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RESEÑA | Megalodón 2: El Gran Abismo | Lo que Megalodón siempre debió ser

RESEÑA | Megalodón 2: El Gran Abismo | Lo que Megalodón siempre debió ser
RESEÑA | Megalodón 2: El Gran Abismo | Lo que Megalodón siempre debió ser

Si estuviésemos varados sobre las aguas de los estrenos de verano, lo que veríamos en la superficie serían, indiscutiblemente, dos navíos colosales teñidos de fucsia y negro pertenecientes a los dos títulos más populares y lucrativos del momento, los cuales, en este punto, no necesitan introducción. Si decidiéramos echar un vistazo bajo el mar, no tardaríamos mucho en encontrarnos con pequeños submarinos dispersos entre sí, representando todas aquellas cintas que, a pesar de no haber tenido el mejor debut en taquilla, se mantuvieron a flote gracias a que encontraron el éxito bajo sus propios términos, ya sea con excelentes comentarios de la crítica o la cálida recepción de su audiencia objetiva, como es el caso de Misión Imposible: Sentencia Mortal – Parte Uno (95%) o Elementos (70%). Es, en lo más profundo, donde yacen los restos de todos aquellos fracasos inesperados que, por diversos motivos, dejaron un mal sabor de boca y no obtuvieron la recaudación esperada como The Flash (60%), Indiana Jones y El Dial del Destino (63%) y la reciente Mansión Embrujada (43%). La bestia única en su especie, que se encargó de despedazar y dejar en los huesos a estos últimos, emerge del abismo como Megalodón 2: El Gran Abismo (45%), una secuela que no muchos pedían, no muchos esperaban y, sin embargo, entrega todo el entretenimiento escapista que se espera de un blockbuster al hacer algo tan sencillo pero que muchas propuestas de la temporada olvidaron: no tomarse demasiado en serio.

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Dirigida por Ben Wheatley (Sightseers (86%), In the Earth (65%)), Megalodón 2: El Gran Abismo nos sumerge en aguas desconocidas con Jason Statham y el ícono de acción global Jing Wu, mientras lideran un audaz equipo de investigación en una inmersión exploratoria en las profundidades más oscuras del océano. Su viaje se convierte en un caos cuando una operación minera malévola amenaza su misión y los obliga a una batalla de alto riesgo por la supervivencia. Enfrentados a colosales Megs e implacables saqueadores ambientales, nuestros héroes deben correr, ser más astutos y nadar más rápido que sus depredadores despiadados en una trepidante carrera contra el tiempo. En el elenco también podemos encontrar a Cliff Curtis, Shuya Sophia Cai, Melissanthi Mahut, Page Kennedy, Sergio Peris-Mencheta, Skyler Samuels, Whoopie Van Raam, Sienna Guillory, entre otros.

En mi opinión, esta es la extraña secuela que logra superar a su antecesora al implementar un cambio de tono necesario para poder continuar con la historia de estos personajes. No es que Megalodón (42%) careciera de momentos emocionantes, pero estos terminaban frustrados en una narrativa que se esforzaba demasiado por aparentar ser seria. En esta ocasión, el suspenso y el terror pasan a segundo plano para darle prioridad a la acción y la comedia, dos elementos indispensables si estás presentando una historia que involucra tiburones gigantes, criaturas prehistóricas y un calamar gigante. Desde el prólogo, Wheatley nos pide que desconectemos el cerebro durante 2 horas y nos permitamos disfrutar de un paseo desenfrenado donde está ausente cualquier sentido o lógica, abrazando con orgullo lo absurdo de su premisa y comprometiéndose con toda su locura narrativa.

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Esto no quiere decir de ninguna manera que Megalodón 2: El Gran Abismo (45%) sea una obra maestra, de hecho sus defectos son evidentes a primera vista: la escritura es torpe y hasta risible en algunos puntos, la trama está llena de agujeros, la historia carece de profundidad, los personajes son poco más que estereotipos, y la trama sigue el camino esperado en todo momento. Y sin embargo, eso no es impedimento para pasarla en grande en el cine, pues dudo que alguien esperara otra cosa que no fueran las impresionantes secuencias de acción que se venían anunciando desde el primer tráiler. Por esto es importante entrar con el mindset correcto a la sala, sabiendo de antemano que Megalodón va a recibir el mismo tratamiento que han tenido las últimas entregas de Rápido y Furioso, donde hazañas sobrehumanas se vuelven posibles gracias al poder del guion y una orgía de explosiones, combates y muertes (todo bajo los límites de la clasificación B) inunda la pantalla con gracia.

