich interpreta a un F.W. Murnau obsesionado con filmar una película con un vampiro real: Max Schreck, interpretado por Willem Dafoe, quien fue nominado al Óscar en la categoría de mejor actor secundario por ese papel. Nuevamente, horror, ficción y una crítica de los límites que está dispuesto a alcanzar un creador cinematográfico, como en La mala educación o Competencia oficial, están dispuestos a llevar a cabo.

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