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Así es el nuevo Rey: el más experto siendo el más novato

Carlos III, soberano británico desde el 8 de septiembre de 2022 y que será coronado el próximo 6 de mayo, es un hombre que ha llegado al trono seguro de sí mismo, a pesar del complicado clima familiar tras la publicación de las memorias del príncipe Harry y de tomar el relevo tras un reinado fuera de lo común. Probablemente sea el heredero que más ha practicado en toda la historia, también el que ha sido cuestionado durante más tiempo, ahora es el más experto de todos, aunque también es el más "novato" de Europa; por ser el último en ser coronado. Sin embargo, en el plano personal, el joven dubitativo, poco carismático, con periódicas caídas de popularidad e infeliz en su vida personal es un retrato del pasado. El nuevo rey, que cumplirá los 75 años en otoño, se ha convertido en una figura de referencia en muchos aspectos y en parte es porque, a diferencia de su madre, él si ha mostrado qué piensa sobre determinadas cuestiones y también porque detectó de forma precoz algunos problemas del siglo XXI como el cambio climático, la deforestación o la contaminación de los océanos, temas que parecían una extravagancia cuando él comenzó su trabajo por un futuro sostenible. Para él, el futuro ya está aquí. Ahora, con ventajas y desventajas, afronta la construcción de un reinado propio y el reto de convertirse en el sinónimo de cohesión de los británicos.

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Las encuestas apuntan a que los jóvenes se identifican más con los príncipes Guillermo y Kate, mientras que Isabel II era el referente compartido de muchas generaciones, un símbolo de resistencia y unidad presente en toda la historia reciente del Reino Unido, desde la desintegración del Imperio británico hasta la entrada a medias en Europa y finalmente el Brexit, desde su precipitada llegada al trono con 25 años hasta su final tras 70 en el trono. No es fácil, pero Carlos III, sin olvidar que su naturaleza es la de dar continuidad, tiene a su favor otros ingredientes. Ha apostado por ser más cercano que su madre, también en el plano físico, ya que desde su primer acto como monarca acortó la distancias, aceptando abrazos y estrechando manos. No hay que olvidar que el propio Harry ha descrito en su libro a Isabel II como la mujer intocable a la que no se le permitía abrazar. También es más humano, a veces a la fuerza, ya que nunca ha dominado del todo la imperturbable pose Windsor ajena a cualquier sentimiento y, en ocasiones, se emociona o se muestra irritable. Otro factor clave para la humanización de su figura es que su vida personal y familiar ha sido de dominio público: el soltero de oro, el marido infiel, el amante que no tira la toalla, el protagonista de un amor maduro y, recientemente, el padre que -según Harry- lo intentó, pero no supo como hacerlo.

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Carlos III ha abierto un reinado rodeado de aquellos que le han demostrado lealtad y gozan de un enorme respaldo, según las encuestas nacionales, un cambio que le ha servido a la monarquía británica para soltar lastre: los príncipes Andrés y Harry, los miembros más incómodos del final del reinado de Isabel II. Ahora, queriendo o sin querer, han permitido que el nuevo rey confeccione la monarquía reducida que llevaba tiempo buscando y que es la tendencia natural de la realeza europea. Es una forma de concentrar el foco y también un barniz de austeridad, aunque es cierto que sobre este tema los biógrafos británicos no se ponen de acuerdo. Algunos le han descrito como "tacaño" (el propio Harry en su libro compartió las reticencias de Carlos para sostener a Meghan en el futuro como miembro activo de la Casa Real), otros historiadores  apuntan a que no es tan austero como eran Isabel II y el duque de Edimburgo. Lo que sí es cierto es que una de sus primeras medidas ha sido desviar fondos de su financiación pública para la construcción de seis nuevos parques eólicos en el mar, en definitiva, ha destinado al bien público una partida que antes quedaba dentro de la Familia Real y una forma de demostrar que su vocación ambientalista no queda atrás.