En comparación con su antecesora, encuentro curioso que todo se siente en mayor escala menos los efectos especiales de los monstruos marinos que aparecen a lo largo del metraje. Los escenarios lucen costosos y añaden la dosis de credibilidad que la trama misma no puede proporcionar, el soundtrack está plagado de melodías pop que acompañan a la perfección lo camp del relato, la fotografía se siente más ingeniosa y juguetona, e incluso el ritmo se siente más dinámico gracias a que la historia ocupa únicamente un par de minutos para introducir todo y después pisa a fondo el acelerador para llegar al punto, a todas esas cosas que su público objetivo quiere ver. Y sin embargo, los megalodones se siguen viendo como renders de un videojuego, un aspecto que en otro contexto te sacaría por completo de la película, pero aquí funciona al reforzar el tono cómico que comanda todo, especialmente el tercer acto.

Una de las quejas más sonadas con respecto a la cinta de 2018 es que el tiempo que tenía el megalodón a cuadro era muy poco, y las bajas ocasionadas por él no exprimían todo el jugo que podían. Por fortuna, es una situación completamente diferente la que se presenta aquí, ahora se siente en equilibrio el tiempo que se le dedica a desarrollar el drama humano y el que se le da a los momentos protagonizados por los tiburones. Al tener más tiempo en la pantalla, no solamente podemos apreciar mejor su diseño y sus salvajes movimientos, también podemos ser testigos un puñado de muertes que, aunque no pueden mostrarse en todo su esplendor por el tema de la clasificación, sí que se sienten más creativas. Eso sí, tampoco es que el número de víctimas se haya elevado tanto en esta secuela, por lo que al final no se termina sintiendo que los protagonistas se estén enfrentando a una amenaza mayor como anunciaba en los promocionales (independientemente de que se haya elevado el número de tiburones que aparecen). Lo que también resulta un poco decepcionante es el uso que se les da a los lagartos prehistóricos y el calamar gigante, los cuales abrían un mundo de posibilidades que nunca terminan por cumplirse: ambos tienen apariciones breves y se les derrota con facilidad, aspecto que probablemente se debe a limitaciones presupuestales.

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Donde el filme se queda verdaderamente corto es en el apartado de las actuaciones. Nadie esperaba que ninguno de los involucrados fuera a estar nominado para la siguiente temporada de premios, pero aún no esperando nada de ellos no puedes evitar sentirte ligeramente decepcionado por la pereza con la que el elenco pronuncia sus líneas, sobretodo en la primera mitad de la cinta. A excepción de Statham, Sophia Cai y Kennedy, cuyo compromiso se siente palpable en cada escena en la que aparecen, ninguno hace un esfuerzo por imprimir alguna clase de emoción sincera a su personaje, mucho menos de crearle una personalidad que lo distinga. Los antagonistas, de los cuales no hablaré mucho para no hacer spoilers, se sienten planos como una hoja de papel y la interpretación que sus actores ofrecen cae en la caricatura en el mejor de los casos, haciendo parecer que la mayoría solamente estuvo ahí para cobrar el cheque. Por suerte, el carisma de héroe de acción de Statham permanece intacto y logra mantener unido todo, no es que su personaje tenga muchos matices pero el hace lo mejor que puede con el material que se le da. Lo mismo ocurre con Cai y Kennedy, el último siendo un alivio cómico fabuloso que se termina robando la película con su mochila para emergencias y sus referencias a Tiburón (98%) de Steven Spielberg.

La narrativa, aunque basada en muchos de los tropos propios del género y llena de clichés, se salva por saberle dar al público lo que quiere en una medida justa. ¿Por qué funciona mejor esta secuela que la película original? La razón es muy simple: esta es una cinta que sabe exactamente lo que quiere ser y se compromete a serlo con mucho corazón, permitiendo reírse de sí misma e invitando a la audiencia a hacer lo mismo. De continuar la franquicia en un futuro, Megalodón 2 habrá representado ese giro revitalizante que pavimentó el camino para que la serie pudiera continuar, introduciendo cada vez mayores apuestas (o locuras) para mantener el interés de un público que cada vez demuestra tener menos fidelidad con las franquicias.

Finalmente, si te gustó la película original, Megalodón 2: El Gran Abismo (45%) te ofrecerá los mismos placeres en mayor cantidad: más acción, más muertes y más Jason Statham. Para aquellos que no la vieron o no gustaron de ella, esta es la oportunidad perfecta para conectar/reconectar con esta franquicia que regresa con mayor mordisco al priorizar la diversión por encima del sentido.

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