En Sharp Objects, una excursión por el lado más sensual y siniestro del sur norteamericano, desde The Everly Brothers hasta Johnny Cash

Sharp Objects
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Con una espléndida Amy Adams en el rol de la periodista Camille Preaker, la miniserie Sharp Objects dispone un thriller psicológico en una geografía de ficción cercana a la ciudad sureña de Saint Louis. La relación entre Camille y su madre Adora (Patricia Clarkson) está en el nudo de esta atrapante adaptación de la novela homónima de Gillian Flynn que HBO estrenó en 2018 (la miniserie está disponible en HBO Max). Las aperturas de cada capítulo muestran una púa recorriendo los surcos de un vinilo como si se diera cuenta de la relación intrínseca entre la música pop y las series en la era streaming. Más aún, uno de sus personajes es un melómano que parece musicalizar la serie desde adentro mientras Camille lleva su celular con Led Zeppelin sonando en su auto todo el tiempo. Aquí diez momentos musicales que sobresalen en la miniserie.

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“Down in the Willow Garden” (The Everly Brothers, 1958): casi en tono conmemorativo, de forma involuntaria, esta playlist de Sharp Objects empieza con la magia de las armonía vocales de los Everly Brothers, cuyo único sobreviviente Don murió esta semana, a los 84 años. Esta balada le queda perfecta a las panorámicas sobre el iamginario pueblo sureño de Wind Gap donde se suceden los siniestros episodios de la ficción. Junto con Buddy Holly, fueron los hermanos Everly quienes anticiparon el molde de la canción pop de los 60.

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“Ring of Fire” (Eric Burdon & The Animals, 1968): conocidos como The Animals en la ola original de la British Invasion, el grupo se hizo conocido por su versión flamígera de “House of the Rising Sun” en la voz de Eric Burdon. El cantante tomó el control absoluto del grupo en 1966 y se rebautizaron como Eric Burdon & The Animals alistando al futuro The Police Andy Summers en guitarra y piano. En el álbum Love is grabaron esta canción que es la elegida de Camille para hacer karaoke.

“A Man Without Love” (Engelbert Humperdinck, 1968): Alan Crellin (Henry Czerny) además de ser el padrastro de Camille, tiene un extraño papel como DJ infiltrado en la miniserie. La mayoría de sus cameos lo muestran con auriculares extasiado ante una colección de vinilos que reproduce en un hi fi de última generación. Música clásica, rock pero sobre todo cantantes melódicos del estilo easy listening son recurrentes en sus pasadas. El tenor inglés Humperdinck mantuvo status de crooner durante los años de la contracultura haciendo equilibrio entre el estilo libidinoso de Tom Jones y el más joven y pop Scott Walker.

“Thank You” (Led Zeppelin, 1969): sin dudas, Led Zeppelin es la banda clave de la serie. Desde el primer capítulo escuchamos canciones del primer y segundo álbum del grupo de hard rock en el viejo Volvo de Camille. En la serie se escuchan cuatro canciones de Zepp que aparecen fragmentadas como señaladores o disparadores de la memoria de la protagonista. “Thank You”, una de las canciones más intimistas de Plant y Page, cierra el álbum Led Zeppelin II y en la serie es descubierta por Camille en una clínica donde otra paciente se la comparte. Lo mismo sucede con “In the Evening” (1979) del último disco del grupo, cuya introducción va y viene a lo largo de los capítulos.

“How Can You Mend a Broken Heart” (Bee Gees, 1971): del período pop barroco de los Bee Gees (1968-1972) ésta es una de sus baladas más emotivas. En la serie opera por contraste con la vida cotidiana de Wind Gap que responde a aquello de “pueblo chico, infierno grande”. Formó parte del álbum Trafalgar y fue grabada en 1972 por Al Green (hasta Nina Simone versionó a los Gibb) cuya versión también aparece en la serie. Representa el desembarco del grupo en el mercado estadounidense, ya que fue el primer número uno que tuvieron en Norteamérica cuando la editaron como simple.

“Riders on the Storm” (The Doors, 1971): una de las elecciones más llamativas de Alan que además sigue en el piano los arreglos de Ray Manzarek mientras alrededor la casa y la historia se parten en pedazos. “Riders on the Storm” cerraba el álbum L.A Woman, que resultaría ser el último de los Doors con Jim Morrison (los otros dos apenas si pueden escucharse). Es una de las mejores interpretaciones del dionisíaco cantante que aquí luce contenido y deja que la atención se desplace al piano eléctrico con el que Manzarek edifica una suerte de sueño lúcido entre la psicodelia y el jazz.

“Les Moulins de Mon Coeur” (Michel Legrand, 1976): uno de los más grandes compositores franceses, Legrand se llevó tres veces el Oscar: mejor canción original (The Thomas Crown Affair, 1968), mejor banda sonora (Verano del 42, 1971, y Yentl, 1983). Su inclusión en la serie parece un guiño a la historia de la música de películas y, por supuesto, suena en la casa de Adora y ya después se funde con los títulos en uno de los finales. Está incluida en el álbum Michel Legrand Sings, donde también se lo puede escuchar como un chansonnier en la tradición de Charles Aznavour.

“Dear Mama” (2 Pac, 1995): insinuante, esta pintura autobiográfica de 2 Pac se deja oír en el comienzo del cuarto capítulo y alude a la relación tortuosa entre Camille, Adora y su hermanastra Amma, una adolescente sobreprotegida y desafiante. Fue editada como simple del álbum Me Against The World y es un recuerdo conmovedor de su madre Afeni Shakur. Su cadencia suave sobre la que 2 Pac rapea con un sentido único del ritmo trae la atmósfera G-funk que caracterizó al hip hop de mediados de los 90.

“The Man Comes Around” (Johnny Cash, 2002): una de las últimas canciones escritas por la gran voz del country le da nombre al cuarto volumen de su serie American. Con múltiples referencias al Libro de las Revelaciones de la Biblia, descifra el entramado religioso de la cultura de la Norteamérica profunda en un mix de recitado y canto. Cash es uno de los intérpretes perfectos para el clima ominoso que acompaña cada momento de la serie como si se tratase de un cielo tormentoso a punto de estallar.

“Black Screen” (LCD Soundsystem, 2017): una puesta al día del gótico americano, el subgénero dramático en el que inscriben la serie y la novela que la inspiró, en esta pieza de tecno que cruza el ambient y la canción electrónica en un álbum llamado American Dream. Los sintetizadores disparados como luces largas en esa ruta que une Saint Louis con un pueblo de ficción aparecen hacia el final del segundo capítulo y acompañan el fundido a negro con su estética posindustrial retrofuturista.