 

Como jefe del Estado británico, Carlos III también es la autoridad máxima de la Iglesia de Inglaterra y la coronación es, sobre todo, un servicio religioso bajo la fe anglicana, sin embargo, siempre se ha mostrado cercano y abierto a otras religiones. Por un lado, porque tiene una enorme inquietud por la literatura (la afición de su madre eran los caballos y la suya los libros) y la historia, lo que le ha llevado a ser un estudioso, entre otras religiones, del Islam. Tampoco hay que olvidar que entre los millones de los ciudadanos que viven en el Reino Unido o en los territorios de la Commonwealth existen diversas religiones. "Creo de todo corazón que los vínculos entre estos dos mundos son más importantes hoy que nunca, porque el grado de incomprensión entre el mundo islámico y el occidental sigue siendo peligrosamente alto", dijo siendo príncipe de Gales en 1993 en un discurso en el Centro de Estudios Islámicos de la Universidad de Oxford. Carlos III sabía entonces que pisaba un campo de minas y no le faltaban críticas, pero siguió adelante con un propósito que en momentos de máxima tensión le ha servido para aportar calma y como mediador. Treinta años después ha dejado clara su intención de hacer una coronación abierta con presencia de otras religiones, un aspecto en el que también se mantiene fiel como rey a su pasado como príncipe.

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En ese sentido y en muchos otros, Isabel II era una mujer indescifrable que no pisaba la línea roja que alerta a los miembros de la realeza que no deben expresar cuestiones políticas ni opiniones que afecten exclusivamente al Gobierno. Pero Carlos III, en su larga andadura como heredero, dejó ver su opinión personal sobre muchas cuestiones, entre ellas la presencia británica en la guerra de Irak, la dominante posición de los supermercados en la cadena de producción alimentaria, la restricción de la Unión Europea a la medicina alternativa, la modificación genética, el calentamiento global, la planificación urbanística o la arquitectura. Especialmente escandaloso fueron las cartas que envió a Tony Blair o alguno de sus ministros expresando sus inquietudes sobre temas de la política británica, las escribió a título personal pero no fueron acertadas para una persona llamada a ocupar una posición ceremonial.

Ocurrió también con su visión sobre los territorios que un día formaron parte del extinto Imperio británico, como príncipe de Gales Carlos III estuvo presente en ceremonias de retrocesión, independencia e, incluso, en escenificaciones del final de la monarquía, la última fue en Barbados en el 2021, cuando el país cortó sus vínculos y se convirtió en una república. Carlos III es consciente de que ese final también era el principio para cuidar unas nuevas relaciones bilaterales que le permitan favorecer los intereses de su país. Sobre este tema, la serie The Crown ficciona una conversación enmarcada durante una comida de los Windsor en 1997. La Reina Madre se refiere a la devolución de Hong Kong (parte del Imperio chino antes de ser colonizado por el británico) como "el gran robo chino" y el entonces el príncipe Carlos, al que le habían encomendado ir a la ceremonia, matiza: "No lo roban, lo recuperan". Nunca sabremos si esa conversación existió, pero el príncipe Carlos, en representación de Isabel II, estuvo en Hong Kong (precisamente junto a Tony Blair) en la transferencia de la soberanía a China. Solo un viaje más de los muchos que dedicó a restablecer relaciones. Un cometido que todo apunta a que ahora quedará en manos del nuevo príncipe de Gales, Guillermo, que en un discurso en Bahamas deslizó la frase: "las relaciones cambian, pero la amistad perdura".

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¿En qué consiste ser rey?

También es interesante recordar, ahora que avecina su coronación en qué se materializa el nuevo papel de Carlos III: como jefe de Estado del Reino Unido tiene poderes simbólicos, ceremoniales y la máxima de mantenerse políticamente neutral. A diario recibe en la mítica caja de cuero rojo, que ahora luce su monograma en dorado, documentación del gobierno: informes, memorándums para próximas reuniones o documentos que necesitan su firma. Todos miércoles -si no ocurre una situación excepcional como puede ser un viaje de Estado o un festivo nacional- se reúne con el Primer Ministro para seguir los asuntos gubernamentales. Entre sus funciones parlamentarias está la designación y disolución del gobierno antes de las elecciones generales, la apertura del año parlamentario para exponer los planes de gobierno en un discurso desde la Cámara de los Lores y prestar consentimiento a las leyes que han sido aprobadas en el Parlamento.

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Al margen de las funciones inherentes a la jefatura del Estado, el soberano británico es la máxima autoridad de una institución que se ha convertido en seña de identidad y en un poderoso activo para la imagen de marca de la nación. Probablemente la británica sea la casa real con más capacidad para influir de forma internacional valiéndose de su historia, su imagen, su cultura, su ideología, sus tradiciones y su ceremonial. Si los Estados Unidos tienen a la industria de Hollywood, el Reino Unido tiene la familia Windsor y el próximo 6 de mayo volverán a demostrar que son únicos atrayendo a una audiencia planetaria.