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'Titanic' cobra un protagonismo especial en 'Avatar: El sentido del agua'

Jake Sully (Sam Worthington) en 'Avatar: El sentido del agua' de 20th Century Studios'. Photo courtesy of 20th Century Studios. © 2022 20th Century Studios. All Rights Reserved.
Jake Sully (Sam Worthington) en 'Avatar: El sentido del agua' de 20th Century Studios'. Photo courtesy of 20th Century Studios. © 2022 20th Century Studios. All Rights Reserved.

ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers de ‘Avatar: El sentido del agua’

Que Avatar: El sentido del agua haya reafirmado a James Cameron como uno de los reyes del espectáculo de Hollywood no nos pilla por sorpresa. No hay más que ver que a lo largo de su filmografía apenas se ha permitido un desliz y a día de hoy sigue manteniendo dos de sus títulos en el top 3 de las cintas más taquilleras de la historia, como bien es el caso de la primera Avatar y Titanic.

De esta forma, cabe pensar que una de las razones por las que el público acude en masa a los cines a disfrutar de sus películas es la plena confianza en su capacidad cinematográfica, en saber a priori que el espectáculo está garantizado, como siempre demostró en títulos como Aliens, Terminator, Abyss o Mentiras arriesgadas. Y para evitar que los espectadores se olviden de ello, el director se ha permitido el lujo de autorreferenciarse en la primera secuela de Avatar recurriendo al que es el momento culmen de una de sus películas más queridas y oscarizadas.

Hablo del hundimiento del Titanic, el tercer acto de su épica romántica que en 1997 nos llevó a sufrir como pocas veces en una sala de cine. Ya no solo por el triste destino de la relación entre Jack y Rose, sino por la brutal acción con la que nos puso al borde de la butaca y supo llevar el dramatismo del género de catástrofes a un nivel sobresaliente. Desde luego, es uno de los mayores logros de la filmografía de Cameron, y como si tan bien le funcionó aquella vez, el director no ha desaprovechado la ambientación acuática de Avatar: El sentido del agua para recurrir a los mismos ingredientes.

Jake Sully (Sam Worthington) en 'Avatar: El sentido del agua' de 20th Century Studios'. Photo courtesy of 20th Century Studios. © 2022 20th Century Studios. All Rights Reserved.
Jake Sully (Sam Worthington) en 'Avatar: El sentido del agua' de 20th Century Studios'. Photo courtesy of 20th Century Studios. © 2022 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Y es que el último acto de la secuela de Avatar se podría definir como un Titanic en Pandora, con todo lo que ello implica. La acción de la película nos traslada a los océanos de la luna, donde Jake, Naytiri y su familia piden asilo a la tribu de los Metkayina ante el regreso de la amenaza del coronel Miles Quaritch, cuya memoria fue reinsertada en un avatar Na’Vi. Cuando este descubre su ubicación, se une a un grupo de cazadores acuáticos furtivos y su enorme barco de caza para tratar de derrotar a su adversario. Y, como se puede deducir, su destino fue el mismo que el del famoso transatlántico.

Pero Cameron no se limita a poner el hundimiento de un barco como colofón de su película, sino que en todo momento trata de recordarnos a su clásico de 1997, tanto en el transcurso de la trama como a nivel visual y sonoro. Para empezar, cuando los Metkayina, con ayuda de una criatura marina, se unen a Jake en su batalla contra Miles Quaritch, el barco termina a la desesperada tratando de esquivar los obstáculos que se ponen ante ellos, un instante que ya remite al intento forzoso de evitar el iceberg en la película de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet.

Por si no quedara bastante claro hacia donde van las intenciones de James Cameron, en el momento en el que chocan contra unas rocas y el agua entra en la embarcación por su zona baja, empiezan a suceder en pantallas planos idénticos a cuando se desata el caos en la sala de máquinas de Titanic. Incluso vemos a los extras comportarse exactamente igual ante la imposibilidad de frenar el desastre: huyendo, resbalando y sucumbiendo al ahogamiento.

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A partir de aquí, todo el desarrollo dramático del final de Avatar: El sentido del agua empieza a jugar con la tensión del hundimiento del barco, con personajes como Neytiri quedándose atrapada en la zona inferior, con Jake y sus hijos intentando lanzarse al rescate o con Miles Quaritch creando el caos. E incluso se intensifica el dramatismo con la muerte de un personaje importante. Además, para hacerlo aún más obvio, la partitura de Simon Franglen es, a ratos, casi un calco de la de James Horner en Titanic.

Es decir, que James Cameron, en esta época donde aflora tanto el sentimiento nostálgico por películas del pasado, sabe muy bien como tocar la fibra sensible de su espectador fan y remitirle, con mucha emoción y espectáculo de por medio, a una de las cumbres de su carrera. Además, no son secuencias que se aprecien como una mera copia, puesto que están perfectamente integradas en la trama y su objetivo se enfoca hacia otro punto. De ahí que funcione tan bien y que todo el tramo final de Avatar: El sentido del agua se erija como otro de los momentos más disfrutables de la filmografía del director.

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