¿Por qué engordamos?

Mónica De Haro

Responde la asesora de ‘La báscula’, el concurso divulgativo sobre hábitos de vida saludable

La salud está realmente en nuestras manos y llegar a un peso saludable es posible. (Foto: Getty)

El sobrepeso es una señal de que algo no va bien, de que le hemos dado a nuestro cuerpo más energía de la que necesitaba. Sin embargo, cada persona es distinta y unos podemos tener más masa muscular que otros, y es por ello que cuando hablamos de peso saludable no nos referimos a una cantidad fija, sino a un intervalo de kilos.

Nuestro cuerpo está diseñado para moverse en una cierta franja de peso y, si la sobrepasamos, hacemos trabajar más a nuestros órganos vitales: corazón, pulmones, hígado, páncreas… y, además, desgastamos más rápido nuestras articulaciones. Pero tan importante como perder esos kilos es mantenerse; por ello, es fundamental cambiar nuestro estilo de vida para recuperar nuestro peso saludable. Si pensamos que la dieta es algo que empieza y acaba, es muy probable que, al dar por finalizado el proceso, volvamos a engordar.

Lo esencial es aprender a comer de forma equilibrada, saber cuáles son las cantidades adecuadas de comida para nosotros y no olvidar nunca el ejercicio para estar en forma y aumentar el metabolismo basal. Todos podemos perder peso, pero no de cualquier forma o a cualquier precio. Lo importante es adelgazar mejorando nuestra alimentación y adaptando las necesidades a nuestro gasto calórico, independientemente de nuestro peso.

Si nos sobra peso es porque a lo largo del tiempo nuestro cuerpo ha recibido más energía de la que necesitaba, y la ha acumulado en forma de grasa. Si nos sobra peso lo primero que debemos preguntarnos es por qué engordamos.

No todos los alimentos ‘sanos’ tienen el mismo efecto en las personas. Tienes que averiguar qué haces mal. (Foto: Getty)

Esa misma pregunta se la han hecho un buen número de profesionales sanitarios y, tras revisar toda la información existente de una forma científicamente contrastada, la doctora Paloma Gil, asesora en el programa ‘La Báscula’ de Canal Sur Televisión, ha llegado a las siguientes conclusiones:

1. Densidad energética. A más calorías, más peso. Cuanto más calóricos sean los alimentos que comas, más peso ganarás. Aunque parece evidente, todavía hay personas que lo ponen en duda.

2. Ambiente obesogénico. La dificultad para acceder a productos saludables como frutas o verduras frente a alimentos más elaborados y más calóricos favorece el aumento de peso.

3. Comer fuera de casa. Las personas que recurren al fast food, o comida rápida, más de una vez por semana tienen más probabilidad de coger peso.

4. Tamaño de las raciones. La disponibilidad de raciones de comida cada vez mayores predispone a comer más cantidad. El tamaño sí importa.

5. Sedentarismo. La falta de ejercicio físico favorece el aumento de peso y la obesidad.

¿Por qué fallan las dietas?

La mayoría de las personas con exceso de peso ha intentado perderlo en alguna ocasión, pero en la mayoría de los casos o no lo consigue o vuelve a recuperarlo con el tiempo. ¿A qué se debe esto? ¿Por qué, a pesar de existir tantas dietas, la mayoría fracasan?

La temporalidad de la dieta. El primer error es pensar que una dieta empieza y acaba. Está claro que si pierdes peso porque cambias tu forma de comer y cuando consigues adelgazar vuelves a comer igual que antes, volverás a coger peso. Para mantener el peso, el cambio dietético debe permanecer en el tiempo.

La dieta es muy estricta. Insistiendo en el punto anterior, cualquier dieta que te haga perder peso a base de comer muy poca cantidad será difícil de seguir durante mucho tiempo; ni tu salud ni tu apetito te lo permitirán. Perderás peso, pero lo volverás a coger en cuanto vuelvas a comer como antes.

‘La báscula’ es un docushow en el que cuatro grupos de personas con sobrepeso se someten a un proceso de lucha contra los kilos de más. (Foto: Canal Sur)

Dieta monótona o restrictiva. Una de las claves para perder peso de forma definitiva es conseguir cambiar los hábitos dietéticos de por vida. Si pierdes peso a base de eliminar algún grupo de alimentos o con combinaciones de alimentos restrictivas o poco habituales, no adquirirás un hábito dietético equilibrado ni serás capaz de comer de esa manera durante mucho tiempo sin que peligre tu salud.

Nos olvidamos del ejercicio físico. Es posible perder peso sólo reduciendo la comida, pero no es aconsejable. Con la práctica de ejercicio no sólo aumentamos la velocidad de la pérdida sino que podemos revertir nuestra tendencia a engordar, aumentando nuestro metabolismo basal e incluso modificando nuestra genética.

Controlar la motivación. Muchas dietas fracasan porque decidimos cambiar de estilo de vida en el momento menos apropiado. Es importante que estemos realmente convencidos de que queremos perder peso y de por qué queremos perderlo. Sólo una gran motivación puede hacer que seamos capaces de sobrellevar los momentos difíciles. Y, por supuesto, si vemos que no lo conseguimos, deberíamos pedir la ayuda de un profesional.

APRENDIENDO A COMER BIEN

Para perder peso debemos comer menos calorías de las que necesitamos, así como aumentar el gasto calórico con ejercicio físico. Cualquier dieta sana debe tener hidratos de carbono, proteínas, grasa y suficientes minerales y proteínas. Paloma Gil nos propone una guía para seguir una dieta saludable:

1. Consumir a diario fruta y verdura. Al menos 5 raciones al día. La fruta y la verdura, además de minerales y vitaminas, nos aportan fibra. Las personas que consumen más verdura y más fruta tienen menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

2. Tomar cereales integrales. Sustituir el pan, el arroz o los cereales azucarados por sus homólogos integrales, que aportan más fibra y más nutrientes.

3. Mejorar la calidad de las proteínas. Reducir el consumo de carne roja y de carnes procesadas y aumentar el consumo de otras proteínas más saludables como las vegetales, las del pescado o el huevo. En general, una porción de carne o de pescado del tamaño de la palma de nuestra mano es suficiente.

4. Consumir grasas saludables. Debemos eliminar los productos con grasas trans o parcialmente hidrogenadas y usar para cocinar y aliñar grasas más saludables, como la del aceite de oliva virgen. La grasa aporta calorías, por lo que debemos limitar su consumo, pero nunca eliminarla de nuestra dieta, ya que es buena para la salud y necesaria para el cerebro.

 

Come más fruta y verdura sacian, cuidan tu salud y embellecen. 3 en 1. (Foto: Getty)

5. Elegir los lácteos que consumimos. Si no somos intolerantes, podemos consumir leche, yogures y queso, pero evitar todos los derivados que aportan grasa, azúcar y aromas artificiales.

6. Limitar el consumo de sal. Tomar menos de 5 g (una cucharadita pequeña) de sal al día mejora nuestra salud cardiovascular y reduce la mortalidad. Hay que poner atención también a la sal que llevan los productos envasados como salsas, aperitivos salados, etcétera.

7. Limitar el consumo de refrescos. Tanto si llevan azúcares añadidos como si no, cada vez hay más evidencias de que lo mejor para beber es el agua. El resto de las bebidas debemos considerarlas como algo excepcional.

8. Evitar los precocinados. Siempre que podamos debemos cocinar tanto nuestros platos dulces como salados y, si los compramos ya hechos, analizar siempre la etiqueta para elegir el más saludable.

Si aplicas estos consejos a tu día a día verás como pierdes peso de manera gradual y son efecto yoyó. Para saber más:  @DraPalomaGil:; ‘El fin de las dietas’  (Libros Cúpula)

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